Migraña

AÑADIR A FAVORITOS

     

Oprimida en la prensa
     de las horas inútiles,
     como una nuez deforme, huraña,
     que descree del castigo,
     de tal modo en tensión
     y torturada,
     sostengo mi cabeza entre las manos,
     mientras el mundo silba, lejos,
     su insultante salud.

Debajo de la lengua
     una nueva pastilla se disuelve
     con el dulzor de la promesa.
     “Los suplicios más simples
     comportan la belleza del mal.”

Las gotas se suceden
     una a una,
     siempre en el mismo punto,
     en descargas de furia
     de un reloj de dolor.
     Todo brillo me hiere
     y todo brilla;
     cada latido es un tambor que irrumpe
     con modos de aprendiz
     en la caja del cráneo.

Traslado mi cabeza
     como un jarrón de Ming
     entre mis torpes manos,
     y afuera el mundo canta
     su terrible esplendor.
     “Tanta salud ofende”
     —insisto. ~

    ×  

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: