Gastos extraordinarios (ahorros ordinarios)

La Cámara de Diputados, ademas de sus gastos ordinarios, se autoasignó durante 2015 una partida de gastos extraordinarios. 
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La última vez que hice las cuentas de lo que le cuesta a la Patria Impecable financiar sus actividades legislativas fue en el año 2011. Si en ese año se dividía el presupuesto anual de la Cámara entre los 500 legisladores, resultaba que cada uno le andaba saliendo a la Patria Diamantina en 10 millones y medio de pesos. Gracias.

Eso era cuando el presupuesto de la Cámara ascendía a 5 mil 293 millones. Porque en 2015 ese presupuesto ya fue de 7 mil millones 559 pesos, es decir, 2 mil millones más que en 2011: a 14 millones 670 mil por diputado. Muchas gracias.

Por cierto, la tal 62 legislatura (que ya fue con sus lonjas a las nutridas bodegas del olvido) fue la que el año pasado se aumentó 8% el presupuesto para gastarse no los 6 mil 795 millones de 2014, sino los ya referidos 7 mil 559 millones de 2015. Muchas, muchas gracias.

Hubo pues, entre un año y el siguiente, 545 millones de pesos de diferencia. ¿Para qué? Bueno, pues para pagar el “bono para trabajadores sindicalizados” y para “gastos administrativos” que la adiposa 62 no se molestó en detallar pero que habrá que suponer fueron a dar al clip, a la fotocopia o la silla giratoria capaz de sostener el no menos giratorio tafanario de la administrativa eventual definitiva perenne por contrato Yesenia Canseco. Muchas, muchas gracias por su atención, estimado.

Además de sus gastos ordinarios, seguros médicos, viajes, banquetes y demás cosas ordinarias, esa legislatura 62 se autoasignó durante 2015 una partida de “gastos extraordinarios”. Tales “gastos extraordinarios” incluyeron unas “bolsas de uso discrecional” por mil 800 millones de pesos. (“Discrecional”, si se me permite, según el diccionario de la lengua española, en el sentido de “al antojo o voluntad de alguien, sin tasa ni limitación”.) Muchas, muchas gracias por su atención, estimado compatriota.

¿En qué los emplearon? Bueno, en “Asignaciones para el cumplimiento de la función legislativa”, en “gastos de asistencia legislativa y atención ciudadana”, en su “fondo de retiro”, en “informes de actividades legislativas” y en “apoyo de personal de gestión”. México es un país tan raro que esperar que los legisladores cumplan con “la función legislativa” se considera “extraordinario”.

En otra de sus partidas de “gastos extraordinarios”, la que recibe el cariñoso mote de “Otros Subsidios”, se asignaron mil millones de pesos para financiar la “subvención ordinaria variable”, la “subvención fija” y la “subvención extraordinaria”, que no se sabe si sea fija, variable,  inmóvil o elástica, ordinaria extraordinaria o extraordinaria ordinaria, pero sí que es subvención. Muchas, muchas gracias por su atención, estimado compatriota contribuyente.  

Por cierto que esos “gastos extraordinarios” que se autoasignó la Cámara de Diputados en 2015 pasarán íntegros al presupuesto de 2016 para que la legislatura 63 se los gaste en labores legislativas de última generación. Es decir, que la visión de Estado de la 62 determinó que su heredera 63 habrá también menester de “gastos extraordinarios”, sin menoscabo de que por ser tan nueva aún ignore si sucederá algo tan extraordinario que justifique su extraordinariez. Ya la realidad ­–esa retobona– se encargará de abrir la puerta a lo extraordinario que pueda irse ofreciendo. Muchas, muchas gracias por su atención, estimado compatriota contribuyente cautivo.

La “propuesta de presupuesto” para 2016 de la legislatura no sólo no recorta, sino aumenta 3% al de 2015. Esta propuesta fue enviada en tiempo y forma a la Secretaría de Hacienda (SHCP) para que lo incluya en el Presupuesto de Egresos de 2016. Como este será un presupuesto austero, la SHCP ya calculó recortarle un porcentaje a algunas instituciones ordinarias. Al CINVESTAV le bajarán 168 millones, a la UNAM 350, a el Poli 395 y a El Colegio de México 74. Esos millones que le piensan quitar a las instituciones de investigación, en la lógica de la legislatura,  serán mejor empleados en las “bolsas de uso discrecional” que tanta falta hacen.

Y pues sí: de algún lado tienen que salir los gastos extraordinarios de los legisladores extraordinarios. Me permito apostar que, más temprano que tarde, la legislatura 63 legislará que nada hay más importante que la educación y la investigación etcétera.  

Muchas, muchas gracias por su atención, estimado compatriota contribuyente cautivo puntual y tonto.

Muchas gracias por cubrirnos con sus finezas.

Muchas gracias.

(Publicado previamente en el periódico El Universal)

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