Eliseo García Nieto, cineasta

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Tercera parte de la serie, “Pasiones fuera de la redacción”.

“Porque por mucha vocación que tengas hay dos principios fundamentales en la vida: comer y pagar la hipoteca”

Eliseo García Nieto se siente un privilegiado. Tras 20 años de experiencia como periodista en la agencia Efe, y casi 15 intentando llevar a cabo proyectos audiovisuales, acaba de terminar el rodaje de su primer largometraje como guionista y productor. ¿Habrá llegado el momento de dejar de lado su “segunda o tercera” vocación para poder dedicarse de lleno a lo que más le satisface? Dirigió cortos como New Order Global Economy, Arenas ó El orden de las cosas, y fue también guionista y productor de Fascículos.

¿Desde cuándo te pica el gusanillo del cine?

Desde siempre, porque desde niño he tenido la suerte de que mis papás me dejaran ver las películas con dos rombos. Aquí en España, los dos rombos aparecían en la pantalla a la hora en que se supone que la programación no era apta para niños. Cuando salían, la mayoría de los papás mandaban a los niños a dormir. Pero mis papás nunca le prestaron mucha atención, y gracias a eso pude ver un montón de películas. Cuando empecé a pensar que podía intentar hacer algo fue en el 95, porque el periodismo me gustaba, pero no me llenaba. En el 96 me apunté a una escuela de cine aquí en Madrid, que nos enseñaba los rudimentos del oficio, y tenías que trabajar como director en tu corto y colaborar en los de prácticamente todos los compañeros, en diversos puestos: microfonista, productor, ayudante de producción, ayudante de dirección… Era una escuela de rodaje dura y con muy pocos medios. Ahí ya definitivamente dije que, si rodando en aquellas condiciones penosas y lamentables, sentí que eso era mi vocación. Y desde entonces lo intento. Muchas veces me siento como un espermatozoide intentando fecundar óvulos: somos muchísimos espermatozoides y el óvulo es uno. La mayoría de la gente acaba tirando la toalla.

¿Y cómo resistes?

Yo, como tengo la suerte de tener unos ingresos más o menos fijos y puedo disponer de algo de tiempo, he procurado ir haciéndolo en mis ratos libres. Porque por mucha vocación que tengas hay dos principios fundamentales en la vida: comer y pagar la hipoteca. Y por delante de eso no hay nada. Cuando estudiaba periodismo, me decían que estaba loco, que era imposible encontrar trabajo y que me iba a morir de hambre. Bueno, con el cine me dicen exactamente lo mismo. Pero el hecho es que hay gente trabajando de periodista, y hay gente que está haciendo películas. Puede ser difícil, pero no es imposible.

¿Ves similitudes entre el periodismo y el cine?

Son actividades paralelas. En el cine, cuando te dicen “una película de Oliver Stone, una película de Quentin Tarantino”, es mentira: ellos son los directores, pero la película es también de la gente que trabaja en ella, basta con ver los créditos, es una tarea colectiva. Por muy bueno que sea el director, si tiene un mal director de fotografía o un mal escenográfo, no va a ninguna parte. Yo siempre que he hecho cine, voy con una idea muy clara de lo que quiero, pero escucho a todo el mundo, y si alguien brinda una idea mejor que la mía pues la adopto con total tranquilidad y con todo entusiasmo: eso lo he aprendido mucho haciendo noticias en la agencia. Es el mundo más anónimo, estás siempre escribiendo, puedes escribir muy bien ó muy mal: da igual, tu nombre siempre son unas siglas al final y eso es una cura de humildad absoluta. Aparte, lo que haces no sale tal cual tú lo has hecho, si no que lo ha visto un editor, o dos, y lo pueden haber cambiado por completo.

Siendo tan importante el trabajo colectivo en el cine, ¿qué opinas del star system que lleva a que se termine hablando principalmente de los actores?

