Publicado originalmente en Vox-EU.
En todos los países ricos de hoy, a medida que la población envejece y son cada vez menos los jóvenes que se incorporan al mercado laboral, empresarios y políticos se quejan de la “escasez” de trabajadores o de mano de obra cualificada –lo que normalmente significa que querrían contratar a más gente a los salarios actuales (van Herck et al. 2026)–. Pero ¿qué ocurre cuando una economía sufre de golpe una escasez masiva de mano de obra? En este artículo recurrimos a la evidencia histórica para averiguarlo. Entre 1792 y 1815, Gran Bretaña y Francia lucharon por la hegemonía mundial. Muchos hombres que hasta entonces habían labrado la tierra o manejado máquinas se encontraron marchando y combatiendo, o navegando por alta mar.
Más de uno de cada diez varones británicos acabó en el ejército o la marina. Esto generó una aguda escasez de mano de obra y una presión al alza sobre los salarios. También propició importantes ganancias de productividad gracias a la adopción de nueva maquinaria. Cuando terminó la guerra, la transición británica hacia una agricultura mecanizada ya estaba en marcha.
El debate sobre la revolución industrial
¿Por qué Gran Bretaña se industrializó primero? Allen (2009) escribió, como es bien conocido, que la Revolución Industrial “se inventó en Gran Bretaña… porque allí resultaba rentable inventarla”. El carbón británico era abundante y barato, mientras que la mano de obra británica era escasa y cara. Tenía sentido que los empresarios adoptaran máquinas que consumían mucho carbón pero poca mano de obra.
Esta teoría ha tenido respuestas. Mokyr (2021) sugiere que los salarios altos reflejaban una alta productividad de los trabajadores; Ó Gráda y Mokyr (2023) argumentan que lo que distinguió a Gran Bretaña fue la calidad de su fuerza laboral: una oferta inusualmente amplia de mecánicos cualificados capaces de desarrollar y mantener maquinaria compleja.
Dirimir entre estas visiones enfrentadas es difícil. Solo un país se industrializó primero. El análisis de la divergencia entre países puede resultar analíticamente decepcionante; comparar Gran Bretaña con sus contemporáneos no conduce fácilmente a un análisis cuantitativo creíble.
La escasez de mano de obra en tiempos de guerra
En un nuevo estudio (Voth et al. 2026), analizamos la variación en Inglaterra y nos preguntamos: ¿se difundió más rápido la tecnología ahorradora de mano de obra en las regiones donde las guerras napoleónicas provocaron escasez laboral? Hacia 1809, el ejército y la milicia sumaban 300.000 hombres, a los que se añadían otros 141.000 embarcados en la Royal Navy. En conjunto, representaban casi el 15% de la población masculina en edad productiva de Inglaterra y Gales. La Grande Armée de Napoleón –en relación con la población francesa– era solo un tercio de ese tamaño. Y, algo crucial, el reclutamiento británico fue muy desigual: algunas regiones aportaron muchos más hombres que otras (Figura 1). Con una baja movilidad laboral (Smith 1776), estas perturbaciones localizadas generaron una notable variación regional en el coste de la mano de obra.
Figura 1: Reclutamiento del ejército y la marina (logaritmo de miles de reclutas per cápita). Fuentes: Dancy (2015) y listas de reclutamiento.

Los contemporáneos ya percibían que el reclutamiento militar generaba escasez de mano de obra. Desde Yorkshire, Tuke (1800) observó que los salarios habían subido entre un veinte y un veinticinco por ciento, a causa del gran consumo de hombres por la marina y el ejército y la consiguiente escasez de brazos para el trabajo agrícola. El análisis sistemático de más de 20.000 páginas de informes salariales parlamentarios confirma una fuerte asociación positiva entre la intensidad del reclutamiento y los salarios.
Figura 2: Diagramas de dispersión agrupada del logaritmo del reclutamiento total per cápita frente a los salarios agrícolas de invierno (izquierda) y verano (derecha). Fuentes: Dancy (2015) y listas de reclutamiento, Censo británico de 1801 y General View of Agriculture.

Tecnología en el campo
Estudiamos cómo se difundió la nueva tecnología en la agricultura británica, un sector que se convirtió en uno de los más dinámicos de la época, con la adopción de maquinaria como las trilladoras mecánicas. A diferencia de la manufactura, geográficamente concentrada, la actividad agrícola cubría prácticamente todo el territorio inglés, lo que nos permite aprovechar toda la variación geográfica del reclutamiento. Las trilladoras no eran una novedad: llevaban décadas existiendo, aunque apenas se usaban.
