El líder del Frente Amplio

El juego de la silla se ha convertido en los juegos del hambre. Sánchez ha ocupado el espacio a su izquierda.
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Dos de las características principales del Frente Amplio son que no es un frente sino una retaguardia y que es muy estrecho: no hay sitio para todos.

Otras veces se intentaban presentar las trifulcas desde un punto de vista ideológico; se hablaba incluso de las teóricas discrepancias. Exigía un esfuerzo titánico descubrir las distancias doctrinarias y no digamos atribuirles algún efecto sobre las disputas. A menudo resultaba útil aplicar un poco de marxismo a los posmarxistas: en el fondo solo había una lucha por los recursos. Ahora no hay disimulo: no existe otra cosa en el fondo y en la forma, y como el resultado previsto es malo el juego de las sillas se ha convertido en los juegos del hambre.

Se puede discutir sobre los liderazgos propuestos para determinar cuál es más deprimente: la ministra de sanidad que ha tenido a los médicos en pie de guerra toda la legislatura y prefiere hablar de la presidenta de su comunidad autónoma a cualquier asunto relacionado con sus responsabilidades, el demagogo que iba a estar unos meses en el Congreso y lleva más de una década, el ministro de cultura más ridículo de nuestra historia y ya es decir, la exalcaldesa que ha tenido envidiables resultados en la cuestión de la vivienda… Pero el sociólogo Luis Miller recuerda que “lo relevante es si se presentan en Castilla y León, Extremadura y otras provincias del interior. Los liderazgos en Madrid y Barcelona no cambian nada el escenario”.

Pedro Sánchez ha ido hacia la izquierda porque es donde podía encontrar votos: a ese lado del muro que había erigido. Con su postura sobre Israel o ante la migración (no tanto en la regularización, que es el apaño tradicional español, como en la apuesta por un modelo migratorio y la forma de presumir de él) ha tomado posiciones discursivas más cercanas a la extrema izquierda. Se lleva los votantes de sus aliados. Además, Sumar no ha mostrado ninguna autonomía: aspavientos y sumisión frente a la corrupción del PSOE o el cambio de postura ante el Sahara. Lo que podía reclamar como éxitos son éxitos del Gobierno. La inconsistencia te la toleran mejor cuando tienes el poder que cuando eres una comparsa. A Podemos Ramón González Férriz lo definió hace mucho como operación de colocación de gente básicamente inempleable: vista la trayectoria vital y política de sus miembros, es una descripción generosa. La especulación en torno a los líderes, en fuerzas que hablan de la España diversa y que sueñan coaliciones incoherentes, recuerda a la burbuja de políticos y periodistas que se generó en torno a Sumar: es una reunión de notables aterrados por dejar de serlo.

Como sugieren las negociaciones para presentar una candidatura conjunta de izquierdas en el Senado -un experimento que, recuerda José Ignacio Wert, salió mal en 2000-, en realidad el candidato del Frente Amplio es Pedro Sánchez.

Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.


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