Dos poemas

Favorito

Papiro del pájaro
     
      
     Te toca ahora ser el pájaro
     posado allí sobre su cuerpo, que es la tierra,
     la bella tierra amiga entre tus brazos.
     Te toca ser su sombra al lado, eso que existe
     porque no existe y ella lo está soñando…
     Ella, la tierra adonde siempre vuelves,
     ella, que te acompaña.
     Te toca ser garzón, tordo, pelícano
     y no partir, sino adentrarte
     en el nocturno bosque de sus besos,
     donde una cítara retiene entre sus cuerdas
     uno a uno tus cánticos.
     El pájaro que dice en místicos dialectos
     su antífona salvaje.
     Este que es aire y cumbre, alas en vuelo,
     este que eres.
     Te toca al fin unirte con su carne
     hasta borrarte sin deseo, más allá del deseo,
     donde nada es contrario de sí mismo
     y los cuerpos se anudan en una sola noche
     de estrellas puras, demasiado veloces.
     Te toca ya ascender a lo más alto
     y propagar al vuelo los sones de su cítara
     y sus ecos amantes. ~

Papiro pronominal
      
     Se tendieron desnudos, semiabsortos,
     en un hotel de los suburbios.
     Verde era el arco de la luz que el día
     iba filtrando en la ventana. Y verde el viento
     con filo de cuchillo sobre las leves sábanas.
     Ese jadeo ajeno ante lo íngrimo
     de no saber por qué se nace
     ni por qué se desea,
     brotaba allí de un fuelle unánime
     entre ambos cuerpos… Ella era joven
     más que su tenue sombra.
     Y yo a su lado, atónito,
     en el tiempo sin tiempo de mi carne,
     mucho más amoroso que la lumbre
     de este incierto recuerdo.
     Éramos jóvenes
     como cuando uno mismo no lo sabe.
     De allí y de todo ambos partimos,
     partimos y partieron
     ellos, nosotros, cerca, es decir, lejos…
     ¿Cuál era la canción de moda entonces?
     Ya no sé si la oímos, si la oyeron.
     El tiempo va añadiendo tanto olvido
     que deja en anacrónico tumulto
     el mismo fuelle con ansia y menos cuerpo,
     el mismo cuerpo con  noche y menos sangre,
     la misma sangre dando vueltas a la tierra
     y estos pobres pronombres que se alternan
     entre restos de voces no apagadas
     y hasta un golpe de mar donde no hay agua. ~

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