Cuando un mundo vencido
se impone como una vasta tristeza
de gaitas que sollozan
la bruma alrededor se cierne
y baja
para asir nuestra sombra
Cargados velos de humedad se tienden
y una mujer que canta
nos recuerda que un dios o una diosa
no tiene forma humana
que la surgente danza
es dicha en movimiento
Y una lid de metales
señala que el sonido
se multiplica según vayan consintiéndolo
nuestras expectativas de delicia
Así —ya en Delfos—
¿cómo no reírse de su Apolo?
No hay parangón posible
El dios genuino insiste en ocultarse
a la par que en mostrarse
La música sinuosa
o lacia apunta crótalos
y un trazo de serpiente
viva en las frescas sienes
Hoy es el primero
entre todos los días
que se repite sólo cuando danzas. –
Sacudimos el Axis (de un brinco)
Con el tsunami de Indonesia, en diciembre de 2004, la Tierra se agitó brevemente en su eje. Según algunos, la fuerza de la ola fue tal, que no sólo arrasó con pueblos enteros y dejó a su paso…
Viendo el Mundial con los vecinos
Uno aprende a distinguir dos tipos de referencias al mundo en el discurso público estadounidense: el mundo según nosotros y el mundo sin nosotros.
La banalidad del arte
Entre los moralistas franceses, junto a Montaigne y Pascal, está y siempre estará Camus.
Dos fardos: positivismo e historicismo
El último libro de Guillermo Zermeño, Historiografía, temporalidad y saber histórico, editado por la Universidad de Zaragoza, propone una venturosa conjunción de crítica y homenaje. Por medio…
RELACIONADAS
NOTAS AL PIE
AUTORES