Poema

Favorito

Es domingo y verano.

 
En el vestíbulo del Museo Whitney,
sentado, hambriento,
miro las piernas de una rubia en shorts
y, en su vitrina, el circo que hizo Calder.

Vuelvo la cabeza
de uno
a otra.

No sé qué elegir.

Hace dos meses que no veo a mi novia
y años una obra que me gustara más.

La mayoría de las americanas
creen firmemente
que las piernas sirven para andar.
Que son huesos y músculos,
vasos sanguíneos, reebok o nike
(victoria, en griego: Nyké de Samotracia).
También la mayoría de los adultos,
si lo son,
utilizan los corchos para tapar botellas,
alambre para las composturas
y tela para cuanto
tiene que tapar el ser humano.

La rubia y Calder no.

Ella camina hacia al mostrador
con la indolencia radiante
de un antílope
al sol de la sabana.

Calder armó el Circo de Kolynos
(el Menor Espectáculo del Mundo)
para que equilibristas y payasos,
perros y tragasables
hicieran una gira por su imaginación.

Junto a la vitrina,
la bella toma notas
de la belleza del arte.
Lucen irresistibles y contiguas,
tan distintas las dos.

Nada me gustaría más
que presentarle mis piernas a las suyas,
aunque dudo
que mi inglés
resulte convincente.

Además,
no es más que un anuncio
del cuerpo de baile de la especie,
que recluta parejas
para que siga la música,
siga y siga la música
y no acabe.

En cambio, viendo el Circo
no quiero conocer al empresario,
ni comprar el perrito,
ni llevarme a la cama a la vedette
—del tamaño de un hámster—.

Miro cómo lo inútil
se ha vuelto imprescindible.
Lo sé sin entenderlo,
como una herida que escucharan mis manos,
o una frase
que leyera al beber.

Al sentarse,
la rubia pone todo en su sitio:
a mí, perentorio, idéntico a millones,
pero tan asombrado
como la primera vez que vi unas piernas.
Y aprecié que el deseo es cartilaginoso,
y une el cuerpo al amor.
Y maldije mi suerte.

El arte desenrosca estas rutinas
que definitivamente nos definen.

Así, el poema,
que se escribe liberando al deseo de su noria.
Dejando que nos lleve,
ciego todavía,
a lo que no conoce, ni nadie más, ni yo.

Y allí,
como ahora a mí,
nos deja solos. ~

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