El valle de los sueños

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Anna Wiener

Valle inquietante

Traducción de Javier Calvo

Barcelona, Libros del Asteroide, 2021, 320 pp.

Si lo piensas bien, el salto de la industria editorial al de las startups tecnológicas es bastante lógico: en las dos entregas tu vida y tu alma a cambio de un intangible, solo que en una de las dos es probable –o al menos lo fue– que a cambio consigas buenos salarios, buenas condiciones de contrato y primas interesantes; si llegabas a tiempo incluso puede que te hicieras millonario con las acciones de la empresa, si te ofrecían un buen paquete y salía a bolsa y vendías en el buen momento. Anna Wiener (Nueva York, 1987) estudió sociología y trabajaba en la industria editorial, en una agencia literaria, en un trabajo precarizado al que se entregaba con pasión, en Nueva York antes de mudarse a San Francisco y pasar una temporada entre millonarios de menos de veinticinco años que se paseaban en patín por la oficina. Entre medias, a modo de transición, trabajó en una startup tecnológica pero en Nueva York, en una empresa que apuesta por el libro electrónico. Se cayó del guindo cuando descubrió que para sus jefes los libros son lo de menos, pero le sirvió de lanzadera para irse a San Francisco. Valle inquietante es una memoir de esa época, es un libro sobre el trabajo y sobre cómo está enredado el trabajo con la realización. Es un retrato de Silicon Valley, el valle inquietante al que alude el título. En ese sentido, tiene algo de novela en clave, los nombres de las grandes compañías tecnológicas no se dicen nunca, aunque no hace falta ser el lápiz más afilado del estuche para descifrar cuál es la red social que todo el mundo dice odiar, o la supertienda online, la empresa de microblogging o esa cuyo lema es vas a tener suerte. Pero es también una triste y certera descripción del sector editorial (¿cutural? ¿analógico?): “Parecía que la única forma de tener una carrera exitosa y sostenible en la industria editorial era heredar dinero, casarse con alguien rico o esperar a que tus colegas se rindieran o murieran”, escribe.

La parte más inquietante de la historia que se cuenta en este libro no tiene tanto que ver con la ambición, la desigualdad social que en San Francisco es inevitable y evidente con los sintecho bajo la autopista, sino con una revelación que es en realidad un misterio: ¿qué hacen con nuestros datos? En el libro aparecen dos startups en las que Wiener trabaja, primero una empresa de datos, y después GitHub, una empresa de software, cuyo nombre tampoco se dice, aunque sí se describe su logo (además basta leer la descripción que hace de a qué se dedica la compañía para que alguien del sector la identifique). En las dos la hipocresía es el mejor valor, pero en el caso de la primera, además, está la sospecha de estar colaborando con algo con lo que no se está de acuerdo. Nada de lo que cuenta sobre el funcionamiento o las dinámicas de esas startups sorprende: sexismo, infantilismo, falta de empatía, crueldad, obsesión con el trabajo, comida sana, deporte, etc., un poco la idea que todos tenemos en la cabeza, y sí, sueldos altos. Muy altos. La caricatura de esos emprendedores se hace sola, Wiener solo tiene que contar lo que vio, algunos diálogos (“Creo que estuve a punto de compraros el año pasado”), pero aun así, lo ridículo es quizá cómo la fascinación por el éxito convierte a esos millonarios en gurús e incluso en algo así como pensadores, ya aburridos de ganar dinero. En el libro, Wiener se enamora de un chico que trabaja con secretismo en la industria robótica (Ian, compañero de piso de uno de sus jefes), descubre la falta de compasión en el entorno laboral y discute con un millonario a través de la empresa de microblogging y luego se hacen amigos, aunque está el asunto del dinero que los separa, o eso cree ella.

Valle inquietante funciona muy bien como descripción, consigue poner por escrito y seguido muchas cosas que por otro lado no son exclusivas de las startups (por ejemplo, esos jefes que exigen no solo que trabajes sino que te inventes tu trabajo se dan en sectores más analógicos). También cuando habla de internet y podría hablar del mundo: “todo era tan entretenido como efímero”. Insiste en el machismo de Silicon Valley y en las tecnológicas: falta de mujeres, y más en los puestos técnicos y mejor valorados, y el entorno laboral no es amable en absoluto a pesar de los pufs y el té y todas las comodidades. Es menos eficaz en cuanto a la interpretación que se puede hacer de todo eso. Dan ganas todo el rato de escribir a Anna Wiener y contarle qué cosas de las que narra te han pasado; dan ganas de comentar los cotilleos que cuenta, como que en una de las empresas hay una réplica del despacho oval.

Valle inquietante tiene algo de libro-testimonio, se lee bien, es entretenido y mantiene el interés con una mezcla de identificación y descripción cáustica, hay cierto morbo también que no termina de satisfacerse. Funciona como catarsis para contar experiencias similares relacionadas con el trabajo, que no siempre tienen que ver con la hostilidad, también pueden tener que ver con la idea de buscarse a uno mismo en el trabajo o, dicho de otro modo, tratar de ser algo que no se es para encajar y así sentirse parte de algo. Entre las crónicas del valle más moderno, a las que a veces da la sensación de que le sobran páginas, pueden verse algunos asuntos más universales como la idea de pertenecer o la realización. Wiener quiso llevar su libro a una interpretación más política que existencial y cierra con la victoria de Trump, tan inesperada en su círculo como chocante, que provocó entre sus compañeros una mala racha: “dolores de barriga, insomnio, astrología”. ~

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