Hannover 2000

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En este texto, Enrique Krauze hace un balance de las participaciones mexicanas en las distintas ferias mundiales, empezando por la de París de 1900, al tiempo que presenta el discurso histórico, político y social que sustenta el pabellón mexicano de Hannover 2000, mismo que ha recibido una excelente crítica a nivel mundial.
México tiene una larga historia en las ferias y exposiciones internacionales. Nuestra primera aparición tuvo lugar en Filadelfia, en el marco del centenario de la independencia norteamericana. Pero fue en 1889, en la Exposición Universal de París, cuando el régimen porfirista hizo su verdadero debut con un suntuoso "pabellón azteca".
     Hace justamente cien años, el pabellón mexicano en la Exposición Universal de París puso el acento en nuestro progreso material. En la primera década del siglo XX el énfasis volvió sobre los temas históricos y etnográficos. El siguiente capítulo fue legendario: la delegación mexicana llegó a la Exposición Internacional del Centenario en Río de Janeiro (1922) encabezada por el célebre ministro José Vasconcelos y una deslumbrante comitiva de poetas, escritores y pintores. El pabellón era "colonial" y la colección incluía una réplica de la estatua de Cuauhtémoc en el Paseo de la Reforma, una reproducción a escala de Teotihuacán, muebles de grandes almacenes de la época y muestras de productos mineros y alimenticios. La siguiente gran campanada ocurrió en Sevilla en 1929, la misma sede que enmarcaría, en 1992, la más reciente exhibición mexicana antes de la actual Expo 2000 en Hannover.
     El propósito de esta exhibición, "México: una construcción milenaria", es promover el interés de toda índole por nuestro país. Vuelven a predominar los materiales históricos y se busca poner de relieve nuestros avances económicos y sociales. Pero a diferencia de los anteriores, este pabellón se concibió a partir de un concepto general que no puede desvincularse del lugar que ocupa México en el concierto de las naciones. El objetivo fue comunicar una imagen que, sin mistificaciones, contrapesara ciertos tópicos que ha recogido la prensa internacional sobre México y que no hacen justicia plena a la naturaleza compleja, rica, diversa y dinámica de nuestra realidad.
     México no es —o no es sólo, ni esencialmente— un país desgarrado periódicamente por el caos, la corrupción, las crisis financieras, los escándalos políticos. Surgió como nación, con una identidad y destino propios, hace casi dos siglos. Nuestro país tiene un buen catálogo de características que envidiarían las naciones más desarrolladas. Entre esas ventajas se destacan tres: la convivencia étnica y cultural, la tolerancia religiosa y la cohesión nacional. Estos avances históricos no se lograron por obra de un milagro: fueron un proceso de edificación que llevó siglos. El historiador Luis González y González acuñó el concepto preciso para describirlos. En términos culturales, México es una construcción.
     A partir de estas premisas, se eligió, para nuestro pabellón en Hannover, un enfoque histórico y cultural. El edificio abre sus puertas con una metáfora de esa construcción milenaria: una visión del Zócalo de la Ciudad de México. El Zócalo actual sigue siendo, como en épocas ancestrales, lugar de encuentro del poder secular y el eclesiástico, espacio de la devoción popular y mercado, zona de expresión política y artística.
     "El alma mexicana", primera estación del recorrido, habla del encuentro, primero violento, luego más suave e interpenetrante, de dos culturas diferentes pero con notables similitudes. Ramón López Velarde lo dijo en una sola línea: "Castellana y morisca, rayada de azteca".
     El segundo recinto temático es "El mosaico nacional". Muestra las regiones del país, sus rostros sociales, sus culturas multicolores: los muchos Méxicos y el México único. El tratamiento que se elige es una variación sobre un ensayo memorable de Luis González ("El linaje de la cultura mexicana", Vuelta 72). El historiador demostró que, en la cultura mexicana, el rasgo fundador es la convergencia y la inclusión de sus disímbolos elementos. México es plural, pero su diversidad no se vuelve contra sí misma para disolverse violentamente en una unidad.
     "De la pirámide a la plaza" —la siguiente sala— parte de un concepto de Octavio Paz: "La pirámide —escribió en Posdata— [es] tiempo petrificado, lugar del sacrificio divino… imagen del Estado azteca y de su misión… la pirámide es el mundo y el mundo es México Tenochtitlan: deificación de la nación azteca porsu identificación con la imagen ancestral del cosmos, la pirámide". Este arquetipo marca nuestra cultura política. "¿Dónde está la salud?", preguntaba Paz en 1978, y su respuesta fue profética: "en la plaza pública." La historia política de México ha sido apasionada y azarosa. Grandes periodos de rigidez política, de concentración del poder, seguidos por violentos estallidos revolucionarios,casi volcánicos: las luchas por la independencia y la soberanía nacionales, la Reforma y la Revolución. Desde 1929, México rompió el ciclo típico de anarquía-dictadura, pero a costa de edificar una nueva pirámide. Por fortuna, losciudadanos están desmontando cuidadosamente la pirámide. Con sus vestigios, no sin dificultad, estamos construyendo una plaza pública, la plaza de lademocracia.
     "Pueblo creador" es el cuarto espacio temático del pabellón. A despecho de las carencias y desigualdades lacerantes de nuestra vida económica y social, la laboriosidad, la tenacidad y el ingenio siguen siendo rasgos sustantivos del mexicano. Según las ideas de Gabriel Zaid (en su obra fundamental El progreso improductivo), el avance del México tradicional se ha frustrado por los bloqueos culturales del México moderno. Ha faltado una oferta pertinente de medios de producción para los pobres, sobre todo en el campo. El potencial está allí, desde tiempos de Vasco de Quiroga, abierto a la imaginación y la iniciativa.
     En el remate de la visita, "México: una construcción futura", se hace una proyección de nuestras fortalezas y se defiende la posibilidad, entre nosotros, de un desarrollo a favor de la sociedad y de la naturaleza. Conceptos como cultura, espiritualidad, vida pública, economía y sociedad se extrapolan hacia el porvenir. El mensaje ecológico y económico es claro: México es —todavía— una reserva natural con una biodiversidad única. Y tiene un gran potencial de desarrollo económico.
     Millones de visitantes, europeos sobre todo, nos conocerán por primera vez a través del pabellón en la Expo2000 de Hannover. Importaba dejar en ellos una imagen no extravagante ni folclórica o escandalosa del país, una noción más allá de las ruinas, los mariachis y de los terremotos económicos y políticos que de vez en cuando nos sacuden. Tal vez sea excesivo pensar en México como una reserva cultural de la humanidad, pero en el mundo globalizado de hoy (como ha explicado Richard Morse) nuestros países latinoamericanos ofrecen un tesoro inapreciado: el sentido existencial frente al pasmo y el vacío. –

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