Entrevista a Francisco Ferrer Lerín: “A medida que pasa el tiempo, se borran las fronteras y nada resulta original ni diferente”

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Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es uno de los escritores más singulares, raros e irreductibles de España. Es un solitario al que le apasionan las palabras, los bestiarios, las mujeres, los pájaros y el erotismo. Fue en su juventud un gran jugador de póquer, y no ha dejado de serlo nunca. Poeta y narrador, teórico del arte casual, Antonio Viñuales Sánchez ha recopilado en el sello Contrabando la antología de relatos, cuentos y microcuentos, poemas, etc., Casos completos.

¿Lo primero de todo, en su carrera de escritor, fue la poesía o el lenguaje mismo?

El lenguaje venía encapsulado. Un niño Ferrer Lerín mortificado por acúfenos, por cantinelas sacrílegas, hubo de dar contenido a estos fenómenos, y allí se armó esa estructura preescritural compuesta por palabras y gruñidos. Que la poesía, por su condición cadenciosa, fuera el cauce lógico a todo ese barullo parece la explicación más lógica.

¿Cómo va dando el paso hacia ese género híbrido, ensayístico y fabulador, que es su prosa breve? ¿Fue antes o después de Níquel, la novela que le devolvió a la escritura tras años de silencio y que ampliaría luego en Familias como la mía?

Siempre estuvo ahí. Ya en mis tres primeros libros publicados, por cierto catalogados como libros de poesía, aparecían esas prosas poéticas, o poemas en prosa como se las llamaba entonces, germen sin duda de lo que vino después de Níquel, ese modelo de insegura denominación (relato breve, microrrelato), un subgénero caracterizado por su escritura narrativa breve, circular, a menudo perteneciente a esa categoría por la que siento especial predilección que es la del “argumento débil”, y que en la plataforma del blog, primero en mi blog personal y luego en el blog colectivo El Boomeran(g), conviviendo en la actualidad ambas personalidades, tuvo un óptimo lugar de acogida, quizá por su inmediatez, evitando la tardanza de la imprenta y la tardanza en la recepción de críticas, sustituidas por dinámicos comentarios.

¿Cómo nacen lo que Antonio Viñuales llama los “casos”?

La aplicación del término “caso” a mis textos breves es total responsabilidad de mi amigo, el profesor de la Universidad de Zaragoza Antonio Viñuales Sánchez, que desde hace tiempo, con reconocido éxito, estudia y escribe sobre mi obra literaria y plástica. No son pues los “casos” unos nuevos artefactos sino la nueva nomenclatura que, acuñada por Viñuales, recibe la mayoría de mis artefactos de siempre, los que brevemente exponen un suceso inusitado o extraordinario.

Rechaza el influjo de Cunqueiro, Perucho, Serra, no sé si también el de Marcel Schwob, pero abraza el magisterio de Borges. ¿Por qué?

Cunqueiro sí me pudo influir, o al menos marcar un campo de coincidencias. Quiero decir que cuando leo, en la juventud, Viaje por los montes y chimeneas de Galicia, en una primera versión titulada Teatro venatorio y coquinario gallego, de Cunqueiro y Castroviejo, me encuentro reconfortado, coincido con alguien que disfruta con lo mismo que yo disfruto, y esto, de modo innegable, me proyecta, hasta cierto punto, hacia un camino que desemboca en la escritura, camino en el que sí existen influencias incuestionables, directas, la de Saint-John Perse por su “poesía del inventario”, que me hace ver que existe otra forma de escribir poemas, y la de Borges, en prosa, por su inteligencia al utilizar la erudición y sumir su literatura en una nebulosa especular y bibliófila. Aunque, dicho esto, he de reconocer que el proceso que me convierte en escritor se inicia mucho antes, quizá de modo determinante, con el trilingüismo de mi madre, con los libros sobre fauna, ilustrados, de la biblioteca de uno de mis bisabuelos, heredada por mi padre, con la inmersión en la naturaleza durante los largos veraneos en el campo y con la pasión onomástica transmitida por mi abuelo materno, de antepasados aragoneses.

