El regreso de “los chicos malos”

Estados Unidos vio con buenos ojos su retorno, ya habían dirigido años atrás los destinos de esta nación amiga. Llegaban al poder unos viejos conocidos de Washington.
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 Los primeros resultados de las encuestas de salida no fueron sorpresivos: los “chicos malos” estaban de regreso. Su partido, la primera fuerza opositora, había triunfado de manera apabullante. Salvo un pequeño sector, la población no estaba alarmada, tampoco lo estaban los mercados bursátiles. Estados Unidos vio con buenos ojos su retorno, ya habían dirigido años atrás los destinos de esta nación amiga. Llegaban al poder unos viejos conocidos de Washington. 

El electorado no los votó porque estuviera convencido de su honestidad. Los eligieron para castigar al partido que años atrás había prometido un cambio. Ese partido de “chicos buenos” había ofrecido eliminar los abusos de sus antecesores, pero no solo no pudieron hacerlo, sino que reprodujeron las mismas prácticas y, en el camino, sus pugnas internas acabaron en fracturas dolorosas.

¿Esta historia les suena familiar? Bien, pero no me estoy refiriendo al triunfo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ni de su candidato Enrique Peña Nieto ni a la debacle de Partido Acción Nacional (PAN) en los comicios del 1 de julio de 2012. Lo que acabo de narrar es el retorno del Partido Liberal Demócrata (PLD), la victoria de su líder Shinzo Abe y la derrota del hasta entonces partido gobernante, el Demócrata Japonés (PDJ), en las elecciones generales del 16 de diciembre de 2012.

¿Qué significó esta alternancia? ¿Cómo debemos comprenderla? Me gustaría intentar dar respuesta a estas preguntas cotejando el caso mexicano con el japonés, porque aunque hay claras diferencias, el paralelismo entre ambos resulta a veces interesante, otras irónico. 

 

Partido Revolucionario Institucional (PRI) vs. Partido Liberal Demócrata (PLD)

Es de sobra conocido, pero vale la pena remarcarlo: antes del triunfo del PAN en los comicios del año 2000, México tenían un sistema de partido hegemónico. El PRI ganaba las elecciones continuamente gracias a un sistema electoral poco competitivo y fraudulento. Al tener el control del poder Ejecutivo y del Legislativo, el PRI podía presionar para cambiar, con bastante holgura, la Constitución, las leyes y definir las políticas públicas que se implementaban. También, por supuesto, movían libremente al personal de la administración pública federal.

Por su parte, en Japón, entre 1955 y 2009 existió un sistema de partido predominante. Aquí, el PLD nunca obtuvo más del 66% de los curules (cifra necesaria para cambiar la Constitución); situación que sí existió en México durante gran parte del dominio del PRI. A pesar de eso, pudo negociar la aprobación de leyes, controlar la toma de decisiones y no perder elecciones importantes a nivel nacional. No olvidemos que a diferencia del sistema presidencial mexicano, en este país insular rige un sistema parlamentario y el jefe del poder Ejecutivo, es decir, el primer ministro, tiene que rendirle cuentas al cuerpo legislativo que lo eligió.

Un punto especialmente contrastante entre ambos países es la estructura de la burocracia nacional y el poder que tiene el jefe del Ejecutivo en la designación de su personal. En Japón, el primer ministro puede designar a quiénes van a ocupar los altos mandos en cada uno de los ministerios y las dependencias más importantes de la administración pública; pero no puede mover a su antojo los puestos secundarios ni los que se encargan de formular las políticas públicas. La burocracia japonesa es autónoma y no importa mucho quién es el primer ministro en turno. No por nada, los medios japoneses enfatizan que en Japón la burocracia es más poderosa que cualquier partido. En México, antes de la alternancia, el presidente de la República controlaba las designaciones de los puestos burocráticos. Esta situación cambió, hasta cierto punto, con la llegada del primer gobierno panista y la implementación del servicio civil de carrera. De cualquier manera el margen de acción de los gobernantes mexicanos para mover y cambiar cuadros burocráticos es mucho amplio que el japonés.

