El rumbo de toda gran crisis se define en las primeras 24 horas. En esa fase, el liderazgo de un gobierno tiene dos obligaciones primordiales de comunicación. Una es crear un sentido compartido de la realidad (sense-making), que consiste en entender la naturaleza y alcance de la crisis. La otra es crear un significado común de la situación (meaning-making), para lo cual es importante comunicar con claridad qué está pasando, por qué está pasando y qué pasos dará el Estado para proteger los valores compartidos por la sociedad (vida, seguridad, legalidad, estabilidad, paz) y recuperar la normalidad.
En las 24 horas posteriores a la muerte del delincuente conocido como “El Mencho”, el gobierno no cumplió con estas funciones vitales. El país transitó por una grave crisis de seguridad sin que la Presidencia de la República desplegara una estrategia de comunicación profesional para llenar vacíos informativos, proyectar autoridad y recuperar la sensación de estabilidad.
Alrededor de las 9 am del domingo 22 de febrero, comenzaron a circular los rumores en redes sociales acerca de un gran operativo de seguridad en Jalisco. Para las 10, los medios reportaban que el operativo era para capturar a “El Mencho”. Antes del medio día ya se daban los primeros casos de “narcobloqueos” en varias ciudades (se reportaron más de 250 eventos a lo largo del día). A las 11 am, la cuenta del Gabinete de Seguridad de México en la red social X informaba que “se llevan a cabo operativos […] para proteger a la ciudadanía y atender de manera puntual los bloqueos registrados”.
La presidenta Sheinbaum tuvo su primera y única aparición mediática del día a la salida de un mitin en Coahuila, alrededor de las 12:40. Se le vio sonriente, saludando desde una camioneta a simpatizantes. Los reporteros le pedían a gritos una declaración sobre la crisis. Ella evadió la pregunta y se limitó a repetir que “en un momento va a informar el gabinete de seguridad”. Lo responsable era hacer un alto en la rutina y dar un posicionamiento formal con autoridad y tono presidencial. Reconocer la gravedad de la situación y fijar un marco mínimo de acción: “esto es lo que sabemos, esto es lo que estamos haciendo, esto es lo que pedimos a la población, viajo a la capital para coordinar al gobierno, a tal hora dirigiré un mensaje a los mexicanos”. Nada de esto pasó.
Cuando el liderazgo institucional no aporta certezas, el vacío lo llenan el rumor, el video en redes sociales, el audio alarmista compartido por WhatsApp y la narrativa del caos. Los medios nacionales e internacionales se llenaban de escenas que mostraban a un país bajo ataque. Columnas de humo negro en destinos turísticos. Autobuses, comercios, gasolineras y bancos en llamas. Robos de autos y camiones a mano armada. Soldados corriendo con armas largas en las calles. Carreteras cortadas. Pasajeros huyendo asustados en un aeropuerto. Turistas extranjeros parapetados en sus hoteles. Reportes de aerolíneas cancelando todos sus vuelos.
Alrededor de las 2 pm, la Secretaría de la Defensa Nacional informó sobre el operativo y la muerte de “El Mencho” en un comunicado de prensa, dando a conocer que el delincuente fue herido en un enfrentamiento con el Ejército y que perdió la vida “durante su traslado vía aérea a la Ciudad de México”. Defensa señaló además que “para la ejecución de esta operación […] se contó con información complementaria de autoridades de [Estados Unidos]”. Después de eso, la misma cuenta institucional siguió posteando eventos deportivos organizados por la secretaría.
A las 3:20 de la tarde, la presidenta Sheinbaum escribió en X: “La Secretaría de la Defensa Nacional reportó el operativo llevado a cabo esta mañana por fuerzas federales, que derivó en diversos bloqueos y otras reacciones. Existe absoluta coordinación con gobiernos de todos los estados; debemos mantenernos informados y en calma. Las redes sociales del Gabinete de Seguridad informan de manera permanente. En la mayor parte del territorio nacional se desarrollan actividades con plena normalidad. Mi reconocimiento al Ejército Mexicano, Guardia Nacional, Fuerzas Armadas y Gabinete de Seguridad. Trabajamos todos los días por la paz, la seguridad, la justicia y el bienestar de México.”
