El 30 de marzo de 1977 se celebró una reunión con quienes habían colaborado para que Vuelta existiera. Octavio Paz, su director, dictó un breve discurso para agradecer a los invitados e hizo una descripción de la joven revista, su lugar y su temple. Quienes lo acompañaron en aquel momento seguramente habrán compartido la emoción del poeta que reconoció el esfuerzo colectivo cuyo fruto fue una pequeña publicación que hacía su entrada al mundo después del difícil fin de Plural, debido al conocido “golpe a Excélsior”. El discurso, inédito hasta hoy, se encuentra en el “Archivo Consecutivo de Vuelta”, resguardado en Letras Libres, y al que tuve acceso gracias a la generosidad de Enrique Krauze. El documento original presenta varias tachaduras y enmiendas que he intentado resolver.
– Malva Flores
Señoras y señores:
El consejo de redacción de Vuelta, el secretario, la gerente y el director artístico me han encargado decir unas pocas palabras. Esas palabras pueden reducirse a dos: muchas gracias. La palabra gracia posee una gran riqueza de significados: unos aluden a cualidades físicas, como cuando nos referimos a la gracia de una muchacha al reír o al andar; otras designan fenómenos espirituales, como la gracia de Dios, sin la cual, dicen los creyentes, todos nos quemaríamos en el infierno. El beneficio que hace una persona a otra es una gracia y la mejor manera de corresponder a esa gracia es agradecerla: dar las gracias. Esto es lo que hemos querido hacer esta noche: manifestarles nuestra gratitud. Sin la ayuda de ustedes la revista Vuelta no habría podido salir.
Todos ustedes saben cómo nació Vuelta y cuáles son sus propósitos. Vuelta es ante todo y sobre todo una revista independiente. Es una publicación que guarda sus distancias con los poderes de este mundo: Estados, iglesias, partidos, bancos, sindicatos. Las instituciones que gobiernan a las sociedades contemporáneas han tejido una vasta red de burocracias, en perpetua pugna unas con las otras y cada una poseída por la ambición de la hegemonía. Nuestro siglo es el siglo de las burocracias; también es el siglo de las ideologías, que son los ídolos abstractos que adoran las burocracias. Revista independiente, Vuelta no es una revista ideológica. Amamos las ideas, desconfiamos de los sistemas y las simplificaciones. A la ortodoxia preferimos la crítica; a la uniformidad, el pluralismo. Cultivamos con la misma pasión nuestras diferencias y nuestras afinidades, pero la pasión no es sinónimo de herejía, ni la afinidad significa complicidad.
Vuelta es una revista mexicana, pero, asimismo, es una revista hispanoamericana y española. Nuestra primera lealtad es la lealtad a la lengua que hablamos. Aunque desde el primer número han colaborado con nosotros escritores argentinos, venezolanos, guatemaltecos, españoles, no estamos encerrados en nuestra lengua ni en nuestra nacionalidad. En las páginas de Vuelta puede leerse a muchos grandes escritores de otras lenguas –franceses, italianos, norteamericanos, alemanes–. Nosotros reclamamos para nuestra revista una palabra que, en algunas partes, se ha convertido en un insulto: la palabra cosmopolita. Fue inventada por los estoicos y posee una doble universalidad: la universalidad que traspasa las fronteras –la patria del cosmopolita es el mundo– y la universalidad que traspasa las clases: entre los grandes estoicos uno, Marco Aurelio, fue emperador y otro, Epicteto, esclavo.
Revista independiente, revista crítica, revista mexicana y abierta a las corrientes de nuestro mundo y de nuestro siglo, Vuelta es ante todo una revista literaria. Y aquí quisiera una vez más hacer una pequeña aclaración. Con frecuencia oigo decir, desde hace muchos años, que la cultura mexicana y, en general, la de los países de nuestro continente que hablan castellano y portugués es una cultura subdesarrollada. La palabra “subdesarrollada” pertenece a la economía y a la sociología; es un eufemismo inventado en las naciones avanzadas para designar a los países que antes se llamaban atrasados, pobres y con una industria nula o incipiente. Pero este concepto del subdesarrollo, cómodo quizá en materia económica, es inadecuado en materia literaria. No es posible llamar escritores subdesarrollados a Reyes, Borges, Neruda, Gorostiza, Villaurrutia o Vallejo, por marginal o mala que sea la situación de Argentina, Chile, Perú o México. Tampoco puede llamarse subdesarrollada a la pintura de un Matta, un Lam o un Tamayo. La prisa por desarrollarse, por lo demás, me hace pensar en una desesperada carrera por llegar más pronto que otros al infierno.
El panorama de México no es siempre alentador, pero la existencia de Vuelta es un síntoma positivo, un signo de madurez. La campaña para sacar Vuelta terminó en una victoria gracias a la generosidad de ustedes y a la amistad de nuestros lectores. Celia Chávez de García Terrés fue la generala que dirigió la campaña, secundada por un brillante y activo Estado Mayor. Olga y Rufino Tamayo nos prestaron una ayuda precisa. Lo mismo debo decir de Esther Seligson, Ulalume González de León, Carlos Fuentes, Carlos García Ponce, Miguel Cervantes y tantos y tantos otros más. Imposible mencionarlos a todos. No es necesario, por otra parte. Lo más emocionante de este pequeño experimento social que ha sido Vuelta fue haber descubierto en este mundo dominado y minado por los intereses y las ideologías el gran tesoro de la amistad desinteresada.
De nuevo a todos y a cada uno en particular: ¡gracias! ~