Guía de revistas femeninas olvidadas

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Los hombres siempre han escrito para deleitar a las mujeres —para seducirlas, para conquistarlas, en todos los aviesos sentidos de la palabra. Por eso, a nadie debe de sorprenderle que la primera revista dedicada explícitamente al público lector de ese sexo haya sido fundada por un hombre. Se trata de The Ladies’ Mercury, editada por John Dunton, en 1693, en Londres, y considerada canónicamente la primera revista femenina.

Sin embargo, si de revistas femeninas hablamos, justo y necesario sería radicalizar su definición y limitarla a las publicaciones escritas no sólo para mujeres sino, esencialmente, por mujeres. En ese caso, la primera revista realmente femenina sería Pomona para las Hijas de Alemania, editada por Sophie von La Roche, entre 1783 y 1784. No obstante, debió pasar más de medio siglo hasta que ese nuevo género editorial lograra hallar su continuación en el Periódico Femenino Alemán, fundado en Colonia, en 1848, por Mathilde Franziska Anneke, y cuya lectura recomendaba calurosamente Marx.

Revistas dirigidas y redactadas por mujeres: ésa era, en todo caso, la única alternativa que les quedaba a quienes de ellas anhelaban difundir su voz más allá de las alcobas y los salones de té. Proyectos pioneros, sin duda; casos aislados, deplorablemente.

De cara a esa esporacidad, no puede sino azorar el hecho de que a fines del siglo XIX un grupo de revistas de y para mujeres inundara el panorama editorial mexicano; y, por cierto, de una forma tan masiva que, hasta el momento, sigue sin tener parangón. Y es el mérito de la mexicanista alemana Yasmin Temelli* el haber rescatado esa singularidad histórica femenino-editorial del olvido:

Las Hijas del Anáhuac (1873-1874): Fue la primera de ellas. Fundada y dirigida por Concepción García y Ontiveros, nació como órgano de expresión de las alumnas de la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres. En un tono decididamente feminista (“La mujer material que ayer vivía oscura y silenciosa al pie de la cuna de sus hijos, que no podía educar porque sólo servía de nodriza, ha despertado hoy para la vida de progreso”) se encarga de promulgar un mensaje eminentemente ilustrado (“Venimos al estadio de la prensa a llenar una necesidad: la de instruirnos, y propagar la fe que nos inspiran las ciencias y las artes”).

El Álbum de la Mujer (1883-1901): Su fundadora y directora, Concepción Gimeno de Flaquer, fue una española rendidamente enamorada de la mujer mexicana (“El objeto de mi vida es cantar vuestros méritos y virtudes, es hacer conocer vuestras facultades intelectuales, es referir vuestros múltiples heroísmos, es colocar vuestra figura sobre el más elevado pedestal”). Sus colaboradoras eran, asimismo, en su mayoría españolas, y parecían poseídas de un afán misionero reconciliatorio (“Los nombres de México y España están tan estrechamente unidos en mi pensamiento que al exclamar ¡ventura eterna para España! Me parece haber dicho ¡para México eterna felicidad!”). Costaba 25 centavos, lo cual, en un tiempo en el que un kilo de arroz valía 14 centavos y 1 kilo de carne de cerdo 22, constituía una pequeña fortuna, y nos brinda un perfil exacto de su público lector. Teniendo como temática principal la educación moral y estética de la mujer, llegó a venderse en todo el subcontinente.

Violetas del Anáhuac (1887-1889): La más conocida de todas. Su fundadora y directora, Laureana Wright de Kleinhans, se considera la precursora del periodismo femenino y una de las primeras feministas latinamericanas. Su subtítulo, “Periódico literario redactado por señoras”, apenas deja entrever el amplio espectro de sus temáticas, que iba de la filosofía, pasando por la moral y la pedagogía, hasta la ciencia y la política, sin descuidar la literatura y la moda. Cada número costaba 25 centavos.

El Periódico de las Señoras (1896): Fundada y dirigida por Guadalupe F. Vda. de Gómez Vergara con el subtítulo “Semanario escrito por Señoras y Señoritas. Expresamente para el sexo femenino”. Su tono era apolítico y su propósito manifiesto era “instruir, recrear y servir a la bella mitad del género humano”. Fue la primera publicación femenina que abrió sus páginas a las colaboraciones enviadas por sus lectoras. Costaba 25 centavos.

Vésper (1901-1932): La publicación femenina más política de todas. Su subtítulo, “Justicia y Libertad”, anunciaba claramente su orientación combativa y antiporfirista. Por eso, no ha de extrañar que su editora, Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, participara en la elaboración del Plan de Ayala, fuera encarcelada varias veces y, posteriormente, nombrada cornonela del regimiento “Victoria” por Zapata. El tono de los artículos es sarcástico y provocador, salpicado de un humor excepcionalmente inteligente: “Inesperadamente surgió en la Escuela Nacional Preparatoria un grupo dizque brioso, altruista, entusiasta, generoso, apto, etc. etc. que se propone nada menos que llevar a cabo la Unión Universal de Estudiantes.(…) La primera idea que se nos ocurrió fue la de averiguar quiénes eran esos jóvenes altro-poliglo-cosmopolitas y… la investigación nos dio un resultado medio triste porque ese resultado fue de casi un cero en la suma de inteligencias que hicimos”. Su precio era igualmente programático: 10 centavos.

La Mujer Mexicana (1904-1908): Con el subtítulo “Consagrada a la evolución, al progreso y perfeccionamiento de la mujer mexicana”, esta revista abogaba por los derechos de la mujer y trabajaba estrechamente con la recién fundada Sociedad Protectora de la Mujer Mexicana. Su tono, sin embargo, estaba preñado más de poesía que de lucha: “Todas las mexicanas sois flores perfumadas, traednos vuestra esencia; sois astros brilladores, traednos vuestra luz. Dejad vuestro fulgor y vuestra esencia en estas páginas, inundad con ella de perfume y de luz nuestros hogares.”.

Hay, ciertamente, entre los recién mencionados, algunos nombres que se han salvado del olvido, como el de Laureana Wright o el de Juana Belén Gutiérrez, que son las únicas que figuran entre las dos mil mujeres que recoge el obligatorio Diccionario Histórico y Biográfico de la Revolución Mexicana. Respecto al apuballante resto, mucho me temo —y lamento— que seguirá perdido en el anonimato.

– Salomón Derreza

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* Schreiben statt Schweigen —Weibliche Stimmen im Porfiriat, Martin Meidenbauer Verlagsbuchhandlung, 2009, Múnich. Todas las citas provienen de esa obra.