Sin partidos políticos no hay democracia. Entrevista a Joy Langston

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En las últimas décadas el malestar con los partidos políticos ha ido en aumento. Los escándalos de corrupción, el desinterés en las demandas ciudadanas y las violaciones a la ley han minado su credibilidad. De acuerdo con Latinobarómetro, de 2006 a 2018 la confianza de los mexicanos en los partidos políticos disminuyó. En 2018 solo el 11% de los mexicanos creía en ellos. Para construir una democracia fuerte y sólida se tiene que empezar por enmendar las fallas de los partidos políticos.

Joy Langston se ha especializado en el estudio de los partidos políticos dentro de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). En 2019 publicó De la hegemonía a la ignominia, resultado de más de una década de investigación sobre los cambios organizacionales del PRI.

De cara al proceso electoral más grande en la historia del país, los partidos políticos están viviendo un momento de descrédito a causa de su penoso desempeño. ¿Son necesarios los partidos políticos?

Lamentablemente, no puedes tener una democracia sana y fuerte sin partidos políticos. Puede haber distintos tipos de sistemas de partidos y de reglas electorales, pero sin partidos se tendría una situación como la que se vive en Ecuador, Perú, Bolivia o, peor aún, como la que vivió Venezuela en los noventa. Hay mucho que criticarles a los partidos políticos mexicanos, pero lo cierto es que sin ellos estaríamos peor.

Sin partidos no hay democracia por dos razones. En primer lugar, porque los partidos son etiquetas y ayudan a los votantes a tomar mejores decisiones porque se identifican con sus propuestas. Si no existieran los partidos tendríamos grupos de votantes buscando quién les dé más. Y la segunda razón es que en una democracia nueva, como la mexicana, los partidos políticos ayudan a formar mayorías en la legislatura. Digamos que es cierto que para aprobar la reforma energética los legisladores que firmaron el Pacto por México aceptaron dinero. Sin partidos sería así en todas las iniciativas, no solo en las importantes para el presidente en turno. Esa no es una forma muy eficaz de gobernar a un país.

Es mucho mejor tener malos partidos que no tener partidos. El sistema de tres partidos que tuvo México de 1992 a 2018 era poco funcional, pero tenía mucho que ofrecer a los votantes en términos de representación. Lo que tenemos ahora es básicamente un partido enorme con mayoría en la Cámara de Diputados. ¿Qué haces con ello?

Entonces, ¿cómo mejorar a estos malos partidos?

Hay muchas formas, pero cada una trae consigo diferentes desafíos. No es que sea fácil o que nadie se haya dado cuenta, sino que es complicado salvar un sistema de partidos como el mexicano. Estudiar las reglas electorales y luego ver cómo se comportan los candidatos y sus partidos es un ejercicio de frustración. Son los propios partidos quienes hacen las reglas, las cuales en apariencia lucen bien, pero en la práctica ellos mismos intentan esquivarlas. Las reglas no son hechas por el ine ni por el Tribunal Electoral, sino por los mismos actores que van a competir. Se necesita que todos los políticos obedezcan las reglas para jugar de forma justa e igualitaria.

Primero, lo que se podría hacer para mejorar el sistema de partidos, y en esto estoy de acuerdo con el presidente López Obrador, es quitar una parte significativa del financiamiento público para campañas porque así los candidatos estarán obligados a ir con sus votantes potenciales y convencerlos de que son la mejor opción y que vale la pena que contribuyan con sus campañas.

El financiamiento de los partidos es una discusión complicada porque, ¿qué es mejor: financiamiento público, privado o una mezcla? Casi todos los países tienden a tener más de una que de la otra. Demasiado financiamiento público provoca distanciamiento de la clase política con los ciudadanos. En el caso de la participación privada también se corre el riesgo de que las empresas compren a los legisladores para que aprueben leyes que las beneficien. Hay que establecer límites a cada contribución.

Sí hay que reducir el dinero que el Estado destina a los partidos políticos, pero habría que hacerlo al terminar este sexenio. Actualmente Morena es tan grande que se entiende que quieran cortar prerrogativas porque ellos tienen el control de muchas cosas. Pero lo que se tiene que hacer es fortalecer a las instituciones para controlar el gasto de los partidos políticos.

Segundo, hay que evitar que el dinero del crimen organizado entre en las contiendas más de lo que ya lo hace actualmente. Y esto nos lleva a otro problema: la compra de votos. Las supuestas aportaciones a la campaña de López Obrador que se popularizaron gracias a unos videos ocurrieron en 2018, cuando no hubo tantos ataques al ine y al Tribunal Electoral; en las actuales circunstancias, donde el árbitro electoral es juzgado constantemente, esta práctica podría empeorar.

Tercero, lo ideal es que los legisladores regresen a los distritos que representan no solo a comer a las fonditas y a tomarse fotos, sino que vayan y escuchen los problemas de los habitantes. Solo así mejorará la reputación de los políticos como individuos y la visión ciudadana respecto al sistema político. Es muy importante este contacto continuo no nada más cada tres años.

Y, por último, hay tantos spots y promocionales políticos que la gente se enfada muchísimo en las campañas. En este caso, más no es necesariamente mejor. Los partidos deben pagar sus spots y que el ine regule que no haya contratos privados entre televisoras y partidos políticos. Los partidos cuidarían más su dinero y harían mejores campañas si tienen que pagar su publicidad. En cambio, lo que sucede en la actualidad es que cuentan con presupuestos altos y encima no tienen que pagar spots así que gastan su dinero en artículos promocionales y despensas, es decir, en prácticas clientelares.

Al inicio mencionabas que los partidos políticos son importantes por la identificación que generan en ciertos ciudadanos, pero últimamente se tiene la impresión de que sus agendas no contemplan las necesidades de la población. ¿Cómo los ciudadanos podemos aprovechar a los partidos políticos y usarlos en nuestro beneficio? ¿O el sistema político mexicano no nos permite eso?

Es una buena pregunta porque, ya que tenemos estos partidos políticos, ¿qué podemos hacer con ellos y con las reglas siempre cambiantes del sistema mexicano? Podríamos empezar por obligar a los partidos a abrirse hacia los ciudadanos, es decir que desde sus elecciones internas para elegir candidatos cualquier ciudadano pueda participar y que estos procesos sean regulados por el Estado y no por ellos mismos. Tienen elecciones internas con un solo candidato y muchas de sus formas de seleccionar candidatos no son abiertas al público. Los partidos hablan de “democracia interna”, pero eso no es democrático. Entre 1997 y 2005, el PRI, el PAN y el PRD intentaron instaurar elecciones primarias, pero fueron un terrible desastre porque los gobernadores inyectaban muchos recursos a sus candidatos favoritos. Sin embargo, si el Estado se encarga de estos procesos, y no los partidos, se puede evitar la trampa.

Hay que recordar que los partidos en todo el mundo, no solo en México, no quieren abrir sus organizaciones a los ciudadanos porque estos siempre están exigiendo cosas. Muchos partidos reciben grandes cantidades de dinero del Estado, así que les han dado la espalda a los ciudadanos y piensan que los pueden ignorar hasta la siguiente elección, por lo que insisto en que recortar su financiamiento sería bueno para que vuelvan a acercarse a los ciudadanos.

Las alianzas entre los partidos pueden ser controversiales, pero parece que sin ellas los partidos pequeños no tienen posibilidad alguna para competir en las elecciones. ¿Cómo ha funcionado históricamente este sistema de coaliciones y cómo podría convertirse en una práctica útil para la democracia?

Las alianzas existían desde la hegemonía priista. Hay que recordar que todas las alianzas son electorales y no legislativas. A veces las alianzas electorales, que son regidas por normas y firmadas ante el ine, llegan a ser formales en la práctica dentro de la legislatura, pero no es necesario. Un diputado puede votar como desee independientemente de que llegó a ese cargo gracias a la coalición que hizo su partido con otro.

