Micrófonos en ristre

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UNA NOVEDAD DE LA DEMOCRACIA mexicana en los medios es la figura del entrevistador que habla más que el entrevistado. Algunos casi le ponen al entrevistado la respuesta deseada en la boca. Y si no la obtienen, como suele ser el caso, lo interrumpen abruptamente y vuelven a la carga.

A veces da un poco de pena ver al invitado tratar en vano de hilar una respuesta cuando ¡pum! el entrevistador le asesta un excurso todavía más largo. Algunos no se dejan interrumpir y continúan hablando mientras el entrevistador alza la voz como para indicar quién está al mando del micrófono. En estos casos uno no entiende nada.
     En cierta ocasión, un profesor universitario, sintiéndose acosado por sus entrevistadores, les respondió enfadado: “¡Bueno, hablen ustedes!” y se cruzó de brazos. No lo volvieron a invitar. Hace poco un secretario de Estado le dijo a su entrevistadora: “Bueno… ¿me vas a dejar responder? Digo…” A ver cuándo lo invitan de nuevo.
     Es verdad que los entrevistadores deben ser incisivos. Un caso extremo es el entrevistador del programa Hard Talk de la BBC de Londres. El nombre del programa lo dice todo y los invitados saben de antemano a lo que se exponen. Pero al menos el entrevistador está muy informado de los temas que va a tratar. Nuestras primadonas, en cambio, no parecen preparar bien sus entrevistas, hacen largas e innecesarias introducciones y a menudo los asuntos de interés les pasan de noche. Roberto Ahumada estaba interesado en hablar sobre los contactos políticos de su hermano Carlos en los ochenta, pero el entrevistador no lo dejó seguir porque consideró más importante reprenderlo por su historial delictivo.
     La situación general parece producto de una extrapolación de la competencia económica y política al campo de la comunicación. Impera una suerte de privatización de la palabra. Naturalmente, quien tiene el micrófono lleva la ventaja. Uno siente nostalgia por las entrevistas tersas y gentiles con ribetes pícaros de Jacobo Zabludovsky, las cuales podemos escuchar todavía por la radio. –

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