Habían pasado más de seis horas del inicio de la crisis sin un posicionamiento de la Jefa de Estado. Su énfasis en la “plena normalidad” chocaba con las imágenes de las ciudades bajo ataque del narco difundidas globalmente. En especial, un gran número de visitantes extranjeros comenzaron a subir videos a redes sociales y a dar entrevistas a medios de sus países, actuando como improvisados corresponsales de guerra. El Gabinete de Seguridad siguió posteando en redes sociales que aeropuertos, comercios y vialidades funcionaban normalmente, afirmación que chocaba con la realidad descrita en el terreno, abonando a la confusión.
Lo más profesional hubiera sido que la presidenta diera un mensaje a la Nación esa misma noche para, cuando menos: i) confirmar con evidencia la muerte de este delincuente; ii) anunciar las medidas para contener la respuesta violenta de su grupo criminal y cuidar a los civiles; iii) llamar a la sociedad a la calma y darle instrucciones precisas para protegerse; iv) ofrecer apoyo especial a los visitantes internacionales ubicados en los grandes polos turísticos afectados por el conflicto; v) enunciar con claridad los siguientes pasos en la actuación del gobierno; vi) reconocer a las Fuerzas Armadas y de seguridad; vii) hacer un llamado a la unidad nacional. En vez de eso, se decidió seguir con la rutina gubernamental que, desde 2018, centra toda la comunicación del gobierno en el ritual político –mal llamado conferencia de prensa– conocido coloquialmente como “las mañaneras”.
En la rutinaria “mañanera” del lunes 23, vimos a una presidenta muy seria, casi desencajada, vestida con un atuendo negro y severo que comunicaba luto. Ella dejó en manos de sus subordinados comunicar los detalles de lo sucedido. Vimos entonces a un secretario de la Defensa dando detalles tácticos del operativo exitoso, incapaz de contener sus emociones al momento de informar las bajas sufridas por las fuerzas armadas.
Como siempre pasa en esas largas “mañaneras”, los temas no se ordenan ni se jerarquizan, y se mezclan con posicionamientos políticos improvisados. Todo se adereza con preguntas de falsos periodistas favorables al gobierno que dan pie a declaraciones ideológicas y polarizantes. Esto ocurre porque las “mañaneras” no son un instrumento de comunicación profesional, sino de propaganda, diseñadas como una suerte de reality show populista. Así, el conato de llanto del secretario de la Defensa terminó siendo de lo más comentado del día en medios y redes sociales. Todo ello va en contra de la función primordial del Estado en una situación de crisis: orientar a la sociedad, aportar certidumbre institucional, sobriedad política y calma.
Concluyeron así las primeras 24 horas de esta crisis. México las vivió sin que hubiera una conducción profesional de la comunicación del Estado. En los días y semanas que siguen, ese vacío de liderazgo se llenará con narrativas políticas. Se hablará del “triunfo” de Claudia Sheinbaum, del “fortalecimiento” de Omar García Harfuch y del “debilitamiento” de Andrés Manuel López Obrador, como si eso fuera lo más importante. No lo es.
Lo más importante es la urgente necesidad de reconstruir la capacidad operativa y la legitimidad institucional del Estado mexicano para defender a un pueblo que, en su hora más crítica, se descubrió otra vez sin liderazgo. Lo más importante es generar un entendimiento compartido de nuestra profunda crisis de seguridad y justicia –que es ya una clara situación de conflicto interno– que exigirá medidas y esfuerzos extraordinarios para resolverse. Lo más importante es, sin duda, preparar a la sociedad para lo que viene. ~