Y en la casa, de pronto,
hay una habitación que falta,
que nadie encontrará porque no existe
aunque ayer mismo estaba ahí
y su puerta se abría sin cautelas,
con el aire de los automatismos.
Entrábamos y salíamos, así de fácil,
y el ritual de los encuentros
era un modo de hacernos más veraces,
como viejos actores. Ahora
buscamos esa habitación en sueños,
en el recuerdo infiel,
pero no está. La niebla
la borró de este mundo
y cuelga en el vacío de sí misma.
Nos descuidamos un instante
y no está,
cayó muy lejos,
al otro lado de esta voz.
Entrábamos y salíamos
sin darnos cuenta del peligro.
De pronto, entre nosotros,
la muerte se movió a placer,
sin señal de advertencia,
sin huella delatora:
casa tomada. ~
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