Otro elemento diferenciador es que en Japón las fuerzas políticas contendientes participaron siempre bajo reglas competitivas. Si bien hubo casos de corrupción electoral, la opción del fraude era casi imposible. Además la oposición sí jugó un papel de balance, no como sucedió en México durante el régimen del PRI.

En 2009, 54 años después de haber llegado al poder, el electorado japonés se hartó del Partido Liberal Demócrata. El permanente y suave yugo con el que ejerció el poder, los escándalos de corrupción, la ineptitud de sus dirigentes (en particular los primeros ministros que siguieron a Jun’ichiro Koizumi 2001-2006) y la incapacidad de sus gobiernos para enfrentar la crisis que siguió al estadillo de la burbuja económica de la década de 1990 fueron los detonantes de la histórica alternancia de 2009.

 

Partido de Acción Nacional (PAN) vs. Partido Demócrata Japonés (PDJ)

S bien el hartazgo jugó un papel fundamental en la alternancia política de México y Japón, igualmente importante fue el papel que desempeñaron los actores políticos que la hicieron posible: el PAN y el PDJ.

El PAN se fundó en 1939, como una fuerza crítica al régimen del Partido de la Revolución. Derivado de que algunos de sus fundadores, como Efraín González Luna, eran fervientes católicos a Acción Nacional se le ha catalogado como un partido de derecha y católico. Sin embargo, como lo han señalado Enrique Krauze y Soledad Loaeza , el origen del PAN fue más complejo. A partir de la década de los ochenta, Acción Nacional atendió las voces de empresarios y grupos locales, logrando con ello diversas gubernaturas. Este capital político acumulado, más la nominación de un político carismático y franco (Vicente Fox) determinaron su triunfo en el 2000. Sin embargo, tras una suma de errores políticos, doce años después el PAN le “devolvió” la presidencia al PRI.

Algo similar le pasó al Partido Demócrata Japonés, aunque este partido tanto por su origen como por su estructura, se asemeja más al Partido de la Revolución Democrática (PRD) que al PAN. Pues al igual que el PRD, el PDJ se formó por la fusión de grupos escindidos del partido gobernante y la izquierda.

La primera versión del PDJ se formó en 1996 gracias a la unión de tres grupos: la escisión de 1993 del PLD dirigida por Yukio Hatoyama, nieto de Ichiro Hatoyama (primer ministro de Japón en los cincuenta y el primer presidente del PLD);  una facción de liberales apartidistas dirigidos por Naoto Kan y un grupo que se había separado del PSJ ―la histórica primera oposición de la posguerra― dirigido por Takahiro Yokomichi y quien pudo acercar a los grandes sindicatos que a la larga se convertirían en la base electoral del Demócrata Japonés. Este heterogéneo grupo abrazó ideales de la izquierda japonesa de la posguerra como la defensa de la constitución pacifista, la crítica hacia los burócratas y la alianza con Estados Unidos.

En 1998, con la adhesión de los grupos “neoconservadores[1]” el Partido Demócrata Japonés se convirtió en la primera oposición y aunque la fachada ideológica seguía siendo de centroizquierda, el partido dejó de lado posiciones típicas de la izquierda japonesa[2]. En 2003 se les unió Ichiro Ozawa y con esta nueva adhesión, el Demócrata Japonés se convirtió en una organización ambigua que lo mismo daba techo a socialistas, liberales y “neoconservadores”. A pesar de eso, la llegada de Ozawa significaba ganar una maquinaria de promoción electoral, ya que él era un maestro de las elecciones y como secretario general del partido logró organizar de manera efectiva las campañas que les permitieron ganar las elecciones de la cámara alta en 2007 y, más tarde, con Yukio Hayotama a la cabeza del partido, las elecciones del 30 de agosto de 2009.