La escasez de mano de obra impulsó la adopción tecnológica: los observadores de la época ya constataban que se habían instalado numerosas trilladoras en ese condado, y que el principal motivo para usarlas era la escasez de jornaleros, algo que en tiempos de guerra cabía esperar que se notara sobre todo en los distritos costeros (Stevenson 1812). Para respaldar esta relación, recopilamos datos detallados de periódicos históricos que anunciaban ventas y arrendamientos agrícolas –más de 20.000 artículos–. Cada vez que uno mencionaba una máquina ahorradora de mano de obra, la geolocalizábamos y la incorporábamos a nuestra base de datos. La asociación positiva entre reclutamiento y adopción de maquinaria resulta llamativa (Figura 3).
Figura 3: Mapa de máquinas ahorradoras de mano de obra mencionadas en anuncios de periódicos históricos (izquierda) y binscatter de máquinas frente al logaritmo del reclutamiento total per cápita (derecha). Fuentes: British Newspaper Archive, Dancy (2015) y listas de reclutamiento, Censo británico de 1801.

Aguas profundas y la Royal Navy
Correlación no es causalidad, y es posible que la tecnología se hubiera adoptado igualmente sin que el reclutamiento la causara. Las máquinas que sustituían mano de obra podrían haber desplazado a trabajadores rurales, empujándolos a alistarse –invirtiendo así la dirección de la causalidad–. O un tercer factor, como la proximidad a centros urbanos, podría haber impulsado a la vez un mayor reclutamiento y una adopción más rápida.
Para avanzar, nos centramos en el reclutamiento naval, que a la vez era masivo y se veía condicionado por límites naturales. Durante las guerras napoleónicas, la Marina se enfrentó a lo que Dancy (2015) llama un “problema aritmético”: aunque podía recurrir a los marineros de los barcos mercantes, estos no eran suficientes. Para cubrir el hueco, la Marina reclutó a cientos de miles de “landsmen” (hombres de tierra) sin experiencia –quizá hasta 280.000–.
El reclutamiento naval estaba condicionado por la geografía. La Royal Navy no contaba con una oficina central de personal que reclutara y asignara hombres. Cada capitán reunía su tripulación como podía, buscando voluntarios, reclutando por la fuerza a marineros de buques mercantes de paso o recurriendo a los centros del Impress Service. Para que un inglés estuviera expuesto al reclutamiento naval, la ubicación importaba: los mayores buques de guerra –navíos de tres cubiertas erizados de cañones– necesitaban aguas profundas para fondear. Aprovechamos este hecho como instrumento: dentro de una franja estrecha de tierra situada a menos de 15 km de la costa británica, la distancia a las aguas profundas predice el reclutamiento naval, pero no guarda relación con otras características económicas locales.
Esto genera una variación prácticamente aleatoria: tómense dos “hundreds” (demarcaciones históricas) de Norfolk, Clackclose y Smithdon, separados por solo 32 km, ambos en tierras costeras fértiles cerca del río Great Ouse. En 1801, cada uno tenía alrededor de 1.000 habitantes, en su mayoría trabajadores rurales. Eran similares en todas las características observables. Con una excepción: Smithdon da a las aguas profundas de East Anglia, mientras que Clackclose se asienta en las aguas poco profundas del estuario del Great Ouse, dieciséis veces más alejado de aguas profundas. La Royal Navy reclutó en Smithdon pero no en Clackclose, lo que se tradujo en un mayor desequilibrio de género (1,05 frente a 1,00 mujeres por hombre) y el doble de máquinas ahorradoras de mano de obra (14 frente a 7).
Nuestra estrategia de variables instrumentales generaliza esta lógica a toda la muestra costera. Duplicar el reclutamiento se traduce en una máquina adicional. Dado que la profundidad del lecho marino no guarda relación verosímil con la dinámica del mercado laboral local en zonas costeras por lo demás similares, el vínculo entre reclutamiento, escasez de mano de obra y adopción tecnológica es, con toda probabilidad, causal.
El papel de los mecánicos cualificados
¿Bastaba la escasez de mano de obra para que Gran Bretaña despegara? Las máquinas podían sustituir a los hombres que combatían contra Napoleón, pero alguien tenía que construirlas y mantenerlas. Para medir el papel de los mecánicos cualificados, contamos cuántos jóvenes se formaron como aprendices de fabricantes de molinos, carreteros y relojeros en los años previos a las guerras. Estos aprendices adquirían las habilidades mecánicas esenciales para construir la maquinaria compleja que estudiamos: su presencia, en teoría, debería facilitar la adopción tecnológica.
