¿Dónde está Gaddafi?

La pregunta llena los periódicos del mundo tanto como las conjeturas llenan las cabezas de hipótesis delirantes.
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La pregunta llena los periódicos del mundo tanto como las conjeturas llenan las cabezas de hipótesis delirantes. ¿En un agujero, como Saddan Hussein, reptando como una rata? ¿En los laberintos subterráneos de Trípoli que conectan con las casas de sus incondicionales? ¿En un búnker subterráneo en medio del Sahara? ¿En un palacio inaccesible en las montañas de Bolivia? ¿En la vecina Argelia? ¿En las oficinas del concurso Miss Universo de Caracas?

Mi propia teoría (sujeta al principio “Poe” de que nada está mejor escondido que lo evidente) es que Gaddafi simplemente se disfrazó de su señora esposa, doña Safia Farkash de Gaddafi.

Creo que lo prueba esta fotografía oficial que circula The New York Times en la que se ve a la dizque primera dama entre dos de sus hijos.

 

 

Es un disfraz impecable que incluye el disuasivo, pues… ¿quién sería el valiente que se atreviera a examinarla de cerca? Lo único que le falta para ser perfecto a ese disfraz es mudarse, con todo y su contenido –y sus hijitos– a Polanco o a Perisur… 

No deja de conmover que Gaddafi –bastante más voluptuoso que su señora esposa y con un sentido de la elegancia mucho más elaborado– haya tenido que sobajarse de este modo.

Ni modo. Nada más despiadado que el instinto de la supervivencia.