Interesante borrador de columna, adecuado en tono y enfoque para tus lectores habituales. No obstante, convendría extremar algunas precauciones. En un par de ocasiones pareces aproximarte a cuestiones que determinados lectores podrían asociar con la situación política actual.
Aunque lo haces de forma oblicua, y con un grado correcto de ininteligibilidad, mi recomendación es evitarlo. Si has conseguido llegar hasta este momento de la legislatura sin mencionar ciertos asuntos, no merece la pena dar a entender que existen, al menos mientras sea posible. Si no hay otro remedio, hazlo muy rápido y márchate enseguida, como cuando visitas a un familiar enfermo que te cae mal y tienes el coche en doble fila. Pero quizá ese momento no se produzca nunca.
También conviene revisar algunos pasajes en los que se intuye cierta perplejidad. Es un recurso legítimo, pero en las circunstancias actuales podría interpretarse como una invitación a preguntarse por las causas de esa perplejidad, o incluso como desánimo, una emoción que algunos malpensados pueden asociar a la crítica. De nuevo, si no hay otro remedio podrías reconducir ese desconcierto: ¿cómo es posible que, pese a los problemas tan graves que afrontamos, o pese a nuestros excelentes resultados económicos, otros temas acaparen la conversación? Pero es arriesgado: la alusión te obliga a admitir, aunque sea veladamente, que esas cuestiones existen. Es preferible evitar esa posibilidad.
Por supuesto, no debes renunciar a tu voz moral. Pero esa voz moral resulta más clara cuando hablas de asuntos alejados en el tiempo y en el espacio, sin las interferencias que siempre genera la actualidad. Es cierto que en ocasiones puedes reprochar la inmoralidad de algunas personas, en particular si pertenecen a la oposición, pero aun así conviene ser cauteloso porque enseguida surgen comparaciones desagradables.
Ten presente que hay muchas cosas que tratar. Las columnas sobre el comienzo del verano funcionan bien. Los recuerdos de juventud también: conectan inmediatamente con el lector. La visita del Papa y sus sorprendentes posturas a favor del bien y en contra del mal ofrecen un terreno estimulante. Bad Bunny, por supuesto, sigue dando mucho juego: Bad Bunny bien, Bad Bunny mal, los que creen que Bad Bunny bien mal (o bien), los que creen que Bad Bunny mal bien (o mal), etc. ¡Es un debate apasionante! ¿Y qué decir de los Javis?
También hay otros terrenos que pueden ser fértiles: los tecnoligarcas, la incertidumbre geopolítica, la educación, Tartessos. ¡La vida es bella y variada, no hay que encerrarse! ¿Has pensado en escribir algo de los estoicos? Pocas cosas tan relevantes. ¿Y algo ligero, para desengrasar? ¿Con un taxista o una piscina? Las piscinas siempre funcionan. Lo importante no es lo que quieres decir, sino lo que no quieres nombrar.
Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.