Intrépidos cheroquis

Los cheroquis son la etnia nativa más numerosa de los Estados Unidos. Invadidos por los europeos, infectados por la viruela y expulsados por el gobierno, actuaron siempre como rebeldes y no como víctimas.
AÑADIR A FAVORITOS

En el municipio de Zaragoza, Coahuila, cercano a la frontera, hay quienes dicen ser cheroquis del clan Sequoyah, cuyos ancestros llegaron en el siglo XIX. Tienen su sitio web: Cherokee Nation of Sequoyah in Mexico, Texas, and the United States. Son representados por la Cherokee Nation of Mexico ante el gobierno de Estados Unidos, para pugnar por la acreditación.

Los cheroquis son la etnia nativa más numerosa de Estados Unidos. En el censo 2010, más de 800,000 personas dijeron tener algún antepasado cheroqui. De las cuales, más de 300,000 tenían la credencial del Bureau of Indian Affairs que les permite recibir beneficios federales.

Se supone que llegaron hace cinco milenios a los Grandes Lagos como parte de los iroqueses, cuya lengua hablan, y de los cuales se separaron. Emigraron a los montes Apalaches del sur.

Fueron invadidos por españoles, ingleses y franceses que llegaban a explorar, conquistar, despojar y colonizar. Y diezmados por la viruela que trajeron.

El primer contacto fue en 1540, en lo que hoy es Georgia, con Hernando de Soto. Exploró las costas de Yucatán, llegó al océano Pacífico por América Central, donde se hizo rico traficando esclavos. Aumentó su fortuna en el Cuzco, saqueando el oro de los incas. Por sus hazañas, fue nombrado gobernador de Cuba y adelantado de La Florida. Fletó una costosa expedición al norte del continente con doscientos veinte hombres a caballo y trescientos ochenta a pie. Reunía a los pobladores de las aldeas que encontraba para exigirles oro, con amenazas. Se dice que alguna vez llegó a una aldea cheroqui y la encontró vacía. Todos huyeron para evitarlo.

En el siglo XVIII, los colonos ingleses combatieron a los franceses y los sacaron, con el apoyo de los cheroquis, que así esperaban liberar territorios. Pero los ingleses los tomaron y estalló la Anglo-Cherokee War, 1758-1761.

En 1784, en Pensacola, los cheroquis firmaron un tratado de comercio con la Nueva España.

Estados Unidos designó como “Cinco tribus civilizadas” a la cheroqui y otras cuatro. A pesar de lo cual, procedieron a expulsarlas de sus tierras ancestrales, codiciadas por los colonos. El presidente Andrew Jackson firmó la Indian removal act (1830) que permitía el intercambio “voluntario” de tierras a cambio de una zona reservada para indios, en lo que hoy es Oklahoma. Pero expulsaron a los renuentes a punta de bayoneta. La migración forzosa fue un desastre para 100,000 personas. De los 15,000 cheroquis que tomaron el “Sendero de lágrimas”, 4,000 murieron en el camino.

El famoso Ralph Waldo Emerson escribió una carta pública (1838) al nuevo presidente Martin Van Buren en defensa de los cheroquis. Hubo legisladores, misioneros y periodistas que se sumaron a la reprobación.

La desgracia no abatió a los cheroquis. Invadidos por los europeos, infectados por la viruela y expulsados por el gobierno de Estados Unidos, han mostrado una capacidad de respuesta admirable. No actúan como víctimas, sino como rebeldes que prefieren tomar las armas legales. Dicen que sus nuevos territorios no son una reservación, porque ellos se organizaron antes de que existiera el estado de Oklahoma: son propiedad milenaria de su nación, que ahora tiene su propia constitución, bandera y gobierno. Han ido hasta la Suprema Corte para establecer sus derechos, especialmente la revisión de “tratados” que fueron obligados a firmar. Educan a sus hijos para que no pierdan su lengua, cultura ni creencias, ahora mezcladas con las cristianas.

Se han aculturado por sí mismos tomando elementos nuevos que les convienen y hacen suyos. Compraron, robaron o tomaron en combate caballos y rifles de los invasores: hicieron suya esa ventaja militar.

En 1821, Sequoyah, un lingüista cheroqui de escolaridad nula (que murió en Coahuila), inventó un sistema de escritura (silábica, no alfabética) para el cheroqui. Cada uno de los 85 caracteres representa una sílaba. Asimilaron la escritura transformándola.

En 1828 apareció The Cherokee Phoenix, primer periódico de una tribu indígena en la historia de Estados Unidos. Publica textos en inglés y cheroqui, usando el silabario de Sequoyah.

Un siglo después, en 1926, una joven universitaria cheroqui, Norma Smallwood, fue la primera indígena en ganar el título de Miss America.

