Ciclo de vida y muerte, renovación: una ofrenda al trabajo cotidiano que sostiene el mundo, una apuesta ritual para reconectar los conocimientos prehispánicos con nuestra actualidad, esa es la propuesta de trabajo de RojoNegro, la colectiva de artistas integrada por María Sosa y Noé Martínez, quienes representarán a México en la 61ª Bienal de Venecia.
Bajo el título Actos invisibles para sostener el universo, RojoNegro, quien lleva trabajando de manera colaborativa más de diez años, busca rendir un homenaje a la generosidad en un mundo en asedio. El título nace de la idea de las comunidades rarámuris en el norte de México, las cuales conciben la danza Yúmari como un intercambio de energía entre seres humanos y dioses para mantener los ciclos de la vida. RojoNegro comenta: “Por supuesto que sus danzas sostienen el universo, no solamente los rarámuris ofrendan su energía, su sudor, su esfuerzo, sino todas las personas que están intentando hacer las cosas de una forma correcta a través de la empatía, de la solidaridad, del trabajo; esos actos sostienen lo que nos queda en el mundo.” Para los artistas es importante pensar en cómo podemos salvaguardar los espacios de reciprocidad, de cuidado y colaboración: “Pareciera una locura, pero en este momento tenemos que luchar incluso por los derechos humanos, nada puede darse por sentado. Por eso pensamos en los actos cotidianos e invisibles que nos sostienen. Queremos decir que nuestros actos importan, que la forma de relacionarnos entre nosotros y la naturaleza importa, que la forma en que entendemos nuestra historia y nuestro presente importa.”
La pieza central que se presentará en el Pabellón de México es un altar de convocación elaborado sobre un tapete de barro y sal de mar donde se han colocado trece vasijas de estilo prehispánico elaboradas por los artistas: “Elegimos trece porque son los trece meses del calendario ritual lunar, un calendario agrícola y adivinatorio.”
La instalación de RojoNegro está inspirada formalmente en las producciones salineras indígenas que aún existen en comunidades de Guerrero, Yucatán, el Estado de México y Puebla: “La sal es un material vinculante del plano humano con el plano de los muertos. La sal es también un elemento de purificación. Además, nosotros mismos producimos sal. Nuestras lágrimas son sal, nuestra saliva es sal, es un elemento de conexión con la Tierra.”
RojoNegro ha pensado en el pabellón como una ofrenda para los ancestros y también una conversación con las entidades espirituales y anímicas presentes en la tierra: “Queremos hacer un pequeño tributo hacia ellos, porque desde la perspectiva de nuestros pueblos todo se tiene que retribuir. Nuestros pueblos originarios han estado pagando una deuda, pero como artistas no es habitual pensar en ninguna manera de pagar algo de esta deuda que tenemos hacia la tierra. Entonces la idea es hacer una ofrenda.”
Quizás la palabra que define a la exposición es reciprocidad, una forma de pensamiento que tiene en cuenta la correspondencia mutua entre personas y entidades. Para las comunidades originarias, la reciprocidad define un modo de vida donde no se puede tomar algo sin pensar en lo que eso significa: “Todo está dirigido y gravitado en torno a la regla de la vida. Y la regla de la vida es justamente el balance, la continuación del balance de la vida y el balance de nosotros con la tierra y de nosotros con las entidades invisibles.”
Al ingresar a la puerta principal del pabellón hay cuatro pinturas gigantes realizadas con tabaco y carbón de la cocina en Cherán de la artista Rosi Huaroco y el curador Giovanni Fabian, donde se aprecian plantas de tabaco realizadas a partir de un dibujo del Códice Florentino: “El tabaco protege, equilibra, saca el susto, es una planta de protección, pero también es una planta que logra equilibrar temperaturas en el alma de las personas.”
Las pinturas también tienen imprimatura de plantas del bosque de Cherán: “Cherán es un lugar muy querido para nosotros, lo hemos visitado desde hace doce años y ha sido nuestra escuela política. Cherán representa la dignificación de la vida. Son una comunidad que se organizó para cuidar del bosque, que busca sustentar su autogobierno y la comunalidad.”
Además de estas piezas, se encuentran dos videoperformances que los artistas han reelaborado desde hace diez años en los cuales se propone al cuerpo como un archivo de investigación: “Nos colocamos en la posición de un objeto arqueológico de carácter antropomórfico donde se representa a una deidad. Para nosotros encarnar esa figura empezó a ser más y más y más profundo porque se trata de interrogar una escritura prehispánica a partir del propio cuerpo. Trabajamos con artistas escénicos para saber qué técnica se requiere para trabajar esa posición. Hay un entrenamiento de meses para cada performance. Esta vez nuestra coreógrafa, directora y gran amiga Mariana Villalobos es quien nos ha estado entrenando.”
Los artistas narran cómo al replicar con su cuerpo las posiciones de las piezas entendieron que el arte prehispánico representa la sensación, no la mimesis del cuerpo: “Por ejemplo, si sostener la posición hace que te esfuerces en la cadera o en las piernas, posiblemente la figura estará ensanchada de las caderas, o las piernas serán más grandes. Si el peso está en la espalda, posiblemente la espalda estará un poco agrandada. Esas figuras estaban diciendo algo con la mirada, con la lengua, con los dientes, con la forma de sostenerse… quizás buscaban sostener un microuniverso, o tal vez macro, el replicar sus posturas quizás implica para nosotros sostener quinientos años en el cuerpo.”
¿Qué de mi cuerpo hay en ese arte? ¿Qué de mi gesto hay en ese arte? ¿Qué claves hay para leerlas y aproximarme?, preguntan los artistas, quienes también han contemplado una sonoridad ritual para la muestra. Para este proceso invitaron a Alberto Rubí, quien integra grabaciones de rituales de cosecha, petición de lluvia y rituales funerarios de diferentes partes del país para ambientar la sala. También convocaron a Juan Sant, un rapero totonaca, el cual escribió varios poemas para el libro que saldrá como resultado del proyecto.
Por otro lado, sus Actos invisibles también contemplan la propia esfera del arte: “Hablar de arte decolonial y de conocimientos originarios, en un contexto occidental tan grande como la Bienal de Venecia, es un gran reto. A veces lo damos por sentado, pero ha sido producto de un montón de personas haciendo actos invisibles dentro de las instituciones, dentro de la estructura económica, logística y simbólica. Entonces para nosotros es importante decir que estamos caminando en un trayecto que alguien fue abriendo, que muchos fueron abriendo y que nos toca posicionar un discurso que hace veinte años no se veía en esa escala.”
Para RojoNegro, la propia historia del arte es una historia de actos invisibles: “Ahí estaban Tristan Tzara y Antonin Artaud presentando teatro con cinco personas, fue un acto invisible en su momento, pero sostuvo la radicalidad de ideas artísticas que son importantes para nosotros. Creemos que, muchas veces, las revoluciones o rompimientos de la forma en la que pensamos el arte y otras ramas de pensamiento se sostuvieron en algo que fue invisible en su momento.”
RojoNegro nos invita con su exposición a seguir recuperando los conocimientos ancestrales: “Nosotros estamos de alguna forma retomando las semillas que otros plantaron, entonces es una búsqueda de continuidad y de continuidad no solamente de los conocimientos originarios, sino más bien de la perspectiva de vida de esos conocimientos.” ~