País de agua

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Entrevista con Margaret Atwood

Esta entrevista fue realizada en 2002, cuando Margaret Atwood vino a México con un grupo de escritores de su país para inaugurar la cátedra que lleva su nombre y el de Gabrielle Roy en la Universidad Nacional Autónoma de México, así como para presentar el libro ¿Dónde es aquí?, que publicó el Fondo de Cultura Económica con edición y prólogo de Claudia Lucotti. A raíz del premio Príncipe de Asturias que le ha sido otorgado este año, Atwood contestó algunas preguntas más.

 

No es muy común que la figura literaria más importante de un país sea una mujer. ¿Esto tiene que ver con la igualdad de oportunidades en Canadá?

Esto tiene que ver con los días de la frontera, cuando Canadá se estaba poblando y la escritura no era considerada una cualidad masculina. Los hombres derribaban árboles y construían puentes; así es que los primeros escritos en Canadá fueron de mujeres, en primer lugar de monjas francesas. Cuando llegaron los ingleses a este país, las crónicas de viaje también las escribieron ellas. En un principio la poesía fue escrita por mujeres, y algunos de los escritores más importantes anteriores a mi generación eran mujeres. La literatura canadiense ocupaba un lugar pequeño y en ese pequeño espacio había mujeres.

 

Escribes novela, cuento, poesía, ensayo. ¿En qué género te sientes más cómoda?

Cuando yo empecé a escribir no había escuelas de creación literaria. Hoy la mayoría de estas escuelas te dicen que debes ser novelista o poeta, pero muchos escritores de mi generación son poetas y novelistas, por ejemplo, Michael Ondaatje o Marie-Claire Blais.

Acerca de la escritura de poesía, pienso que viene de una parte distinta del cerebro. Esa parte tiene que ver con las matemáticas y la música; en cambio, la novela viene de la parte del cerebro que atiende las conversaciones, el habla. Con la poesía debes esperar, debes crear mucho espacio vacío a tu alrededor. Uno de los componentes principales de la novela es el trabajo duro: te tienes que levantar temprano, preparar tu computadora, escribir tres páginas completas, no importa si buenas o malas. Tienes un marco mental más orientado hacia el trabajo; hay mucha más fuerza de voluntad involucrada.

 

¿Cuál es tu disciplina de trabajo?

No voy a ningún lado cuando estoy trabajando duro con un libro. Acabo de terminar uno, por cierto; revisé las galeras antes de venir a México. Los escritores somos personalidades obsesivas. Cuando regrese a Canadá, empezaré a escribir otro libro, sin duda.

 

¿Qué ocurre entre los escritores y lectores en tu país? ¿La gente se siente orgullosa de los autores canadienses?

Primero que nada, tenemos largos y oscuros inviernos, así que no puedes estar al aire libre. Puedes leer puertas adentro. Muchos escoceses que emigraron a Canadá tenían una tradición de educación y lectura. En el siglo XIX lucharon para que hubiera un sistema escolarizado. Mi padre, que venía de un pequeño rancho en Nueva Escocia, no era rico pero tenía libros. Es una tradición importante. El interés por los escritores canadienses, por otro lado, es muy reciente. Yo diría que en los últimos treinta años ha habido un asombroso aumento de escritores canadienses. Ahora la gente quiere ver quién está escribiendo qué y tienen a sus autores favoritos. Muchos autores jóvenes están surgiendo.

 

El cuento de la criada es una novela futurista en la que las mujeres son objetos. Recientemente publicaste El asesino ciego, donde los personajes principales son mujeres pero las decisiones vitales son tomadas por otros. ¿Qué pasa con las mujeres en tus libros y en el mundo?

El cuento de la criada no es ciencia ficción: aunque está situada en el futuro, la novela trata también del presente. Cuando la gente advirtió la situación de las mujeres en Afganistán, me decían: “Fuiste tan profética.” Alegué que yo sólo había descrito lo que estaba pasando con las mujeres. Todo lo que hay que hacer es remontarse cien años atrás para ver lo que ocurre en nuestra cultura, legal y socialmente, con las mujeres. La diferencia es que hoy ellas ganan dinero, pero si quitas ese hecho podrías estar muy rápidamente en El cuento de la criada.

