¿Para qué sirve la poesía?

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Leila Guerriero

Teoría de la gravedad

Barcelona, Libros del Asteroide, 2019, 212 pp.

Una columna periodística que es una novela que es un poema en prosa que es realismo duro que es sentimiento a flor de piel que es, finalmente, un testimonio de vida, de vida escrita, de literatura sobre el filo de la navaja cotidiana, pero sobre todo Teoría de la gravedad, para mí, responde a la pregunta ¿para qué sirve la poesía?

La poesía sirve para vivir. Se leen poemas, entre otras cosas, porque luego algunos versos guardados en la memoria se activan ante una situación y la describen perfectamente. Poemas son las canciones que millones de jóvenes escuchan en sus dispositivos acompañadas de cientos de ritmos. La poesía no es elitista, la leen miles, la escuchan millones. ¿Para qué sirve la poesía? Para hacernos la vida más clara. Pero también para problematizarla y darle densidad. Para eso se leen poemas, para eso se escuchan canciones. La mayor parte de los textos que conforman Teoría de la gravedad terminan (culminan, rematan) con unos versos que aclaran, o complican, lo escrito. Por ejemplo: “Antes de que las polillas se coman los restos de la lana y de la almohada. Antes del final de las mascotas. Antes, mucho antes: hay que vivir. Pero ¿cómo? ¿Cómo? ‘Qué admirable / el que no piensa «la vida huye» / cuando ve un relámpago’, escribió Matsuo Basho.” Leila acumula frases a lo largo de sus muy breves textos, las va cargando de sentido, de ansiedad o de angustia, de soledad o dolor, de miedo o felicidad, y al final, como el rayo que descarga la acumulación nubosa, el texto se resuelve en unos versos que provienen de una multitud de poemas de muy diversos autores. Leila Guerriero tiene las antenas en alerta. La poeta que más se cita, como culminación de sus textos, es la recientemente galardonada con el Premio Nobel: “Yo me había quedado en casa, leyendo un libro de Louise Glück en la cocina. Sobre la mesada había un pan que estaba levando […] Bajé la vista y leí los dos versos finales de un poema: ‘Mi alma se marchitó y se encogió. / Y cuando recuperé la esperanza, / era una esperanza completamente distinta.’ Miré el cielo a través de la ventana. Era azul y pesado como un trozo de fieltro.” Para eso, creo, sirve la poesía, y Leila Guerriero lo expone muy bien: la poesía sirve para vivir de una forma más clara o más compleja, y también, muchas veces, para sobrevivir.

Una columna que es una novela que es un poema en prosa. Los 96 textos que integran Teoría de la gravedad fueron publicados en forma de columna periodística en El País de 2014 a 2019. Una columna, ya se sabe, debe presentar actualidad, debe contar una historia; hay columnas políticas, de economía, literarias. Las columnas literarias de Leila Guerriero cuentan historias del presente, a veces recuerdan; proyectan poco o nada. La columna literaria es un género muy libre y flexible, cabe lo mismo la crónica de presente violento que la ensoñación poética de la cotidianidad. La ficción y la no ficción.

Pero al sacar sus textos del contexto del diario, al darles orden en un libro, fuera de la tensión de los trabajos y los días, Teoría de la gravedad es también una novela, con una protagonista muy clara: “Aquí yo, otra vez […] idéntica a mí, la muy sincera, la muy falsa, la insensible, la mísera, la idiota, la astuta, la retrógrada, la feminista, la iracunda, la violenta, la agresiva, la suave, la tan suave, aquí yo, yo, yo, la egocéntrica, la narcisa, la modesta.” Una novela que cuenta la historia de una mujer, escritora, argentina, sus vacíos, sus dudas, sus tedios, sus parejas, sus abuelas, su madre que le enseñó a hacer pan y su padre que le “enseñó a pescar, a hacer el fuego, a leer, a limpiar pinceles con aguarrás, a escuchar a Beethoven. Me dijo así se mata a un pez cuando se lo saca del agua, así se pela un pato, así se sobrevive a la pérdida, así a un hombre peligroso, así se juega con fuego”. Una novela que cuenta la historia fragmentada (real o no, no lo sabemos) de una mujer que vive en crisis porque ha encontrado que la crisis es un buen sitio para vivir. Y si todo funciona bien, ya vendrá el tiempo a descomponerlo todo. Él “le aparta el pelo de la cara y le dice, por primera vez, ‘Te amo’. Siente que un anzuelo tira desde el exacto lugar donde tiene el corazón. Sonríe, cierra los ojos […] En breve empezará el hastío.” Una novela del yo (de los múltiples yoes que componen el yo), de la descripción puntual, detallada, de las horas que pasan, de los minutos que transcurren, de los segundos agónicos compartiendo el espacio con alguien que ya no se ama; o bien una pequeña chispa de felicidad que se obtiene luego de estar horas y horas sentada tratando de escribir algo para que al final de la jornada de pronto se concrete en un párrafo que justifica el día y produce una felicidad inmensa, y momentánea. Novela de fragmentos e instantáneas, de un presente inmediato que adopta casi siempre la forma de un laberinto. ¿Cómo me metí aquí, cómo me metí en esto? Pero el monstruo quizás está dentro de ella. Novela formada con 96 textos de una columna periodística. Novela rompecabezas que va cobrando sentido conforme se avanza uniendo los fragmentos hasta la última pieza, la que lo revela todo, la del rostro o el centro. Rostro que es el de la autora que escribe, cuya materia prima es su vida –imaginada o real– ordenada en escritura. La novela de una mujer de coraje que se abre paso escribiendo mientras lee y recuerda poemas. La novela de una mujer que escribe y justifica para qué sirve la poesía.

Columna y novela. Pero también poesía. Poesía que se manifiesta en los versos con que culmina cada uno de sus textos, pero también en la propia textura de la prosa de Guerriero. Dice Pedro Mairal en el prólogo que las columnas de Leila “exploran la enumeración aleatoria de la lírica, ese aparente desorden que no es otra cosa que el orden personal de la memoria. Son como poemas, pero prosificados. Todo lo contrario a la prosa poética e invertebrada”.

Una rosa es una rosa es una rosa. Una columna es un poema que es una novela. Teoría de la gravedad habla de muchas mujeres que son una. Una que escribe, con rabia y desolación, con miedo y esperanza, para salvar su vida. Que lee poemas para darle sentido a su vida. Una mujer que cree con fuerza que los libros sirven para salvarnos la vida. ~