A mí sí me ha parecido que hay cosas en común con ese mundo del trasmundo y de lo imaginativo de muchos de ellos…, especialmente de Cunqueiro y Perucho…

A Perucho lo traté poco, y siempre desde la óptica culinaria (guisaba bien); sus libros me llegaron cuando su temática yo ya la tenía arrumbada tras la publicación de Bestiario de Ferrer Lerín. De Cunqueiro hemos hablado. A Cristóbal Serra no lo he leído, y apenas a Marcel Schwob.

¿Dónde se siente más cómodo, en el disparate o en la erudición?

A veces la erudición, o el intento de ampliar el conocimiento, abre las puertas a verdaderos disparates o al menos a situaciones que muchos tildan de disparatadas. A medida que pasa el tiempo, quiero decir a medida que se envejece, se borran las fronteras y nada resulta original, diferente, todo es a la vez todo, y lo que pudo resultar chocante ya no lo es ahora tanto. Tengo por ahí un “caso” en el que narro la incomodidad de unos padres a los que les nació un hijo que era un número de teléfono; tamaño disparate, pensé entonces cuando lo escribía, no resultará fácil para la mayoría de lectores pero he de escribirlo, surge así y he de ser fiel a los dictados del automatismo, pese a quien pese; hoy ya no me sentiría obligado a justificarlo. En cuanto a la erudición, ya he dicho antes que su problema consiste en su manejo, que buena parte del mérito de Borges reside en el excelente modo de ejercerlo. Yo intenté manejarla durante unos años… con desigual fortuna.

Rinde continuo homenaje a Covarrubias y a los maestros lexicógrafos. ¿Aspira a serlo usted también, desde la perspectiva de la ficción y el ingenio?

Si he de ser sincero no aspiro a casi nada, a lo sumo a obtener cierto placer con la relectura a corto plazo de algunos de mis textos y, desde luego, a un leve reconocimiento por parte de selectos grupúsculos de lectores y críticos. Últimamente me van llamando “maestro” pero creo que la razón es meramente cronológica; “maestro” como eufemismo de anciano.

¿Por qué son tan importantes en su obra el absurdo, el humor negro y la transgresión?

Hay dos o tres verdades que circulan por ahí entre las que destacaría la que afirma que el humor es patrimonio de la derecha. Está claro que el humor consiste en reírse de lo demás y de uno mismo, y la izquierda siempre anda ocupada en la defensa numantina del respeto a las personas aunque estas no sean acreedoras de esa deferencia. Desde el 68, con el advenimiento de la progresía, se ha vetado no solo la burla sino cualquier comentario, aunque sea benévolo, incluso satisfactorio, acerca del aspecto físico y mental de humanos y humanoides, lo que cercena gravemente el horizonte del humor. En cuanto al absurdo, ese pilar del vanguardismo, su presencia debería reclamarse apasionadamente si de verdad queremos acabar con lo políticamente correcto, con el animalismo y con el Me Too. Recuerdo que usted me dijo en una ocasión que más de uno le había comentado que mi sentido del humor le resultaba incómodo, y quizá intolerable, reacciones que son una muestra obvia de que por ahí es por donde he de circular.

El tema del amor, nada complaciente o romántico, y el erotismo ocupan muchas páginas. ¿Son el amor y el sexo lugares de la libertad o de un sinfín de heridas?

¿Heridas? Ninguna. El sexo no solo es, junto con la omnipresente presencia del aburrimiento en la cotidianidad de la pequeña burguesía, uno de los principales motores del mundo, es que es francamente divertido. La cuestión es que pese a los anticonceptivos, la despenalización del aborto y el ocaso de las creencias, el sexo aún sigue siendo un tabú, al menos en algunas de sus modalidades.

En tiempo de militancia feminista y del término micromachismo, ¿no teme que su mirada sobre la mujer pueda levantar ampollas o airear recelos?

Mi mirada sobre la mujer es la de un defensor acérrimo de ella. Desde siempre he abogado por su participación en todo tipo de decisiones, desde luego en las decisiones cruciales como el control de la natalidad en el Tercer Mundo, problema capital, el de la explosión demográfica, que no podemos seguir dejando en manos de maridos e instituciones cavernarias como las religiones. Otra cosa es que en el ejercicio de la sexualidad, libre y consentida por ambas partes, sea partidario de acabar con la hipocresía que abanderan muchas personas físicas y jurídicas.

