El viejo topo: manual de supervivencia para el cambio climático

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Con motivo del treinta aniversario de la aparición de la revista mensual El Viejo Topo, Jordi Mir García ha elaborado una antología facsímil con textos publicados durante la primera época, desde su nacimiento en octubre de 1976 hasta su enterramiento en 1982, reproduciendo las vanguardistas portadas y páginas interiores del diseñador Julio Vivas, por las que obtuvo el prestigioso premio Laus en aquellos tiempos revueltos. Dos artículos, uno del propio Jordi y otro del filósofo y compañero de viaje desde primera hora, Francisco Férnandez Buey, trazan las coordenadas que nos permiten zambullirnos, despreocupadamente, en la sugestiva, variada y sorprendente selección de contenidos de una de las revistas de pensamiento y crítica de la cultura más prestigiosas y de mayor difusión de la transición española. Rafael Argullol, Fernando Savater, Luis Racionero, Alain Krivine, Daniel Cohn Bendit, Noam Chomsky, Hans Magnus Enzensberger, Juan Marsé, Ángel González, Julio Cortázar, Robert Crumb, Montxo Algora, Hugo Pratt, Els Joglars, R.W.Fassbinder y muchos otros se asoman, poderosamente jóvenes, desde sus páginas. En el Epílogo del libro, Miguel Riera (único superviviente de los tres codirectores que iniciaron la aventura) nos explica las razones que determinaron la vuelta a la superficie del pequeño mamífero en 1993, asumiendo el desafío de seguir combatiendo en esta época de depredación voraz, desastre ecológico y progresiva extinción de la pluralidad animal, vegetal y espiritual.

Pero volvamos al pasado, al periodo de la naciente democracia, cuando flotaba en el ambiente una oxigenante ilusión por el futuro y no pocas utopías que pronto se estrellaron con la tóxica y dura realidad. Y eso se respira mejor en las revistas, esos artefactos efímeros que apresan con nitidez el pulso, las texturas, las tensiones, la temperatura de una época, tanto por su inmediatez y su constante recreación del presente, como por el carácter necesariamente colectivo y diverso de las miradas sobre una misma realidad. De alguna manera dan una visión más objetiva, panorámica, fotográfica de un tiempo determinado, frente a la aproximación más subjetiva, focalizada, pictórica, de la novela o el ensayo.

Y al pasar sus páginas se descubre una realidad químicamente distinta de la actual, con una tabla de elementos y valores indescifrable en nuestros días: la virulenta confrontación de modelos políticos (capitalismo y socialismo), el convencimiento de que la utopía personal y la colectiva iban de la mano, y que placer, humor, feminismo, drogas, amor libre, laicismo, derechos de los homosexuales, expresión artística, se correspondían con el afianzamiento de la democracia, la búsqueda de la igualdad, la consecución de la justicia social, y todo ello en un clima de tolerancia, libertad, pacifismo e incipiente ecologismo. Otras publicaciones míticas de la época como Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, Ozono, Star y Ajoblanco, daban su propia visión de este optimismo cósmico, en el que sorprendía tanto la fuerte militancia por ideales muy alejados del código de justicia militar como el rigor y profundidad con la que se abordaban todas las cuestiones. ¡Parecía que la vida les fuese en ello! El eurocomunismo, la antipsiquiatría, el teatro del absurdo, el cómic underground, el rechazo de la energía nuclear, el rock, la liberación sexual, etc., parecían ser, todos, elementos constitutivos e interdependientes de esa otra realidad que perseguía la sociedad viva de aquel entonces. Había, paradójicamente, una creencia ciega en el progreso. Y muchas vitaminas en el espíritu.

De aquel colosal ímpetu, han llegado a nuestros días apenas ciertos avances parciales (sistema democrático, autonomías, igualdad de la mujer, derechos de los homosexuales), enormes dosis de decepción y una certeza inapelable: no hay alternativas globales al sistema, lo que ha sumido a las nuevas generaciones en la desmovilización política, la apatía social y el refugio de cada individuo en un universo privado de consumo compulsivo y hedonismo superficial. Se percibe un cambio climático hacia el enfriamiento moral, hacia la glacialización de las relaciones personales.

Al hojear este libro que muestra una revista incendiaria, uno tiene la sensación de no reconocer hoy casi nada de lo que se soñaba ayer y la extraña iluminación de que progreso y futuro no caminan en la misma dirección. Un fogonazo de lucidez nos advierte de que, con el cambio climático, no sólo los topos regresarán a vivir bajo tierra. Por ahora siguen saliendo todos los meses, para hablar en caliente de Porto Alegre, de la privatización del conocimiento y las patentes, de los transgénicos, de una economía sustentable, de la crisis del agua, del poder de las macro corporaciones, de la peste reaccionaria de los nacionalismos, de los derechos humanos en Cuba, de Babel y Maria Antonieta, de la biografía de Hannah Arendt, de Tom Waits, en suma de lo que nos debería interesar a todos, en mayor medida, que la llegada al mercado de la Play Station 3 o el estreno de la última aventura del Hombre Araña, el super héroe que, para tranquilidad de los espectadores hibernados, les defenderá y mantendrá siempre a salvo del imperio del mal. ~