Carta de Esmógico City

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ASESINEMOS ÁRBOLES

En la sección barrio x barrio de Milenio Diario leí que los ciudadanos tlalpeños pidieron a las autoridades delegacionales que talen los árboles cuyas raíces han levantado las banquetas de la calle Tenorios, entre Calzada del Hueso y Acoxpa, pues en las grietas que las raíces abren en el cemento tropiezan los peatones, sobre todo viejos y niños, y caen y resultan lesionados. (Recuerdo que eso me pasó una vez a mí, pero en Coyoacán, y me herí profundamente contra un afilado borde de cemento, pero no fui a denunciar al árbol para que lo talen.)

Los susodichos tlalpeños “indicaron que, a pesar de que desde hace varios años han reportado el mal estado de las banquetas, funcionarios de la demarcación han argumentado que no pueden retirar los árboles, ya que les exigen una carta firmada por la mayoría de los vecinos que pudieran verse afectados”.

Así están las cosas. En Esmógico City los árboles odiarían a los ciudadanos y les pondrían traicioneras zancadillas para lesionarlos. Pero… ¿y si vemos las cosas desde otro punto de vista? Qué tal si se reconoce que, como en muchas calles de otras delegaciones de la ciudad, los árboles se encuentran cercados por el cemento hasta la base misma del tronco, y, como no tienen alrededor un espacio de tierra desnuda en la cual las raíces puedan recibir el agua de lluvia o de riego (si hay riego), ellas deben resquebrajar la asfixiante capa de cemento y, en lugar de continuarse bajo la superficie de la tierra, como toda raíz de árbol que se respete, buscan salir al espacio libre, de modo que, con toda la inocencia vegetal, y por lo tanto sin culpa suya, zancadillean a los incautos peatones…

Mala noticia la petición de tlalpeños, pues una vez más se comprueba lo que algunos decimos desde hace años: que para muchos ciudadanos los árboles de esta ya muy desarbolada urbe son enemigos fatales. En cuanto algún ciudadano tiene un problemilla con algún digno representante del reino vegetal, lo primero que se le ocurre es talarlo o exigir que lo maten…

Y de este modo vamos cada vez más aniquilando lo que el poeta Baudelaire llamó “el reino del irregular vegetal”. Y un día venturoso tendremos un muy moderno, muy parejo, muy “regular” desierto: el reino del cemento, del automóvil y del esmog.

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