Rolando Villazón, el cantante del año

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Hace algunos años escuchamos a un joven tenor en una gala de ópera en Bellas Artes. Cantó el célebre Lamento de Federico de La Arlesiana. A pesar de su juventud estaba inmerso en el dilema emocional del personaje enamorado de un imposible y prodigó recursos vocales notables. Su nombre: Rolando Villazón, y nuestro pronóstico: una carrera internacional. Naturalmente se llevó la ovación de la noche. Pasan los años y Rolando obtiene éxitos en México en La Traviata, Macbeth, El elixir de amor y en varios recitales. En cada actuación va abriéndose nuestra admiración y finalmente México cuenta con una nueva estrella. No tardan los teatros internacionales en tomar nota y Berlín le otorga seis telones sólo por su Nemorino en El elixir de amor. Bregenz, Hamburgo, Bruselas y Glyndebourne refrendan los éxitos, y su Rodolfo en La Bohème, en el New York City Center, es filmado y transmitido por pbs mundialmente. Su debut en el Metropolitan Opera lo hace como Alfredo Germont en La Traviata, al lado de Renée Fleming y Dmitri Hvorostovsky. La ovación de la noche fue para el joven tenor debutante —y cómo sentimos orgullo de poder decir esto. Esa noche memorable dirigió James Levine. En el Covent Garden de Londres, la Ópera Real enloquece con su Poeta en Los cuentos de Hoffmann, y está invitado a retornar a este recinto en un papel de su selección.
     Villazón nació en la ciudad de México hace 32 años. Se entrenó como actor teatral y bailarín, además de estudiar voz con Arturo Nieto y Enrique Jasso, y participar en los programas juveniles para cantantes en San Francisco y Pittsburgh, trabajando intensamente para desarrollar un ritmo escénico poco común. Cada uno de sus personajes es diferente, lo que significa que conoce el arte de la interpretación. Esto se aprecia en las tres grabaciones recientes que tenemos de él. En EMI participa en Obras corales de Héctor Berlioz dirigidas por Michel Plasson y considerada la mejor grabación del “Año Berlioz”. Virgin lanzó su primer recital con Arias de óperas italianas, todo un acontecimiento. En Teldec interpreta el Timonel de El holandés errante, bajo Daniel Barenboim, y probablemente sea el único cantante de este elenco que mantiene nuestra atención. Las críticas mundiales han sido espléndidas para él, obviamente ya en el candelero de la fama. Como fanático de la literatura, profundiza cada uno de sus personajes y de esto el público se da cuenta de inmediato. Villazón no deja nada al azar (como tantos cantantes de su generación), sino que cultiva la palabra compromiso en todos los aspectos. Esto va a ser una garantía del nivel en su vida artística.
     Villazón es una persona amable, simpática, llena de energía y bien educada. Casado con su novia de la adolescencia, que es psicóloga, tiene todo por delante para cubrirse de gloria y enorgullecer a México. Hemos contado con artistas internacionales como Gilda Cruz-Romo, Rosario Andrade, Oralia Domínguez y Ramón Vargas, y ahora Rolando Villazón. Nada es producto de la casualidad o la “buena suerte”. Aquí está un artista que enfrenta una de las carreras más difíciles que existen, y su alegría de propósito, y su belleza vocal e interpretativa producen la gran experiencia en cada ocasión. Por mucho, es el cantante más importante del 2004 y nos da un inmenso gusto proclamarlo. También es agradable reportar que no hemos leído una sola crítica adversa en lo que va de esta vertiginosa y triunfal carrera.
     Rolando Villazón está destinado en ser un ídolo de la ópera. Bien merecido. –


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