Usted, también, crea en sus libros su propio Manual de zoología fantástica o su propio bestiario. ¿En qué medida también lo es este?

Casos completos es libro de editor, considerando este oficio en términos anglosajones. Es el libro que Antonio Viñuales Sánchez ha construido seleccionando, categorizando, introduciendo y epilogando textos que, eso sí, muchos afirman que yo he escrito. Que el conjunto haya o no resultado un manual de zoología fantástica es algo que no sé, pero ojalá se aproximara a ese concepto, y no digamos a su paradigma celestial, el Manual de zoología fantástica de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero.

¿Ese amor a los pájaros es, esencialmente, un amor inconmensurable a la naturaleza?

En la niñez ya apunté maneras en cuanto a demostrar curiosidad por el mundo natural. Una situación azarosa trasladó el foco de atención desde la herpetología a la ornitología, y ahí me instalé, no descuidando desde luego el resto de elementos que conforman la naturaleza. Pero no hablaría de amor por los pájaros, mi relación con ellos está más cerca de la filatelia, de la observación, del estudio, que de la contemplación embobada y esteticista.

El póquer anda por aquí y por allá todo el tiempo. ¿Qué le dio a usted y qué importancia tiene el juego en nuestra vida?

El póquer fue uno de los talentos que me dio la vida. Lo aproveché mientras pude tanto como divertimento como medio para financiar las no siempre baratas actividades encaminadas a estudiar y proteger ecosistemas y especies animales y vegetales a ellos asociadas. El juego, en una concepción amplia, forma parte del carné de baile de los seres inteligentes; es frecuente oír a los enteradillos de turno señalando que algunos primates y algunos córvidos son capaces de realizar cálculos aritméticos y/o abrir una cajita en la que se ha escondido un caramelo. Ciñéndonos a los humanos, y no es necesario acudir a Huizinga o a Caillois, Homo ludens no somos todos, desgraciadamente.

Hay en usted como un tono constante de insolencia, de provocación, de inconformismo. ¿Le da la vida lo que quiere? ¿Qué le pide al destino?

El destino, como dirían los cursis, nos lo labramos nosotros mismos; y los cursis tienen, casi siempre, la razón. Y quizá en esa labranza forme parte principal el inconformismo, la obligación de dar un toque de atención a los que tozudamente quieren llevarnos por el buen camino que, mira cómo son las cosas, a veces resulta que es bueno para ellos pero no para el propio interesado.

¿Qué tipo de gloria o reconocimiento anhela?

Me gustaría que la gloria y el reconocimiento, sean del tipo que sean, me llegaran en vida, en vida consciente. No sé, me parece, aunque a lo mejor esté equivocado, que nos están engañando. Eso de que tras la muerte seremos capaces de ver, ignoro si a través de un agujero de gusano, cómo nos homenajean nuestros admiradores no lo tengo demasiado claro. Es evidente que con la milonga del Estado de las Autonomías resulta difícil que yo sea premiado; en Cataluña no soy visto como buen catalán por no sumarme a las hordas separatistas y en las otras dos regiones en las que normalmente resido, y principalmente por ese conflictivo origen, desconfían, no acaban de asimilarme… y siempre se ha dicho que solo a través de lo regional se inicia con éxito la senda que conduce a la gloria nacional y luego a la planetaria.

¿Qué le debe a la realidad? Una de las claves de todo el libro es su capacidad de observación, su gusto por los detalles y no sé si la broma que puede parecer pesada…

Me resisto a decirlo, pero no queda más remedio, la realidad supera a la ficción, solo hace falta tener un mínimo poder de observación… y aparecerán las situaciones, los personajes, las palabras, más insospechadas. La broma pesada puede tener pase cuando se formula matizada a través de un texto, pero gastar bromas físicamente no solo es una muestra de mala educación sino un ejercicio gratuito de violencia, y la violencia siempre supone un innecesario despilfarro energético. ~

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