Ilustración: Fabricio Vanden Broeck.

Breve manual de zoología política: Abominable maestra

Para construir este bestiario escogimos a los diez políticos más representativos de nuestro atribulado país. Uno de ellos es un monstruo de dos cabezas, ambas corruptas. De tierra, agua y aire, los animales imaginarios aquí descritos han conquistado con méritos sobrados su derecho a figurar en esta taxonomía del despropósito y la zafiedad. Invitamos a nuestros lectores a ponerles nombre y apellido.
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Abominable maestra

En su Libro de los gremios imaginarios, José Luis Borgues explica que en México los líderes sindicales han de ser feos o, en su defecto, parecer que se mantienen vivos por métodos artificiales. A continuación transcribimos la entrada dedicada a Elba Esther, también conocida como La Maestra.

 

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La Teogonía de Hesíodo le atribuye la facultad del habla, no obstante, numerosos testimonios aseguran que más bien “articula el ruido que haría un gis sobre una pizarra”. Su constitución ha sido debatida por teósofos y visionarios y, a pesar de la encendida controversia entre Eckartshausen y la sección 41, hay consenso en que al menos se trata de “un cuerpo sólido”. A su vez, el historiador Lucino conjetura que su rostro es quizás el resultado de aglomerar los rostros de todos sus sindicalizados.

Una ilustración atribuida a un miniaturista anónimo muestra a Elba Esther con la blusa traslúcida. La gente que observa esa imagen termina por rodar en el suelo y solo recobra el conocimiento una vez que le ha heredado la plaza a un pariente. Es bien sabido que quien sueña a una Elba Esther deja de tener pesadillas reales y termina sus días soñándose a sí mismo teniendo pesadillas.

Jonguitud el Antiguo tuvo el infortunio de coincidir con un ejemplar en cierto claro del bosque. Su descripción no deja lugar a dudas del horror: “Es como haber dejado tu mantícora a medio inflar.” La mitología sostiene que si te encuentras cara a cara con una Elba Esther, la criatura te planteará un enigma filosófico y si lo resuelves los dictaminadores de la SEP rechazan tu libro de texto.

Wasserman, de quien De Quincey decía que “no plagiaba, solo citaba al cuadrado”, aseguró que la abominación que despertaba La Maestra era moral y no física. Una turba lo acusó de herejía con claras miras a llevarlo hasta la hoguera y el célebre apóstata tuvo que rectificar a gritos desde su torre: “¡Lo acepto, lo acepto, la abominación es física! ¡Repito: es física!”

La leyenda indica que una Elba Esther de tamaño regular vive mil años, perece por un minuto y reencarna en la forma de un líder disidente.

Su imagen es habitual en la heráldica eclesiástica y entre delincuentes se considera un deshonor tatuarse su retrato si el único fin es gastar una broma.

San Jerónimo ha asegurado que, para crearla, Dios utilizó el método de sacar palabras aleatorias de un sombrero. ~

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