En un coloquio

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Todo el día ha pasado al son del monótono ruido que hacen los profesores de literatura, ese verdadero proletariado intelectual. Tienen sus virtudes también: al menos los que “enseñan” poesía son, a fuerzas, cosmopolitas. Les guste o no (y parece que no les gusta) viven en los Estados Unidos y dominan una asignatura que ya no puede ser, casi bajo ninguna circunstancia, reducida al nacionalismo y a su canon. El horror es la jerga y eso ya que pasó la época dura: sí, hablan de “fractales” y cosas del estilo, pero sin mucha convicción teorética.

Leo en el Unamuno que traigo (En torno al casticismo). Viene a cuento:

Una de las disociaciones más hondas y fatales es la que aquí existe entre la ciencia y el arte y los que respectivamente los cultivan. Carecen de arte, de amenidad y de gracia los hombres de ciencia, solemnes lateros, graves como un corcho y tomándolo todo en grave, y los literatos viven ayunos de cultura científica seria, cuando no desembuchan y eso es lo peor, montón de conceptos de una ciencia de pega mal digerida.

(13 de abril de 2007)