Historias de la prepa (final)

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Una cuestión interesante frente a las airadas denuncias, convocatorias a manifestarse y exaltados desplegados en la prensa por parte de la “comunidad filosófica mexicana” y sus “adherentes” (entre ellos, algunos experimentados politólogos), cuando concluyeron que la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS) aspiraba, poco más o menos, a asesinar la inteligencia de México, fue que no se hubieran enterado antes del asunto.

Los filósofos reclamaron que no se les tomara en cuenta, pero ¿por qué no tomaron en cuenta ellos un proyecto de reforma que se estaba discutiendo desde julio de 2007 entre la SEP, la UNAM, el IPN y otras instancias? ¿Por qué se esperaron hasta unos meses antes de su implementación para declararse excluidos? Misterio.

Las autoridades de Educación Media Superior de la SEP se entrevistaron –antes que con cualquier otra institución educativa- con la UNAM, en la UNAM, con los directores del sistema de bachillerato de la UNAM y con su secretaria de Desarrollo Institucional, Dra. Rosaura Ruiz, en julio de 2007. No sólo eso: a raíz de esa reunión las aportaciones de la UNAM enriquecieron provechosamente el primer documento de la reforma. En tanto que buena parte de los filósofos que protestaron (y sus adherentes) pertenecen a la UNAM, sorprende que se declarasen sorprendidos por una reforma en la que sus colegas y autoridades habían tomado parte primero que nadie.

Tampoco se enteraron, al parecer, de la primera reunión del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU), en noviembre de 2007, cuyos documentos sobre la reforma circularon entre la comunidad académica. Cosa de lamentarse, pues ya desde entonces se señalaba lo que más tarde llegaría al famoso acuerdo 442:

Otras disciplinas como Filosofía, Ética y Lógica no se incluyen por ser de carácter más bien transversal, pero no por ello se asume que sean de menor importancia. En el marco del Sistema Nacional de Bachillerato podrán incluirse como asignaturas si así se considera pertinente.

(La pertinencia o no de incluir como asignaturas esas disciplinas depende de cada institución, pues contra la percepción que ha sido propiciada por sus detractores, la RIEMS siempre se pensó sobre un esquema de diversidad.)

En todo caso, a seis meses de que se implementara la reforma, los filósofos se indignaron porque no podían encontrar a la filosofía en la RIEMS, aunque sí la encontraban las instancias que llevaban casi dos años diseñando y discutiendo la reforma con todo México.

A principios de mayo, la SEP propuso a la comunidad filosófica (y sus adherentes) llevar a la CONAEDU la propuesta de agregar al campo disciplinar “Ciencias sociales” -“historia, sociología, política, economía y administración”- las disciplinas “filosofía, ética, lógica y estética”. Este procedimiento, propuso el Dr. Miguel Székely, podría ser presentado, discutido y votado en la reunión de la CONAEDU del 22 de mayo, y, en caso de aprobarse, ser publicado en el Diario Oficial. La otra alternativa era crear un nuevo “campo disciplinar” llamado “Humanidades” que se sumaría a los otros 4 (matemáticas, ciencias sociales, ciencias experimentales, educación), largo trámite, pues tendría que pasar por los 32 foros locales, 5 regionales y uno nacional y, en caso de ser autorizado, pasar a la Comisión Federal de Mejora Regulatoria, que autorizaría su publicación en el Diario Oficial.

El 7 de mayo (2009) los filósofos (y adherentes) aceptaron la primera opción aunque de no muy buen grado, pues “se corre el riesgo de que un curso sobre ciudadanía se haga pasar por educación filosófica”. También señalaron riesgos de otro tipo:

Por buenas que hayan sido las intenciones originales, a todos nos conviene borrar la impresión de que la RIEMS busca ignorar o eliminar el campo de las Humanidades. Incluirlo explícitamente en el acuerdo publicado en el Diario Oficial ayudará a eliminar esa percepción tan dañina.

No deja de llamar la atención que, en ese documento, se aceptara tácitamente que el problema había surgido de la “impresión” de que la RIEMS buscaba “eliminar” las humanidades, ni de que esa “percepción” fuese tan errónea como dañina… Los filósofos (y adherentes) se reservaron, en todo caso, “el derecho de continuar su lucha para que se reconozca a las humanidades como un campo independiente en dicha reforma.”

El mismo día, el Dr. Székely agradeció el interés de los filósofos y les comunicó que sus observaciones se pasarían al pleno de la CONAEDU el día 22, reunión a la que invitó a los filósofos.

Otra carta en el expediente, la del 22 de mayo, regresa sobre el asunto de la “percepción” dañina: los filósofos reconocían que sí, que la filosofía estaba en la Reforma, pero no en la “percepción” de la reforma. Esa “percepción”, para los filósofos (quizás fieles a Locke), se debía a la RIEMS, no a su manera de leerla. Por lo mismo, se dirigieron a la SEP para decirle que tenía dos problemas: “uno apremiante y uno substancial”:

El apremiante es la percepción, justificada o no, de que la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS) desconoce o, peor aún, rechaza el papel de las humanidades dentro del bachillerato.

Curioso, puesto que tal “percepción justificada o no” había sido propiciada en marzo por los filósofos (y, sobre todo, por sus adherentes). Ahora el OFM mismo reconocía que

La falsa percepción de que la RIEMS excluye a la filosofía es doblemente dañina porque no solamente no la excluye sino que la precisa. Ese es un problema apremiante y los felicitamos por atajar esa percepción dejando en claro que la falta de mención explícita del Campo Disciplinario de las Humanidades en general y de las Disciplinas Filosóficas en particular no obedecía a un deseo de eliminarlas.

