Imán

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     En el cuarto en penumbra, el cerco de la lámpara
     arde sobre la página, en los dedos
     que aferran el cuaderno, recogidos,
     y trazan nuevos signos con serena mudez.
      
     La calle es la moldura de otro silencio. Nadie
     bajo los sauces, bajo la farola
     tibiamente alumbrada, en el frescor
     de esta noche de junio, de esta noche en que velas.
      
     Deslumbra, más que el foco, el blanco de la página.
     El tiempo es apenas tu mano absorta.
     Y más allá del cuarto está la noche
     que imanta cuanto escribes, cuanto vino a escribirte. –