Qué agua tan agua

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Entre las pocas cosas que el ser humano necesita para sobrevivir (aunque el mundo de los medios se empeñe en convencernos, muchas veces con éxito, de que son muchas) el agua parecía un bien inagotable y noble, siempre ahí, adjetivándose a sí misma. Pero el agua no es sólo agua, también es desbordamiento y escasez: mientras las señoritas de Chalco se reblandecen bajo la lluvia consuetudinaria, las de Hermosillo encarnan los poemas de Othón. "Se está acabando", es la advertencia metropolitana que se escucha una y otra vez, pero cuando se deja caer lo hace con muy poca idea del ritmo y la distribución, como en prosa farragosa y cacofónica. Tal vez tengamos que aprender a llevarla de donde sobra a donde falta. Por lo pronto, no podemos seguir derrochándola ni pasearnos por las calles haciendo gárgaras frente a la exigüidad. Aunque la gula de agua es tentación constante, debe bastarnos la justa medida que satisface nuestra sed. O, para decirlo con Francis Ponge: "un párrafo de agua simple bastará". –

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