Así pues, la percepción de que la RIEMS “elimina a la filosofía” resultó ser “falsa” y los filósofos felicitaron a la SEP por atajarla.

El problema parecería deberse a que la SEP siempre entendió que (por ejemplo) un “curso sobre ciudadanía” supone nociones de ética, mientras que los filósofos exigían que se empleara el término “ética” en el título y el centro del curso, no en su transversalidad disciplinar. La filosofía, al parecer, sólo sería aprendida en serio en caso de ostentar explícitamente un nombre filosófico. Sin embargo, ante la descripción de las “competencias” de la RIEMS, hubo filósofos como Raymundo Morado (presidente de la Asociación Filosófica de México), que opinaron: “¡Esto es un retrato hablado de la filosofía! Y si alguien no lo nota, es que no hemos hecho suficiente difusión sobre lo que la filosofía puede ofrecer”.

De la carta del día 22 se deduce que los filósofos interpretaron que si bien la RIEMS ya contemplaba que los estudiantes desarrollasen “habilidades típicamente filosóficas”, el hecho de no emplear la palabra “filosofía” le quitaba habilidad, le restaba tipicidad o le mengüaba filosofía. Esto porque, dijeron, la RIEMS padece una “enfermedad”:

Reconocer una enfermedad no es curarla. El que ustedes reconozcan explícitamente a la filosofía no resuelve sus problemas, pero un buen diagnóstico ayuda a encontrar la solución. Si la Reforma está pidiendo que los alumnos desarrollen las habilidades típicamente filosóficas, que incluyen razonar críticamente, reflexionar, tener una escala de valores, tomar decisiones, saber discutir y argumentar, si ese es el objetivo que perseguimos con la educación, entonces no es difícil ver cuál es la solución. La mejor manera de desarrollar habilidades de índole filosófico es ejercitando la capacidad discursiva precisamente con filosofía.

Para deveras enseñar disciplinas filosóficas, se necesitan entonces –sigue la OFM- “verdaderos cursos de filosofía”,

no una simulación en la que se les dan a los subsistemas gatos por liebre (sic) y a los alumnos una falsa instrucción. Se requieren asignaturas en las que desde el título y los temas, pasando por los contenidos y la metodología sean realmente filosóficos. Para resolver el problema a largo plazo y no solamente simular que lo resolvemos, hay que evitar pensar que una clase de Ética o Axiología pueda ser reemplazada por una de Educación Ciudadana o Civismo. No podemos pretender que una Introducción a la Filosofía pueda ser reemplazada por Estructuras Socioeconómicas de México. No debemos creer que una clase de Lógica pueda ser sustituida por un curso de Comprensión de Lectura. Hay que tener muy claro cuáles son los instrumentos necesarios para cada trabajo.

Y además se necesita tener en claro quiénes pueden instrumentar esos conocimientos:

Han contratado carpinteros para hacer sus trabajos de plomería. Es decir, han puesto a dar Lógica a abogados y médicos, han puesto a dar Filosofía a literatos o químicos, han puesto a dar Ética a ingenieros o matemáticos. Es gente que trata de hacer su trabajo lo mejor posible pero que si no ha recibido la preparación necesaria, más que fomentar el desarrollo de esas capacidades, logra vacunar a los alumnos en contra de ellas. Tenemos profesores de lógica cuyos conocimientos llega apenas a la escolástica tardía. O que aprenden a la carrera y por su cuenta en libros de texto escritos por otros profesores en situaciones no mucho mejores.

Es decir, que se trata también de un asunto de profesionalización: que sean filósofos titulados profesionales los únicos autorizados para enseñarla. Una exigencia de carácter gremial que, por otro lado, sería difícil satisfacer, toda vez que, como señala Morado, “en México todavía no hay suficientes licenciados y posgraduados en filosofía para las necesidades reales de la población, y los que tenemos a menudo requieren apoyo en actualización y especialización didáctica”. En efecto, si hay 4 millones de estudiantes de prepa en México…

El mismo día 22 de mayo, en el pleno del CONAEDU, fue aceptada la iniciativa para agregar las disciplinas “filosofía, ética, lógica, estética” a los Estudios Medios Superiores.

Los filósofos declararon un “triunfo histórico de la comunidad filosófica de México”, y conminaron a la SEP a hacer las cosas “en serio”:

Saludamos entonces esta rectificación en el sector de Bachillerato, empero, consideramos que la SEP debería tomar en serio esta dimensión tan necesaria para la cultura mexicana.

Celebro sinceramente el interés mostrado por la comunidad filosófica mexicana (aunque haya sido tardío), así como la perentoria disposición a dialogar mostrada por la subsecretaría de Educación Media y Superior de la SEP. Todo esto fue positivo.

Dicho lo cual, debo lamentar que el acuerdo se haya anunciado como una “victoria” de una de las partes, lo que supone la “derrota” de la otra, una terminología de centuriones que no le sirve a nadie (sólo a quien le sirve, de mucho), y menos en el ámbito educativo. Mientras haya adherentes convencidos de que “el Estado” practica la idea fascinante de que fomentar la idiotez es buen negocio, la idiotez seguirá siendo negocio.

Y desde luego es de celebrarse que los adolescentes de México estudiarán filosofía, ética, lógica y estética; serán mejores ciudadanos; tendrán conciencia del país en que viven; organizarán su pensamiento gracias a sus estudios de lógica; reflexionarán sobre los dilemas éticos del mundo en que viven de manera libre y crítica, y poseerán formación humanística.

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