Y esto es justamente lo que encontramos: las zonas con al menos un mecánico adoptaron significativamente más maquinaria que aquellas sin ninguno (Figura 4, izquierda). Más aún, estos mecánicos también amplificaban el efecto del reclutamiento sobre la adopción (Figura 4, derecha): en las zonas con mecánicos cualificados, la escasez de mano de obra propició una adopción mucho mayor que en las zonas sin ellos. En suma, la escasez laboral y la abundancia de mano de obra cualificada impulsaron ambas el progreso tecnológico y, de hecho, se reforzaron mutuamente.
Figura 4: Adopción de maquinaria según tres categorías de presencia de mecánicos (izquierda) y binscatter de la adopción frente al logaritmo del reclutamiento per cápita, según presencia de mecánicos (derecha). Fuentes: British Newspaper Archive, Censo británico de 1801, Dancy (2015) y listas de reclutamiento, registros de tasas de aprendices.

Conclusión
¿Por qué se industrializó Inglaterra? Nuestra investigación se inspira en lo que los contemporáneos vieron y escribieron: un gigantesco conflicto militar, que se prolongó durante casi un cuarto de siglo, absorbiendo enormes cantidades de mano de obra, provocó escasez laboral. Los empresarios, ante la falta de brazos y unos salarios elevados, recurrieron a la maquinaria para mantener la producción. Este patrón se manifestó con claridad en la agricultura. Se difundieron máquinas capaces de hacer en pocas semanas el trabajo que a varios hombres les habría llevado meses. El nexo entre escasez de mano de obra y mecanización no fue exclusivo de la agricultura. Y sin habilidades mecánicas, ninguna máquina nueva podría haberse adoptado.
Nuestros resultados apuntan a una interpretación unificada de la Revolución Industrial británica. La escasez de mano de obra y la abundancia de cualificación se complementaron para impulsar la difusión tecnológica. Estas fuerzas ya operaban antes de las guerras revolucionarias y napoleónicas: durante el “largo siglo XVIII”, Gran Bretaña estuvo en guerra un año de cada tres. La escasez de mano de obra que eso provocó produjo una adopción masiva de maquinaria ahorradora de trabajo, lo que facilitó la liberación de mano de obra rural hacia las ciudades e impulsó la productividad británica a largo plazo.
¿La lección? Los gobiernos deberían dejar de preocuparse y aprender a valorar la escasez de mano de obra. La escasez laboral y los salarios altos pueden ser un estímulo para la economía, siempre que existan las habilidades y el capital necesarios para adoptar nueva maquinaria. Es el manual de la primera “Gran Fuga” del mundo respecto de la pobreza, el hambre y la muerte prematura.
Bruno Caprettini es profesor de historia económica en la Universidad de San Galo (Suiza).
Alex Trew es profesor de economía en la Universidad de Glasgow.
Hans-Joachim Voth es el director científico del UBS Center for Economics in Society y profesor de economía en la Universidad de Zúrich.
Referencias
Allen, R. C. (2009), The British Industrial Revolution in Global Perspective, Cambridge University Press.
Dancy, J. R. (2015), The Myth of the Press Gang, Boydell & Brewer.
Kelly, M., J. Mokyr, y C. Ó Gráda (2023), “The Mechanics of the Industrial Revolution”, Journal of Political Economy 131(1): 59–94.
Mokyr, J. (2021), “The Holy Land of Industrialism”, Journal of the British Academy 9: 223–47.
Stevenson, W. (1812), General View of the Agriculture of the County of Dorset, McMillan.
Tuke, J. (1800), General View of the Agriculture of the North Riding of Yorkshire, McMillan.
Van Herck, K., A. Kiss, y A. Turrini (2026), “The Rise and Fall of EU Labour Shortages”, VoxEU.org, 26 de marzo.
Voth, H. J., B. Caprettini, y A. Trew (2026), “Fighting for Growth”, CEPR Discussion Paper 21548 (de próxima publicación en la American Economic Review).
Este artículo se basa en el Discussion Paper 21548 de CEPR, “Fighting for Growth” (de próxima publicación en la American Economic Review).
Publicado originalmente en Vox-EU.
Traducción de Daniel Gascón.