Esta actitud afirmativa se refleja en cómo son vistos. Cherokee se ha vuelto una palabra prestigiada, hasta para cosas que nada tienen que ver: un modelo de Jeep, un poblado rural en Australia, una canción de Ray Noble, bandas de música, maquinaria para perforar vidrio, apodos de actores, etcétera.

Los cheroquis son la inspiración de los indios de película. Altos, fuertes, aguerridos, buenos jinetes y buenos tiradores, volvieron icónico el penacho de plumas.

Abundan los libros sobre los cheroquis. A Cherokee encyclopedia (2007) de Robert J. Conley no es lo que anuncia el título, sino un diccionario biográfico impresionante por la cantidad de cheroquis destacados en Estados Unidos. De muchos, hay páginas en la Wikipedia.

A esas hay que sumar: Cheroqui, Idioma cheroqui, Cinco tribus civilizadas, Sendero de lágrimas y Sequoyah, en español y en inglés. Además, solo en inglés: Cherokee Nation of Mexico, Cherokee (Ray Noble song), Emerson’s letter to Martin Van Buren y The Cherokee Phoenix.

Hay videos en YouTube sobre los mismos temas. Algunos permiten escuchar sus cantos con traducciones al inglés. Destacan varios donde se canta el “himno nacional” de la tribu, en diversas interpretaciones.

HIMNO MATUTINO

We n’ de ya ho.
We n’ de ya ho.
We n’ de ya.
We n’ de ya.
Ho, ho, ho, ho.
He ya ho, he ya ho,
ya, ya, ya.
Yo soy del Gran Espíritu,
así es.
Yo soy del Gran Espíritu,
así es.
Yo soy del Gran Espíritu.
Yo soy del Gran Espíritu.
Así es, así es, así es.

Fuente: “Cherokee Morning Song”, https://lyricstranslate.com

LA ARAÑA ROBA EL FUEGO A LOS DIOSES

No había nada, solo parajes fríos.
De pronto, el rayo de los dioses
cayó en un tronco seco de sicomoro
y provocó un incendio
en medio de una isleta.
Los animales celebraron un cónclave
sobre cómo traer la lumbre de la isleta.
El cuervo fue elegido para la hazaña.
Pero, al posarse en el sicomoro,
se chamuscó y salió despavorido.
Luego tres búhos se ofrecieron.
El primero casi quedó ciego.
Los otros dos volvieron
con los párpados quemados.
La araña de agua se ofreció,
levantando una pata.
Tejió una escudilla.
Se la echó a la espalda
como escudo y se tiró al agua.
Nadie sabe cómo sustrajo
del incendio una brasa.
Volvió sana y salva.
Desde entonces el cheroqui
mantiene el fuego.
Y la araña conserva la escudilla
por si se llegara a ofrecer.

AMENAZANDO AL LOBO

¡Cuídate!
Cargo un cuchillo para tu alma.
Eres uno de los lobos.
Tu nombre es A’yu’nini.
Pero sepultaré tu baba
y te cubriré de piedras negras.
Vas al país de la nada,
a la sepultura negra de la montaña.
La tierra negra te cubrirá allá lejos,
cerca de las chozas negras,
en el país de la negrura.
Te traigo una sepultura
de piedras negras.
Ya se marchita tu alma.
Se está poniendo azul.

Fuente: Alonso Vidal, Los testimonios de la llamarada. Cantos y poemas indígenas del noroeste de México y Arizona, Hermosillo: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Sonora, 1997, pp. 174-176.

¿ESTÁS DURMIENDO?

¿Estás durmiendo?
¿Estás durmiendo?
Debemos empezar a cazar.
Debemos empezar a cazar.
Levántate, levántate.

Fuente: “¿Estás durmiendo?” cherokee en Google.

LLEGA LA NOCHE

¡Todos a dormir!
Llega la noche, llega el sueño,
van a quedarse quietos
mientras llega la luna a su alma.

ALERTA DEL CAMINANTE

Sanguijuela que llegas ondulando.
Sanguijuela que llegas y te enroscas.
Sanguijuela enroscada en amasijo.
¡Colibrí! Llegas a tiempo de ayudarme.

CONJURO PARA DESVIAR LA TORMENTA

¡Yuhaí, yuhaí, yuhaí!
¡Escúchame!
Vienes en brama, me aterrorizas.
Pero solo vas tras tu mujer.
Va dejándote huellas hacia el cielo.
Las indica para ti.
Que tus caminos pasen
sobre las copas de los árboles,
donde puedes hacerlo sin disturbio.
Que tus caminos queden
en meneos de las ramas.
¡Escúchame!

Fuente: John Bierhorst, The sacred path. Spells, prayers and power songs of the American Indians, Nueva York: William Morrow and Co., 1983, pp. 54, 69, 97. ~


    ×  

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: