Saavedra Fajardo y la enseñanza perpetua de la historia

Se publican dos biografías de enfoque complementario del escritor y diplomático Diego de Saavedra Fajardo.
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Dos nuevas biografías de Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648), escritor y diplomático, acaban de ver la luz con un enfoque complementario. Admirado por ilustres firmas de todos los tiempos, Borges entre ellas, se convirtió en testigo ineludible de la crisis europea del siglo XVII y del declive de la Casa de Austria, modelo de pensamiento y agencia diplomática. En ello inciden, respectivamente, José Luis Villacañas, catedrático de filosofía, y María Victoria López-Cordón, catedrática de historia moderna, ambos de la Universidad Complutense. A pesar de las lagunas biográficas del protagonista, “que encubrió los aspectos más personales de su trayectoria” (López-Cordón, p. 460), su legado permite reconocer una inteligencia aguda y una notable conciencia crítica de la que muchos políticos de hoy en día podrían aprender.

Si algo demuestra la aparición simultánea de estos dos volúmenes en torno a Saavedra es su carácter polifacético. Destacó como pensador para convertirse en una de las voces más influyentes del tacitismo hispánico. Fue capaz de adaptar dichos parámetros a los desafíos a los que se enfrentaba el Imperio español de su tiempo, en el que la circulación de ideas y textos supuso todo un intercambio cultural en Europa. La inestabilidad militar y el desgaste de la hegemonía hispánica dejaron una notable impronta en su pluma, que no renunció a una sofisticada defensa del ideal al que servía, en los reinados de Felipe III y Felipe IV. Además, compuso su República literaria, toda una obra crítica de carácter alegórico.

Como historiador de la filosofía, José Luis Villacañas es especialista en el pensamiento político hispano-europeo, con publicaciones de épocas variadas, y dirige el proyecto Biblioteca Digital Saavedra Fajardo de Pensamiento Político Hispano, centro de documentación y base de datos en que numerosos expertos han puesto a disposición del gran público muchos años de investigación. En las páginas de Diego de Saavedra Fajardo. La lealtad conocida, el académico lo describe como una personalidad literaria equilibrada y un espíritu europeo que supo proyectar con pericia valores clasicistas en el Barroco, desengañado con el estado de la cultura humanista. Una de las conclusiones más claras de su análisis es la relevancia histórica de Saavedra Fajardo y su vigencia contemporánea. Y es que, aunque fuera en cierto modo olvidado, siempre fue reconocido por intelectuales a lo largo de los siglos, desde Feijoo o Mayans a Francisco Ayala, Tierno Galván o Fraga Iribarne.

El volumen de Villacañas, que engrosa la Colección Biografías de Historia Fundamental de la Fundación Santander, enfatiza el papel de Saavedra Fajardo como pionero de la monarquía nacional española y su estrategia de política exterior, que se revela en sus escritos y acciones diplomáticas, defendiendo la razón de Estado sobre los lazos de sangre de los Austrias. Resalta su independencia intelectual en todos los conflictos en marcha y su visión de la paz. Abordó la cuestión americana desde una perspectiva más abierta de lo habitual, abogó por la neutralidad comercial en las rutas internacionales y propuso una clara separación entre las esferas religiosa y estatal. No obstante, a lo largo de todo el trabajo es posible percibir el lado más humano de Saavedra, con debilidades, errores y carencias desde su misma formación. Es fácil convenir con el autor en cómo su figura puede aportar elementos para replantear la gobernanza, la diplomacia y la responsabilidad pública hasta nuestros días. El broche de oro del libro de Villacañas es un análisis de la que sin duda constituye la obra fundamental de Saavedra en sentido filosófico, sus Empresas políticas (1640).

Estas Empresas, además, contribuyeron de una forma original al género emblemático, en una tradición explorada por María Victoria López-Cordón, y se convirtieron en manual de gobierno para príncipes y estadistas “políticos cristianos”. No será el único aspecto en el que la catedrática otorgue protagonismo a la faceta más literata del personaje, amén de describir con todo lujo de detalles el contexto en el que esta se insertaba. Como es habitual en sus trabajos, López-Cordón ensambla la trayectoria vital del personaje con los frutos de su escritura. En Diego de Saavedra Fajardo: Tiempo, vida y fortuna, también sitúa al autor en el complejo contexto europeo de la guerra de los Treinta Años, en cuya resolución desempeñó un papel estratégico. Para la negociación, Saavedra Fajardo defendió una postura neutral que facilitara el diálogo entre las partes beligerantes, y el objetivo último de la paz como principio rector de todos los esfuerzos diplomáticos. El libro se acompaña de un índice alfabético que realza su carácter instructivo. A lo largo de sus más de seiscientas páginas, la profesora López-Cordón subraya la importancia de comprender al personaje en el marco interpretativo de la generación de 1635, momento en que se produce una llamativa tensión entre la apertura a la racionalización y un contexto de confrontación religiosa. Sin embargo, como demuestra, Saavedra supo adaptarse a dichas dificultades con esa doble dimensión como hombre de acción e intelectual. Su dualidad se materializa en una notable carrera como pensador y un desempeño político que armonizó con su producción literaria.

Uno de los mayores aportes de la especialista es que cubre la necesidad de insertar a Saavedra en las redes internacionales de la cultura, dentro de un complejo proceso de circulación de saberes e ideas en la primera modernidad. No en vano, su recorrido como diplomático lo llevó por alguno de los enclaves estratégicos de la época: Nápoles, Roma o Münster, destinos que María Victoria López-Cordón invita a recorrer a los lectores de la obra. Presta especial atención a su papel como agente de la monarquía hispánica en cortes clave como Baviera o el Sacro Imperio. El autor fue un hombre comprometido con los desafíos de su época, mientras que conectó su ideario con los cambios que experimentaba el gobierno al que servía. Para ello se inspiró en Tácito, mediado por Justo Lipsio, maestros en la intencionalidad pedagógica de la narración de la historia. La autora ofrece un somero panorama del tacitismo español, que pone en contexto detallado al lector no académico al que dicen destinarse las biografías de la colección “Españoles eminentes” de Taurus, ideada por la Fundación Juan March.

El teórico que supo moverse como pez en el agua de las relaciones clientelares que marcaron la política de su tiempo es analizado desde todas las corrientes de pensamiento posibles a la luz de Villacañas. El estudio de los planteamientos políticos de Diego de Saavedra Fajardo resulta fundamental para la comprensión de los dilemas a los que se enfrentó la monarquía española del siglo XVII, algo en lo que coinciden ambos biógrafos: uno, desde una perspectiva más filosófica; la otra, con una aproximación más histórico-literaria. Su legado es extrapolable a nuestro tiempo, porque, como señala María Victoria López-Cordón sobre el marco cultural del propio Saavedra, la historia se convierte “en los anteojos del presente y en un instrumento para los príncipes y gobernantes”. Ambos libros trascienden la orientación biográfica para ofrecer rigurosos testimonios textuales desde fuentes tan ricas y diversas como tratados o correspondencia. Contribuyen a la devolución de este olvidado preceptor, de este poeta, diplomático y humanista, al lugar sobresaliente que merece más allá de aniversarios, celebrando con entusiasmo la dimensión de su obra y alimentando el fuego que encendieron sus propias críticas. ~


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