Las alianzas, efectivamente, son para ayudar a los partidos pequeños. Dentro de los sistemas democráticos representativos los partidos pequeños existen para velar por los intereses de la sociedad que no son considerados por los partidos grandes o de mayor tradición. Los partidos grandes tienden a ser muy centristas porque quieren ganar más votos y los partidos chicos, estoy pensando en Europa, tienden a ser partidos de nicho. Por ejemplo, si lo que me preocupa es el medio ambiente voto por Los Verdes en Alemania o si comparto ideas con la extrema derecha entonces voto por el partido Agrupación Nacional en Francia. Y por eso existen desde la izquierda hasta la derecha. El gran problema aquí en México es que, gracias al financiamiento público tan generoso y a las reglas electorales, los partidos chiquitos no representan nada. ¿El Partido del Trabajo realmente representa a los trabajadores? ¿O el Partido Verde sí está interesado en la protección de las zonas naturales? Al contrario, tienen múltiples escándalos que involucran a sus miembros en la construcción de desarrollos inmobiliarios en zonas protegidas. Es una vergüenza cuando lees sus estatutos y ves lo que hacen en la práctica. Si estos partidos no dicen nada al electorado, entonces ¿para qué los queremos? El problema con muchos partidos pequeños es que los grandes los compran y les permiten ganar mayoría simple o calificada en el Congreso. Sale muy caro tenerlos y no queda claro qué defienden. Si realmente representaran a los trabajadores informales y fueran su voz en el Congreso para que cuenten con pensiones, vivienda y cobertura hospitalaria, el panorama sería diferente. Desafortunadamente, no vemos nada de eso.

La solución que yo veo para los partidos pequeños es usar dos boletas separadas en las elecciones de diputados. Actualmente hay una sola boleta para ambos tipos de representación en el Congreso; si tuviéramos dos boletas podríamos elegir a los partidos grandes para los distritos de mayoría relativa y luego escoger un partido chico para la representación proporcional. Así, todos los diputados tendrían que hacer campaña y estarían conscientes de que llegaron a esos cargos por elección popular y no por la vía plurinominal donde son los partidos quienes eligen. También con una segunda boleta podríamos reducir las prácticas clientelares pues los ciudadanos tendrían que interesarse en las propuestas de los candidatos.

Por mucho que Morena intenta convencer a la ciudadanía de que es una opción política diferente, parece que está siguiendo los pasos del PRI. ¿Por qué sobreviven las prácticas autoritarias del priismo?

Morena y sus líderes saben que la razón por la cual llegaron a tener tanto éxito en las urnas es porque el PRI, el PAN y el PRD estaban haciendo muy mal su trabajo, hacían trampa contra los demás partidos, hacían trampa contra los ciudadanos, hacían trampa una vez que estaban en el poder, y encima había corrupción y la economía no crecía mucho. Los votantes tomaron la decisión de rechazar a esos tres partidos y votar por Morena porque prometía ser diferente. Entonces hubiera sido sensato que los líderes de Morena evitaran cometer los mismos errores, pero en la práctica han hecho los mismos trucos que los políticos de los tres grandes partidos cuando ellos tenían el control del Congreso y del gobierno federal. No están haciendo mejor su trabajo.

Estas prácticas siguen sobreviviendo porque funcionan. México vivió un régimen autoritario durante setenta años. Pensar que se iba a pasar de un sistema hegemónico autoritario a uno democrático gracias a las elecciones era muy ingenuo. Acepto que yo también creí eso. Pero la democracia es mucho más que elecciones justas, regulares e igualitarias. Se construye con instituciones, con el monitoreo a los actores políticos, con la rendición de cuentas, con la revisión del gasto. Y son estas instituciones las que lamentablemente han sido el blanco de muchas acciones de Morena y del presidente López Obrador, lo que es una terrible manera de debilitar a la democracia mexicana por muchos años. Hay que reconocer que ni siquiera la administración de Peña Nieto llegaba a este nivel de asedio a las instituciones, había conflictos al interior porque se formaban nuevas burocracias para sancionar y monitorearse a sí mismos. Aquí lo que vemos es una destrucción total de las instituciones que velan por la democracia. Y eso sí es un peligro porque los ciudadanos quedamos débiles y desprotegidos. ~