 

En El asesino ciego aparecen un joven ciego y una mujer deslenguada. ¿Esto es una analogía de lo que sucede en algunas sociedades?

Estas son imágenes relevantes, en parte, porque son muy antiguas. Las mujeres que enmudecen están en la mitología griega; la ceguera de los hombres es un símbolo casi universal, pero tiene distintos significados. Se dice que los poetas son ciegos porque tienen visión interna, y también se dice que alguien es ciego porque es moralmente incapaz de ver lo que sucede a su alrededor. Hay muchas interpretaciones; por eso es que la literatura es tan divertida.

 

Tu libro de cuentos más reciente, The Tent, no ha sido traducido al español, mientras que tus novelas son traducidas de inmediato. ¿Qué ocurre hoy con el género del cuento?

Los libros que dependen sólo de la trama son fáciles de traducir; por el contrario, la literatura que depende del cuidado, los matices y el uso preciso del idioma será siempre un reto para el traductor. La otra razón tiene que ver con el dinero: hay más lectores de tramas que de lenguaje. Un buen thriller venderá mejor que un buen trabajo “literario”, aunque un libro puede ser ambas cosas.

 

Publicaste Negotiating with the Dead: A Writer on Writing.

Este libro está armado con seis conferencias –las Empson Lectures– que impartí en la Universidad de Cambridge en 2002. Parte de ellas fueron escritas en Madrid. No tratan sobre mi escritura o la escritura de los otros, sino sobre cómo la literatura es diferente de las otras artes. Por qué es diferente. También se ocupa de qué clase de personas escriben, qué creen que están haciendo y cuál es la imagen social que tienen, particularmente las mujeres escritoras, a quienes se les ha considerado bastante extrañas.

 

¿A ti también se te ha percibido así?

Desde luego. Como mujer, te tenías que comportar de cierta manera y, ya que yo crecí en el bosque, no socialicé adecuadamente. Cuando me mudé a la ciudad, la gente me decía cómo debía comportarme y me sentía extraña.

 

¿Qué está pasando en la literatura canadiense en este momento?

Canadá es un país muy extenso, y su variedad se refleja bien en la portada de esta antología (¿Dónde es aquí?): es un país hecho de parches. Podríamos decir que hay una explosión de muchos escritores provenientes de las diversas comunidades. Canadá es frío y oscuro en invierno, y no es Estados Unidos. Canadá es un país de agua; Estados Unidos, un país de fuego. Eso nos dicen los astrólogos.

 

¿Qué significa para ti haber sido distinguida con el Príncipe de Asturias?

En primer lugar es un gran honor y, en segundo, una gran sorpresa. Fui notificada de que era considerada, pero descarté la posibilidad de ganar realmente tan importante premio. Me sorprendió más recibirlo cuando supe quiénes más estaban considerados también: ¡es una lista de excelentes autores!

 

¿A cuáles autores de la tradición literaria en español conoces?

Estamos limitados como lectores a lo que ha sido traducido. Mi otro problema es que los autores en habla hispana que he leído están vivos: García Márquez, Fuentes, Vargas Llosa, muchas de las autoras publicadas en la antología de Alberto Manguel Other Fires. Además, Carpentier, que está muerto, y Cervantes, y García Lorca, y Neruda, y Cortázar, y desde luego Sor Juana Inés de la Cruz.

 

¿Piensas que es bueno que se haya otorgado el premio Príncipe de Asturias a una mujer?

Como puedes ver por los autores que cité, a menos de que sean monjas, hay una escasez de mujeres escritoras en lengua española de otros tiempos, para lo cual hay excelentes razones históricas y sociales. Pero muchas mujeres vivas están escribiendo vigorosamente. Siempre he sentido que, en la escritura, la palabra escritor (writer) debe preceder a la designación masculino o femenino, pero no se puede negar que el género del autor influye sobre los lectores. Sólo puedo esperar que un premio español que se otorga a una mujer inspire en los lectores confianza en el innegable hecho de que las mujeres escriben. Que un premio sea dado simplemente porque alguien es mujer… uno sinceramente desea que no sea así. ~

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