Hay una cosa innegable, hay algo que es ser una estrella. Y eso no te lo da ser mejor o peor actor, ni ser más guapo o más feo: eso nadie sabe lo que es. De pronto el público se enamora de él, y ni por putas. Es como cuando llegas a un bar y hay mujeres muy hermosas, hay mujeres muy listas, hay mujeres con mucho dinero, pero de pronto hay una que te hace feliz y con ella te quedas. Y esto es parecido, las estrellas existen. Intentar negarlo y no darse cuenta es un gran error, es increíble el tirón que tiene. Yo, por ejemplo, siempre cuento, y me da mucha gracia, que mucha gente me confunde con Álex de la Iglesia y me pide fotos. Eso es una cosa que jamás se me ha ocurrido hacer a mí: si yo llego a un sitio y hay alguien famoso, yo sigo con lo mío. Pero la gente tiene esa pulsión, e intentar negarla es absurdo, por lo que si tienes una película donde hay una estrella, o por lo menos una primera figura, ya tienes hecho el sesenta por ciento para que esa película se estrene y con grandes posibilidades de que sea con muchas copias.

¿Cómo ves la situación del cine español?

En una industria tan precaria, donde hacer películas es como hacer botijos, ponerle todas las facilidades a tu peor enemigo, que son las grandes producciones de las majors, es una barbaridad. Que me den dinero para hacer una película está muy bien, pero lo que yo quiero es tener la certeza de que esa película realmente se va a ver, y en igualdad de condiciones para poder competir con otra. Si yo termino esta película ahora y en enero voy a estrenarla con diez copias, ¿qué puedo hacer contra una película como Luna nueva [la segunda parte de la adaptación cinematográfica de la saga Crepúsculo], que se va a estrenar con unas 300, 600 u 800 copias? Yo no pido una política que me proteja, no soy una especie en extinción, no soy un oso panda: lo que pido es que no me aten los brazos para poder luchar en igualdad de condiciones.

¿Cómo financias tus películas?

Básicamente, poniendo nosotros todos los medios y pidiendo todos los favores del mundo. Yo siempre he producido así, excepto en el caso de un cortometraje que produje hace cuatro años, que me dijeron que querían pedir ayudas, y nos las dieron. Y fue lo peor que nos podría haber ocurrido, porque luego hubo que presentar legajos como si fuera el juicio de Nüremberg, una cosa increíble, millones de papeles. Nunca me han gustado las subvenciones, y una cosa que me animó al largo que estamos haciendo ahora fue que quedó muy claro que íbamos con nuestros medios. Tanto el plantel de actores como el equipo técnico son gente que tiene su trabajo, como yo, que de lunes a viernes están dedicados a una cosa, y los fines de semana dedican su tiempo a esto por amor al arte. Es muy conmovedor.

¿Es muy duro hacer estas cosas fuera de horario de trabajo?

Es duro. Yo este año estoy especialmente cansado, ya tengo 43 años, y no tengo la misma energía que tenía a los 20 o a los 30 años. Pero cuando tienes el gusanillo de algo que te gusta, lo haces. Por ejemplo, cuando iba a la cobertura de festivales, eso también era bien duro. Por una cosa o por otra, no te acostabas nunca antes de la una y media o las dos de la mañana. Al día siguiente, tenías que estar en pie a las seis para irte a la primera proyección. Al mediodía, no comías porque tenías que estar escribiendo para mandar las cosas a la agencia. Y así durante quince días. Yo volvía a casa hecho pedazos, pero eso me gustaba, y con esto pasa lo mismo. Cuando uno está haciendo lo que le gusta, la dureza es muy relativa. Si no tienes esa fuerza de estar haciendo lo que te gusta y quieres hacerlo algo mejor, olvídate. Kapuscinski decía que el periodismo no es oficio para cínicos, y yo creo que el cine y las artes en general no son oficios para desenamorados: tienes que estar perdidamente enamorado de lo que estás haciendo, sea cual sea el resultado. La película de Tim Burton sobre Ed Wood, que es una de mis películas favoritas [Nota: también del entrevistador], es bien indicativa de cómo si tienes una pasión puedes llegar a ser feliz, porque este hombre enlazó fracaso tras fracaso con absoluto entusiasmo.

– Feliciano Tisera


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