La cueva de Alí Babá

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En México nos pintamos solos para eso de inventar clubes, sindicatos, asociaciones, sociedades, instituciones y todo tipo de grupos y grupúsculos, con el fin de hacer el bien a la comunidad. Lo malo es que casi siempre el beneficio recae en unos cuantos. Es el caso de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), fundada en 1948 y presidida hoy por "nuestro" líder Roberto Cantoral y "nuestro" sublíder (es el vicepresidente) Armando Manzanero, ambos prominentes funcionarios y cantautores.

Algo que llama poderosamente la atención en esta sociedad es el singular proceso democrático que se lleva a cabo en las asambleas en las que se elige (o reelige) a la planilla (los que quieren ser dirigentes siempre se agrupan en planillas) que "guiará los destinos" de los compositores mexicanos. Es un modelo único en su género: gana la planilla que tenga más votos. Pero esto no quiere decir que gana así nomás. No. Una de las innovaciones democráticas de la SACM hace posible que, en una asamblea con un quorum de, pongamos por caso, quinientas personas, 460 voten en contra de la, llamémosla, planilla verde pardo, y, no obstante, triunfe ésta con los votos de los restantes cuarenta miembros. ¿Cómo es esto posible? ¿En dónde fallaron las cuentas? Aquí interviene el ingenio nacional. Sabemos que las sociedades autorales del resto del mundo otorgan a sus afiliados un número determinado de votos de acuerdo con las percepciones que genera su música a través del derecho de autor. Es decir, si sus obras se tocan con frecuencia, producen más dinero y, por consiguiente, el compositor tendrá más votos en las asambleas, pero nunca por encima de diez (así sucede con la Sociedad Autoral Española —SGAE—, a la cual pertenezco). Pero la SACM es generosa y ciertamente ingeniosa: otorga una mayor cantidad de votos, pero, eso sí, nunca por encima de mil. Así, un autor "de éxito" puede llegar a tener 75, 173, 400, 702 ó 933 votos, dependiendo no sólo de lo exitoso que sea, eso es lo de menos, sino de la magnanimidad de "nuestro" líder. Y sucede, es inevitable, que, debido también al ingenio nacional, los miembros de la planilla verde pardo, una vez en el poder, se dan a sí mismos 999 votos cada uno, es decir muchísimo dinero, y le dan otro tanto a sus cuates. De esta manera, entre ellos y sus cuates (que suman cuarenta) podrán llegar a tener en las asambleas democráticas, algo así como 29,003 votos, lo que, evidentemente, los hace invencibles.

La limpia y bien engrasada maquinaria democrática funciona requetebién, cómo no. Ha permitido, entre otros beneficios, que "nuestro" líder, Roberto Cantoral —el de la planilla verde pardo—, lleve ya cerca de veinticuatro años enriqueciéndose de manera firme y disciplinada, y "sacrificándose", como debe ser, por el bien de los autores nacionales. Además, está a punto de desbancar en cuanto a permanencia a "nuestro" anterior líder, Carlos Gómez Barrera, quien, durante la friolera de veintisiete años, "guió" nuestros destinos.

Otra chulada de innovación, fraguada por "nuestro" líder, ostentaba, hasta hace poco, un nombre que suena a sistema de ventas Avon; la llamaban: "Sistema Piramidal" (hoy la llaman, con todo y fanfarrias militares: "Generales"). Es un sistema mediante el cual ciertas obras se clasifican dentro de un orden rigurosamente jerárquico que les otorga la categoría de superéxitos, pasando por el éxito a secas, hasta llegar al casi éxito. Según el lugar que ocupe en la pirámide, a cada obra se le asigna el nombre de una joya: hay, así, obras diamantes, rubíes, perlas, zafiros, y piedras pómez también. Las afortunadas obras que integran la pirámide les generan a sus autores mucho dinero y, aquí viene lo bueno, percepciones se toquen o no se toquen, innovación también única en la historia de las sociedades autorales, las cuales, como se sabe, le pagan al compositor cuando su música se toca.

