Fragmento

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París, el abril cruel, mil novecientos
setenta y seis, un viento repentino
se enreda entre los árboles grisáceos
de la Place Saint-Michel y gira brusco,
agita con sus brazos desceñidos
el mechón de la lluvia
sobre los adoquines y los muros.
De pronto, las terrazas se despueblan,
en las pequeñas mesas circulares
hay un reflejo extraño, inesperado,
enmudecen las voces y los ruidos,
un silencio que viene
de más allá del viento
envuelve las aceras y los toldos,
fluye sobre las casas, los tejados
de pizarra, y se adentra oscuramente
en lo visible. Escucha el viento súbito
rasgar el tornasol de la apariencia,
atravesar la tarde, traslucir
el fundamento y destejer el tiempo,
es lo desconocido que penetra
de pronto en el ahora y lo entreabre
y caemos en él como en un foso
de silencio y quietud, en la piedad
del tiempo, mientras llueve, mientras vemos
el agua golpear los adoquines,
ondularse los toldos bajo el viento
y el instante entregarse a la ceniza. ~