Foto: Iván Pérez/DPA via ZUMA Press

De Evo a Luis Arce

Pocos analistas vaticinaban el regreso inmediato y victorioso del MAS al poder. Aun así, a Luis Arce, nuevo presidente de Bolivia, le esperan desafíos económicos y políticos, y numerosas incógnitas.
AÑADIR A FAVORITOS

El pasado sábado Evo Morales tuvo un regreso triunfal a la casa que mantiene en Cochabamba: los vecinos y la gente de su partido (el MAS) lo esperaron con guirnaldas, flores e incluso un poema declamado por un niño. La casa había sido saqueada un año antes, pocas horas después de que Morales emprendiera el vuelo a México en busca de asilo. La política da sorpresas, pero pocos analistas vaticinaban un regreso tan inmediato y victorioso: Luis Arce, exministro de Economía y Finanzas Públicas del gobierno de Evo, es el nuevo presidente de Bolivia, después de una victoria contundente (55% del voto) en las elecciones del 18 de octubre; por su parte, Evo ha vuelto a asumir la jefatura del partido para encarar las elecciones subnacionales de marzo.  

Como ministro de Economía, Arce gestionó el boom  de los precios de las materias primas con números de sostenido crecimiento aplaudidos por organismos internacionales –más de una década a un promedio anual del 5%–; la nostalgia por esos tiempos de bonanza contribuyó en parte a que el electorado votara por él. Arce hizo un trabajo de hormiga en las comunidades gracias a la eficaz organización de bases del partido y su relación orgánica con los sectores populares; la presencia del dirigente sindical David Choquehuanca como candidato a vicepresidente consolidó el voto del sector rural (de hecho, el importante líder aymara Felipe Quispe, muchas veces opuesto a Evo, apoyó al MAS gracias a que en el binomio estaba un indígena como Choquehuanca). Arce también se benefició de los errores y la ineficiencia del gobierno reaccionario de Jeanine Añez, del descalabro económico provocado por la pandemia y de la falta de unidad de la oposición.

Hoy las cosas son diferentes a cuando Arce era ministro: la delicada situación económica y la pandemia –ambas estrechamente relacionadas– demandan austeridad y medidas de ajuste seguramente impopulares. El pacto de Evo con la élite industrial de Santa Cruz –el departamento más próspero del país– mostró al expresidente como un populista pragmático, un desarrollista de nueva generación a contrapelo de su retórica de choque anticapitalista. ¿Qué hará Arce? Pese a los incendios voraces de los últimos años, ¿seguirá con el modelo de economía extractivista amenazado por la emergencia climática e intentará expandir la “frontera agrícola” en el Amazonas, uno de los sueños de esa élite? ¿Apostará por los transgénicos? ¿Qué ocurrirá con las energías renovables? ¿La economía seguirá dependiendo del gas? David Choquehuanca es el promotor de la doctrina del “vivir bien” y la necesidad de un desarrollo equilibrado y el respeto a la Pachamama, pero esa retórica amable que acompañó al MAS en sus primeros años nunca encontró su adecuación concreta en la realidad.

Quedan otras dudas: ¿se logrará al fin la ansiada institucionalización de la justicia? En el gobierno de Evo el MAS utilizó a fiscales y abogados para perseguir a opositores y para mirar al otro lado en casos de corrupción que atañían al partido (el gobierno de Añez hizo lo propio); pese a las promesas del nuevo ministro de Justicia, las señales del gobierno no son alentadoras. ¿Apostará Arce por la educación y la salud, que quedaron descolocadas por la crisis sanitaria y mostraron un atraso vergonzoso en estos campos? ¿Se abrirá a las demandas feministas un partido sobre cuyo líder, el propio Morales, penden acusaciones de estupro? Es una señal importante que la primera mujer ministra de la Presidencia, María Nela Prada, sea feminista. También resulta positiva la reinstauración del Ministerio de Culturas, desaparecido durante el gobierno de Añez.

Pese a su victoria aplastante el MAS no goza de la hegemonía que tuvo en sus mejores épocas, pero de esto a la oposición le costará sacar sacar provecho debido a las diferencias y rivalidades que le han impedido unirse, incluso cuando Añez estaba en el poder. El difícil desafío de Arce consistirá en estabilizar la economía a la vez que intentar la reconfiguración del proyecto del MAS.

    ×  

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: