Remedios Varo: su herencia bajo presión

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Algunos dicen que nació en Paraná, Argentina, otros que es más española que la tortilla de patatas y las sevillanas, porque vino al mundo en Gerona, provincia de Cataluña, el 16 de diciembre de 1908. Y sí, Remedios Varo es tan hispana como trashumante desde la infancia, cuando su padre, un ingeniero hidráulico andaluz, llevaba a su familia de uno a otro continente, incluida África y, tal vez, el lejano sur americano. Esa errancia tiene, sin embargo, una primer sitio de enclave, Madrid, donde los Varo se establecen en 1917 y allí, entre paseos por la Gran Vía y el Museo del Prado, Remedios ingresa a la Academia de San Fernando. Por esas complejidades de las familias y de la historia, cuando estalla la guerra civil un hermano de ella se alista en el ejército falangista, donde muere poco después. Pero la muchacha discreta, un poco tímida y fuerte llamada Remedios sigue los pasos de sus amigos republicanos al punto tal que, en 1939, es llevada a prisión por haber ocultado en su casa a un soldado francés. Hitler ya ha invadido París. Por entonces Remedios vive en Barcelona —epicentro de las luchas anarcosindicalistas— y hasta su casa llega el poeta surrealista francés Benjamin Peret para colaborar con la República. Peret se convierte en su pareja y con él, en 1941, Remedios arriba a México, su país de adopción, en el que muere en 1964.
     Aquí, en México, como muchos otros refugiados, Remedios construyó su vida adulta y urdió su pintura definitiva, que ya pertenece al acervo artístico mexicano. En los últimos tiempos, las páginas de los periódicos capitalinos vienen informando sobre una penosa disputa por la herencia de la pintora, entre Walter Gruen y una sobrina de Remedios —hija de su hermano Rodrigo— que vive en España. Esa pugna fue iniciada y llevada a términos jurídicos por dicha sobrina. Aquí se hace necesario señalar una vez más que Gruen no sólo fue el marido de Varo desde 1952 hasta el final de su vida; fue, además, quien le proporcionó a la pintora el espacio y el tiempo para que dejara sus trabajos publicitarios de sobrevivencia y se concentrara en su producción estética. Este refugiado político del nazismo de origen austriaco, asimismo, fue un decisivo difusor y gestor del progresivo ingreso en el mercado del arte que conoció la producción de Varo antes y después de su muerte. Y otro hecho importante: el año pasado Walter Gruen entregó en comodato al Museo de Arte Moderno de México y, por ende, al Instituto Nacional de Bellas Artes, su colección de obras pintadas por Remedios, algunas de las cuales han sido rescatadas por él a precios actuales. No olvidemos que la artista muchas veces regalaba sus obras a amigos y conocidos, poco consciente del valor pictórico de las mismas. Hay, sin duda, en esa actitud, un rasgo romántico que proviene de su filiación surrealista y de su pertenencia a una época, la de mediados de siglo, en la que el valor comercial de las obras, así como sus cualidades intrínsecas, llevaban la carga de un estigma; era la época de las utopías revolucionarias.
     Remedios Varo realizó, insisto, casi toda su producción en México. Aquí definió su estilo, ese por el que obtuvo la proyección y el lugar que hoy posee. Su obra es patrimonio artístico de este país; no debe estar sujeta, por lo tanto, a miserables especulaciones de ningún miembro de la familia que, oh casualidad, aparece cuando su cotización aumenta y sus cuadros figuran en las ventas de Sotheby's. Su verdadera familia, además, es aquella que se va ganando con la vida, y esa está en México. –