La victoria del PDJ fue breve. La prensa había sacado varios casos de corrupción relacionados con personas cercanas al partido y las presiones por no haber cumplido con la promesa de campaña relacionada con el problema del traslado del aeropuerto de Futenma, ubicado en Okinawa, terminaron por lograr que el 2 de junio del 2010 Hatoyama renunciara a su cargo. El PDJ mantuvo el poder con muchas dificultades y ninguno de los primeros ministros que siguieron pudo permanecer en el cargo durante un año.

Después de que Naoto Kan, el sucesor de Hatoyama, anunciara la posibilidad de aumentar el IVA el PDJ se dividió. Los rumores de corrupción entre los cercanos a Kan, presionaban hacia su destitución, pero el terremoto del 11 de marzo de 2011 aplazó su salida hasta septiembre de ese mismo año. Su sucesor, Yoshiko Noda, presentó oficialmente la propuesta para aumentar el IVA, logrando con ello que finalmente Ozawa dejara el partido. Ante esta situación, negoció con el PLD y los convenció de aceptar una dolorosa reforma fiscal a cambio de convocar a elecciones anticipadas. En las elecciones generales de 2012 Noda perdió.  

En ambos casos, el mexicano y el japonés, el hartazgo sacó a los “chicos malos” del poder, pero los “chicos buenos” no cumplieron ni con las promesas ni con las expectativas. ¿Es un problema de los “chicos”, de las promesas desmedidas, de las expectativas o de las viejas estructuras? De todo un poco. El PAN, por ejemplo, pese a tener varios años de experiencia en gobiernos locales y conocer los vicios administrativos del PRI no pudo hacer mucho por cambiar, ni a nivel de percepción, la política mexicana. Por su parte, el PDJ fue víctima de su inexperiencia en la política nacional. El partido era demasiado joven y sus problemas internos terminaron por jugar en su contra. Otro factor de peso fue que en ambos países la alternancia política no eliminó automáticamente las viejas estructuras. Finalmente, no se puede negar el peso de las “eventualidades” que fueron surgiendo al momento de gobernar. En el caso mexicano, la guerra contra el narcotráfico sin duda debilitó al gobierno panista mientras que en el caso japonés el terremoto del 11 de marzo de 2011 y el accidente nuclear en Fukushima fueron un duro golpe para el PDJ.

 

 

 



[1]Desde 1993, además de Hatoyama, se escindieron otros grupos conservadores del PLD. Uno de ellos, el más grande e influyente, era el grupo dirigido por Ichiro Ozawa. En 1995, Ozawa creó el Partido de la Nueva Frontera (PNF). Esta nueva fuerza, pese a que su estructura era muy heterogénea, logró desplazar al PSJ de su histórico lugar como primera oposición. La prensa japonesa decidió nombrar al grupo de Ozawa como “neoconservadores”, para diferenciarlos del grupo de Hatoyama. Ahora bien, dentro del PNF, además de los “neoconservadores” también había diputados miembros de dos mini partidos de oposición (El Partido Demócrata Socialista y el Partido del Gobierno Limpio) que habían sido actores – bisagras durante el régimen predominante del PLD

Desde su fundación el PNF mantuvo una estructura inestable pues muchos estaban inconformes con el poder absoluto que ejercía Ozawa. Finalmente, en 1997, el partido se disolvió. Un grupo pequeño dirigido por Ozawa se unió alrededor del pequeño partido llamado el Partido Liberal mientras que la mayoría, junto con los ex diputados del Partido Demócrata Socialista decidieron acercarse al PDJ.

[2]Por ejemplo, flexibilizó su postura hacia las reformas constitucionales que reconocían a las Fuerzas de Autoseguridad como cuerpos militares y la posibilidad de que Japón pudiera apoyar a sus aliados, principalmente Estados Unidos en caso de un ataque.