Estimado Sr. director;
Celebro que, como es costumbre en la publicación que usted dirige, su edición del mes de marzo (Naturaleza Artificial) ofrezca a los lectores un cambio de perspectiva crítica para debatir un tema de actualidad rebasando los lugares comunes con tintes amarillos que suele difundir la prensa diaria.
Me refiero, en este caso, al tema de la manipulación genética y a la posibilidad de que un ser humano sea clonado en el futuro. Como bien sugierenJorge Wagensberg (“Ética científica”) y Gregory Stock (en su encendido debate con Francis Fukuyama), es inútil a estas alturas agotarse en discutir los pormenores de una legislación, siempre sujeta a ser ignorada, siendo mucho más urgente profundizar en el tema de la responsabilidad individual y la conciencia de los alcances tecnológicos que inevitablemente se gestarán en décadas por venir.
Nos queda claro que, en el hombre contemporáneo, el desarrollo de las ciencias pragmáticas es muy superior al desarrollo de un aparato crítico sobre ese desarrollo. En cuestiones de tecnología, la piedra seguirá rodando y no es viable ni realista especular sobre cómo detenerla. Sí es posible, en cambio, fomentar el desarrollo de un espíritu autorreflexivo en el que converjan la conciencia de que algo es prácticamente posible, y la moderación que imponga a esa conciencia un límite de acción demarcado desde el interior.
No dudo que publicaciones como la suya son pasos clave en la construcción de este hombre ideal, tecnológicamente dotado pero nunca como único fin. ~
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