Foto: Héllyda Cavalcanti / Mídia NINJA

“Welcome, Mister Fora Temer”

Si antes los brasileños tenían una presidenta impopular que generaba un gran descontento, especialmente entre la clase media, hoy tienen a un presidente interino todavía más impopular.
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En su más reciente visita a China el flamante presidente de Brasil, Michel Temer, se reunió con un grupo de empresarios. Era su primer viaje internacional desde que la ex presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, fue formalmente destituida como presidenta de Brasil. Allí, uno de los empresarios chinos saludó calurosamente al presidente brasileño ante un amplio auditorio con un cómico “welcome, Mister Fora Temer” [Bienvenido, Señor Fuera Temer]. Su saludo se volvió mundialmente famoso. Puro humor involuntario: El empresario debió haber visto tantos carteles, fotografías y camisetas provenientes de Brasil con el “Fora Temer”, que terminó por creer que aquél era el nombre y el apellido del nuevo presidente.

La anécdota es una metáfora perfecta de cómo la mayor parte de los brasileños recibe al nuevo ocupante del Palacio de la Alvorada, la Residencia Oficial de los presidentes brasileños. En las manifestaciones públicas que han tenido lugar en varias ciudades de Brasil desde que Temer tomó posesión, el político es tildado de golpista, usurpador y traidor. Tiene un rechazo superior al 70% y, según la encuestadora más importante del país, Datafolha, tan solo 14% de los brasileños cree que el suyo es un buen gobierno.

El ex vicepresidente de Rousseff no puede hoy aparecer en actos públicos sin ser abucheado por las multitudes, como se vio en la apertura de los juegos olímpicos, en la de los paralímpicos, e incluso en la más reciente conmemoración de la Independencia brasileña, donde evitó el tradicional desfile en un auto descapotable y dejó de pasar revista a las tropas. El rechazo es generalizado y la crisis política brasileña no cesa.

Si antes de la salida de Dilma los brasileños tenían una presidenta impopular que generaba un gran descontento, especialmente entre la clase media, hoy tienen a un presidente interino todavía más impopular. En el mundo de las redes sociales se calcula que si en el peor momento de Rousseff, en marzo de este año, el hashtag ForaDilma fue posteado hasta 53 mil veces por día en Twitter y Facebook, el ForaTemer que ha circulado en los últimos días alcanza ya los 100 mil.

¿Ocurrió un golpe de Estado en el Gigante Sudamericano? Buena parte de la izquierda brasileña y de los países del ALBA así lo creen. Ecuador, Bolivia y Venezuela incluso rompieron relaciones diplomáticas con el Brasil de temer. Sin embargo, es difícil hablar de golpe de Estado porque el término ha estado asociado en América Latina a episodios violentos que involucran al poder militar. Aquí el Poder Legislativo tomó mayoritariamente una decisión –de dudosa legalidad– con la connivencia del Poder Judicial.

Golpe o no, lo que es absolutamente claro es que Brasil enfrenta un profundo retroceso democrático. Durante los próximos dos años los brasileños serán gobernados por un líder gris que jamás habría ganado una elección presidencial, perteneciente a un partido político oportunista y de tan mala reputación (el PMDB), que ni siquiera suele postular candidatos propios a la Presidencia. Y es que su principal razón de ser en los últimos 20 años ha sido formar alianzas para ofrecer su apoyo político a quien resulte ganador dentro de un sistema político altamente disfuncional que promueve permanentemente la cooptación.

Temer impulsará un programa político que no pasó por las urnas y buscará promover una agenda que difícilmente hubieran votado los electores brasileños. Buscará privatizar parte de los recursos petroleros del país, así como servicios públicos, incluidos hospitales, guarderías, prisiones y hasta servicios de saneamiento que internacionalmente no arrojan experiencias exitosas.

La situación económica de Brasil no ha mejorado en los últimos meses. Si el PIB el año pasado cayó casi 3%, las cosas no han sido mucho mejores este año. El Mercado laboral continua empeorando, el ingreso se ha debilitado y el desempleo ya afecta a casi 12 millones de brasileños.

La agenda del gobierno de Temer planea un severo ajuste fiscal, recortes al gasto en salud y educación, así como una reforma al sistema de pensiones. Lo cierto, sin embargo, es que quienes promueven estas reformas no parecen estar muy preocupados por el veredicto de las urnas. Las élites económicas que apoyan encuentran en Michel Temer y su gobierno un aliado perfecto para hacer avanzar un programa inmensamente impopular.

Si lo que Temer busca es pacificar al país en un contexto de creciente polarización –como señaló al tomar posesión– las reformas que promueve probablemente logren lo opuesto porque acentuarán las desigualdades, afectarán a los sectores de menores ingresos y significarán un retroceso en algunos de los avances logrados por Brasil a partir de la década anterior.

Con un programa político para tranquilizar a empresarios, rentistas y representantes del sector financiero, Temer no está solamente a la derecha del PT. La propia composición de su gobierno –sin ningún representante de los intereses de los trabajadores y lejos de buscar la conciliación de clases que promovieron sus predecesores– parece estar incluso a la derecha del depuesto Fernando Collor y del ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Las protestas sociales que piden la salida de Temer y la convocatoria a nuevas elecciones –el llamado que hoy hacen el PT y diversos movimientos sociales– no han alcanzado gran masividad, aunque se han visto en un gran número de ciudades. Se antoja difícil que estos grupos opositores logren su propósito, a pesar de que, según la encuestadora Voxpopuli, el 61% de los brasileños está a favor de que se convoque a nuevas elecciones porque los grandes medios de comunicación y las élites económicas más poderosas sostienen a Temer.

Sólo en octubre de 2018, cuando se celebren nuevas elecciones federales, los brasileños podrán elegir a un presidente. Lula puede postularse y probablemente lo hará si es que el Poder Judicial no logra antes procesarlo por corrupción. El petista sigue siendo una figura popular en ciertas regiones del país, especialmente en el Nordeste, aunque también es uno de los precandidatos que tiene mayor índice de rechazo. Con todo, las encuestas más recientes muestran que, si hoy fueran la elecciones, Da Silva sería el candidato más votado en una primera vuelta. Sin embargo, no alcanzaría más del 30% de los votos. En la segunda vuelta cualquier cosa podría ocurrir.

Mucho dependerá de qué tanto se profundice la crisis económica y de los efectos sociales de la gestión de Temer. Por lo pronto, los brasileños tiene muy pocas esperanzas. Tan solo 13% cree que su gestión será positiva y casi la mitad de los brasileños cree que el combate a la corrupción empeorará, el desempleo aumentará y los programas sociales se debilitarán.

Temer probablemente seguirá gobernando y promoverá sus reformas, a pesar de que, según la encuestadora Voxpopuli, 82% rechaza su propuesta de reforma al sistema provisional, 86% está en contra de su propuesta de aumentar la jornada de trabajo de 44 a 60 horas, como pretende, y 51% está en contra de acabar con el monopolio estatal sobre los nuevos yacimientos petrolíferos, el llamado Presal. Tal es el cuadro de la “democracia” brasileña actual.


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