Espliego, que no faneca (VII)

En la penúltima entrega de esta serie veraniega se descubren al menos dos cosas: el auténtico peligro de Marsella y el secreto para dar buenas clases.
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¿Qué pasa, Aloma?

Hace un rato me he cruzado con un carrito doble de mellizos. Debían de tener ocho o diez meses, y cada uno llevaba un artilugio de quita y pon en la barra, como pequeños brazos con un remate dirigido a sus caras. Lo primero que he pensado es que eran cámaras, como las que se ponen para vigilar de cuarto a cuarto, pero qué sentido tendrían si el padre los estaba paseando. Luego me he dado cuenta de que eran pequeños ventiladores. 

Esto se lo he oído a una mujer de mi barrio, al pasar:

–Marsella es muy bonito. Lo único peligroso es cuando están juntos Belmondo y Alain Delon. 

    ¿Tú qué dices?

    Hola, hola, amiguita

    Totalmente de acuerdo con la segunda parte de la frase robada: Belmondo & Delon la cosa marsellesa más peligrosa que se me ocurre, sin contar la sangrienta canción, claro está. 

    Me imagino ahora a un señor a punto de cumplir 67 años en bici, en plena ola de calor. Va cada día en bici desde su casa, un poco en medio de la nada, hasta el pueblo, cinco kilómetros. Va a por el pan, compra la prensa, la lee mientras se toma un café y pasa por correos a ver si hay algo. Siempre hay. Te cuento eso porque tienes que saberlo para hacerte cargo de la situación: el señor pedaleando un poco apurado porque ha recogido un paquete demasiado grande. En el paquete van unas botas, marca australiana, compradas de segunda mano por internet a un tercio de su precio nuevas. Las ha comprado la hija del señor, que está en un pueblo de Teruel. Esa semana ya le ha recogido un par de paquetes, dos libros, por lo que cuando la hija le avisó de un nuevo paquete pensó que sería uno de dimensiones manejables, como los anteriores. 

    La hija, es claro, soy yo. 

    Me imaginaba a mi padre pedaleando al sol un poco como el protagonista de Le grain et le mulet, de Abdelatif Kechiche, en su carrera interminable del final de la película. Ese señor que corre siempre me hace pensar en mi padre. 

    Por cierto, se me ha roto el teléfono y tengo uno de repuesto que uso como si no fuera un smartphone, solo llamadas y sms. Me lo ha prestado mi padre. 

    Un beso

    Hola, Aloma:

    No he visto la película pero me imagino muy bien la situación que describes. Me la imagino tanto vista por alguien como Sempé, con un interesante énfasis en el hombre que pedalea apurado tratando de que no se le caiga el desmesurado paquete, dibujado en trazos limpios, humorístico y cordial, como en un esbozo al óleo en el que tardamos un poco en distinguir la figura humana entre los ocres, verdes y tostados del paisaje, que es un lugar para la ocultación.

    ¡Ojalá uses mucho esas botas que tanto esfuerzo han costado!

    El asunto del volumen y el transporte me ha hecho pensar en las maletas, en los coches llenos de cosas, en cómo aparecen pequeñas bolsitas accesorias hasta el último momento de emprender un viaje, por mucho que te haya preocupado de meterlo todo en una sola maleta, y en cómo a veces se acaba usando el mismo par de cosas solamente.

    Aprovecha que no tienes smartphone para descansar, practicar la atención, relajarte y no hacer ni caso a nada.

    Abrazos,

    Bárbara

    Querida Bárbara: 

    Me das los mejores consejos: intento hacer eso exactamente, pero no es nada fácil desacostumbrarse al estímulo constante, por vacío que sea. Lo ideal sería recuperar el teléfono en dos semanas, que es lo que dicen que le lleva al cerebro hacer hábito. No sé yo… 

    Pensando en la bici, me he acordado de Cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle, que he visto este verano dos veces, la primera sola, antes de las vacaciones y la segunda, con mi hija mayor –de las cuatro aventuras, creo que su favorita es la última. Antes vimos juntas Las noches de la luna llena pero solo yo me acuerdo de la canción “Les tarots” de Elli & Jacno. Ahora que lo pienso, quizá sea porque me puse la peli sola y ella se enganchó después. 

    Hoy he visto muchas maletas porque he ido al aeropuerto, aprovechando que mi hermana se subía a un avión, para que mi hijo mediano viera aviones. Casi a la vez que mi hermana subía al avión por la escalera, como si fuera una Beatle, los operarios cargaban las maletas de los pasajeros. No he sido capaz de reconocer la de mi hermana entre todas las demás. Salía un vuelo a Roma a las 15:50 que no me habría importado nada tomar, como en una película. En lugar de eso, hemos ido al dentista y luego he caminado por el asfalto y hemos cogido unos cuantos libros que tenemos en la que era nuestra casa y en un local. Cómics y cómics mi hija mayor, cuadernos la pequeña y un libro de animales el mediano. Yo he cogido unos cuantos pensando en las clases que voy a dar en Madrid en otoño. ¡Para eso me compré las botas!

    P.D.: Mirabelle –la actriz que hace de ella me parece la chica más guapa del mundo mundial– es también el nombre de una ciruela. 

    ¡Oye, pero esas clases van a ser fenomenales, si tienes unas botas especiales para darlas!


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