Pero la SACM y "nuestro" líder van a la vanguardia en los asuntos autorales. Para ella y para él, las obras de la pirámide merecen esto y más, ya que son "patrimonio de la nación". Así se explica por qué se encuentran en ella unos 38 boleros de "nuestro" líder, 35 de "nuestro" sublíder, veinte o veinticinco de cada uno de los miembros de la planilla verde pardo, más diecisiete de cada uno de sus cuates. Y explica, asimismo, que sólo haya habido dos elecciones en los últimos 51 años de vida de la SACM: la de Cantoral, hace veinticuatro años, y la de Gómez Barrera hace 51. En todas las demás asambleas sólo ha habido reelecciones. Sí, qué duda cabe, la maquinaria democrática de la SACM es impecable e implacable: hace posible que cuarenta compositores "de éxito" derroten, con sus 19,334 votos, a 15,002 compositores "sin éxito", algunos de los cuales no alcanzan a tener ni un méndigo voto.

Con la SACM pasa lo que con los sindicatos: sus agremiados son pobres, pero sus líderes son riquísimos. Ahí está el Sindicato de Maestros, del cual formo parte como profesor del Conservatorio Nacional de Música. Los agremiados tenemos, por fuerza, que dar clases (o hacer lo que sea) en varias escuelas, dados los salarios tan ridículos de los profesores. Pero, eso sí, los dirigentes continúan luchando año tras año por mejorar nuestra precaria situación económica… y por hacerse más ricos. Lo primero nunca lo logran; lo segundo, siempre.

Pero volvamos a la SACM. Resulta bastante claro que la permanencia de "nuestro" líder, y la planilla verde pardo que lo acompaña, es posible gracias a una cadena de complicidades, corruptelas, ineficiencias y, faltaba más, impunidades. Hay una Secretaría de Hacienda que se encarga, eso quiero pensar, de auditar puntualmente a la SACM. Tenemos una Dirección General del Derecho de Autor que depende de la Secretaría de Educación Pública, y que controla los asuntos autorales. Seguro que existe en el Congreso de la Unión una especie de comisión que atiende este tipo de cuestiones. Estas instancias administrativas tienen que ver con la SACM, con su funcionamiento, su contabilidad, su administración, su rendición de cuentas, y con los sueldos que se asignan a sí mismos los miembros de la planilla verde pardo, sus cuates, "nuestro" líder Cantoral y su familia (dos de sus hijos trabajan con él, uno se encarga de cobrar y el otro de pagar: el círculo se cierra y el negocio es redondo). ¿De veras no les parece altamente sospechoso a las autoridades responsables que líderes como éstos se conviertan en hombres riquísimos sólo por "cuidar" los intereses de los compositores? ¿No es rarísimo, por decir lo menos, que ganen tanto dinero por sacrificarse durante años en aras de la "dignificación de la música mexicana?" Pero no hay que hacerse ilusiones, las fortunas de "nuestros" líderes y sublíderes se han formado bajo el manto protector de la ley. Son ellos los que han redactado y aprobado los estatutos y reglamentos internos de la SACM. Así que la ley los protege y, por tanto, no hay delito que perseguir.

Las innovaciones democráticas de la SACM nos han obligado, a no pocos compositores, a afiliarnos a sociedades autorales extranjeras de España, Inglaterra, Francia, Holanda, Estados Unidos y otras más. Y mientras esto sucede, nuestros dirigentes, con todo y familia y cuates (que suman cuarenta), continúan velando por nosotros. Ni modo, a "nuestro" líder Cantoral, el Gobierno del cambio no nos lo cambió. Acaso su permanencia tenga algo que ver con esa "joya" de desplegado que publicó la SACM, en mayo de 2003, en varios diarios nacionales, y que a la letra dice así (se respetan la sintaxis y la puntuación):
     

 

 

Exmo. Sr. Presidente de los Estados Unidos Mexicanos
C. Lic. Vicente Fox Quesada,
Cámara de Senadores y
Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión

Reciban el más profundo agradecimiento de la Sociedad de Música, S. de G.C. de I.P. (SACM), así como también de más de dos millones de autores y compositores internacionales, miembros activos de las sociedades hermanas de gestión colectiva, afiliadas en la Confederación Internacional de Autores y Compositores (CISAC), que orgullosamente representamos en nuestro país, a través de los convenios bilaterales de reciprocidad, porque estamos conscientes del arduo trabajo que desempeñaron para reformar la Ley del Derecho de Autor, que generosamente nos confieren y que tanto necesitamos para preservar la cultura milenaria que nos legaron nuestros antepasados y para apoyar las múltiples expresiones artísticas contemporáneas, inspiradas virtualmente por el sentimiento lírico de la creatividad innata del espíritu, esencia de nuestra raza.
      
Atentamente
Maestro Roberto Cantoral García
Presidente del Consejo Directivo de la SACM

Juro que eso dice. Qué le vamos a hacer: no tenemos remedio.~

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