J.D. Salinger: apuntes de lectura

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1. Me resisto a llamarle Jerome. A referirme a él como si se tratara de un conocido. Por mucho que me haya sentido identificado al leer The catcher in the rye, no puedo consentir una familiaridad que, por lo demás, parece venir sola. Es demasiado fácil convertir a Salinger en ese tío lejano que sobrelleva sus perturbaciones con silencio e historias atractivas y levemente tétricas.

2. Salinger es del tipo de autores que infunde esa envalentonada igualdad, esa empatía engañosa del que cree saber los motivos detrás de la obra por el simple hecho de haberse visto reflejado en un arroyo de frases que convenimos en llamar Holden Caulfield.

3. Esta prohibición, la de no pensarlo como un tío lejano, va a contrapelo de lo que me provoca leer, entre otras frases: “I hate the movies like poison, but I get a bang imitating them”, o “The hotel was lousy with perverts. I was probably the only normal bastard in the whole place and that isn’t saying much”. Porque hay algo en la vida y opiniones de Holden Caulfield que parece negar el estilo. Todo parece estar puesto al servicio de una idiosincrasia.

4. Si Nabokov prevenía ante la empatía fácil con los personajes y se le tildaba de esteticista por ello, en The catcher in the rye el estilo parece negarse cualquier notoriedad que no sea la de vigorizar la identificación.

5. Salinger halló una tonada. Como el flautista de Hamelin, encontró las notas que hipnotizan. Tal vez en eso radica su misterio. En eso y en la pena.

6. El tiempo ha tratado bien a Holden Caulfield. El manierismo adolescente es tan transparente que se mantiene. Phony, ese calificativo moral para desenmascarar todo lo falso en este mundo, quizá es nuestro jodido.

7. ¿En qué radica la lozanía de The catcher in the rye? ¿En la identificación? ¿En lo atrabancado de la prosa? ¿En que estamos tan avergonzados de nuestro paso por la adolescencia como para negar que la novela es el machote de un descontento casi global?

8. Franny and Zooey nunca ha sido tan popular quizá por un mero asunto de personas: la primera persona del singular en The catcher in the rye es fiera y moralizante, es intensa y espantada, y, por ello, termina siendo populachera. En cambio la tercera persona autorreflexiva y precisa, regodeada y amplia, señala petulancia.

9. James Wood habla del estilo indirecto libre. De cómo Flaubert lanzó a la prosa a lugares insospechados con su domino de esa técnica. En Franny and Zooey, Salinger actualiza para un mundo arrasado por dos guerras, para una sociedad que se pretendía modélica y sólo alcanzaba a mostrar su faceta más alienante, este estilo indirecto libre. Aunque la prosa parece desbordarse, en este libro es donde más contenida se encuentra. Los adjetivos que parecen ostentación están más ceñidos, más llenos de carne y de sudor y de sangre.

10. La voz que narra a Franny and Zooey es ya una modalidad, casi un estilo de vida: es el lugar común del descontento culto, del berrinche ilustrado.

11. Muchos han reparado en lo determinante del paisaje vasto para la cultura estadounidense: los grandes espacios que se abren ante la vista y la voz. En Salinger, sin embargo, todo parece suceder en interiores. Incluso el Nueva York de Caulfield está contenido dentro de taxis y habitaciones de hotel. Incluso el suicidio
de Seymour en “A perfect day for bananafish” acontece en una playa claustrofóbica.

12. Las cartas que los personajes leen con intensidades desmedidas son otra instancia de este encierro.

13. Cómo no amar a Sybil, la pequeña niña de “A perfect day for bananafish”. Cómo no amar a Phoebe, la hermana pequeña de Holden Caulfield. Un facilismo vuelto toma de postura: los niños son nobles y puros; los adultos –especialmente los padres– son perversos.

14. Los cigarrillos, sobre todo; cigarrillos todo el tiempo. Son el elemento minúsculo que señala, mejor que ningún otro, el paso del tiempo, el cambio de mentalidad, la irrecuperabilidad del pasado y la pérdida de la inocencia.

15. Si tuviera que decirlo así, diría que Salinger encumbró una poética del duelo.

16. De alguna u otra manera, se cumple en sus novelas lo que un muy disgustado Zooey le grita a su madre: “This whole goddam house stinks of ghosts!

17. Todos tienen un muerto; dialogan con él, lo idealizan y lo convierten en la imposibilidad frente a la que miden sus actos.

18. La escritura de Salinger no es una revuelta formal contra el silencio. No es un virtuoso parco, ni un genio del pensamiento fragmentado. Salinger confía en el lenguaje. Ahí está gran parte del pathos. Su virtuosismo y su confianza chocan de frente contra la experiencia.

19. Si hubiera que sacar conclusiones, lo que queda desganadamente claro es que no hay iluminación, sólo aspavientos.

20. Todos, a fin de cuentas, somos unos incomprendidos. ~

 

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