¿A dónde vamos ahora?

¿A dónde vamos ahora? no es una película sentimental o trágica sino una entretenida comedia con vaivenes dramáticos y algunos desafortunados números musicales.
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Como directora, la libanesa Nadine Labaki nunca tuvo dudas sobre qué sistema de depilación era mejor para contar historias: desde su primer largometraje supo que entre la cera, el laser o el tradicional “caramelo”, éste último método de azúcar, agua y limón —tan popular en Medio Oriente—era el leitmotiv ideal para narrar la cosmovisión y solidaridad entre diferentes mujeres que coinciden en salón de belleza.

Premiada en el Festival Internacional de San Sebastián, Caramel  (2007) fue bien recibida por la crítica y convirtió a la entonces célebre directora de videos en una promesa de la filmografía libanesa. Su mirada tragicómica sobre los problemas femeninos —tan universales como el miedo a la vejez, la represión sexual, la virginidad o el adulterio— situado en un contexto libanés se sumó a la oferta cinematográfica de aquel país, que generalmente se centraba en películas de corte político.

Sin embargo, al terminar el rodaje de Caramel la esperanza de paz se esfumó y estalló la Guerra de Líbano de 2006. “Me sentí inútil —cuenta Nadine Labaki en una entrevista con El País— y con algo de culpabilidad por haber rodado un filme que no hablaba de la guerra, sino de mujeres, de color, de aliento”. Quizá por ello, en su segundo largometraje, Nadine buscaría unificar esas dos visiones: una reflexión sobre el conflicto religioso, pero conservando la mirada femenina que había caracterizado a su película anterior.

¿A dónde vamos ahora? (2011) es el resultado de esta fusión. Aunque el suceso para concretar la historia—como lo asegura Labaki— fue su embarazo y la inevitable pregunta de hasta dónde llegaría una madre para evitar que su hijo empuñara un fusil, ¿A dónde vamos ahora? no es una película sentimentalista o trágica sino una entretenida comedia con vaivenes dramáticos y algunos desafortunados números musicales que narra las aventuras y estratagemas de un grupo de pueblerinas cristianas y musulmanas para lograr apaciguar los ánimos de sus maridos y distraerlos del enfrentamiento religioso. 

Al igual que en Caramel, el elenco de ¿A dónde vamos ahora? está formado en su mayoría por actores no profesionales y en ambos filmes, la propia Nadine Labaki ocupa un papel protagónico. En este caso, como Amale, una ¿viuda? cristiana, dueña del café del pueblo que sirve como cuartel general para este decidido escuadrón de mujeres.

Producida por la francesa Anne-Dominique Toussaint y con música del actual esposo de Labaki, Khaled Mouzannar (quienes también trabajaron con la directora en Caramel), ¿A dónde vamos ahora? fue filmada en tres pueblos distintos: Taybeh, Douma y Mechmech, siendo el primero de éstos una comunidad cristiana y musulmana en donde la mezquita, al igual que en la cinta, está junto a la iglesia.

A pesar de estar llena de humor y situaciones cómicas ¿A dónde vamos ahora? sostiene un discurso reivindicativo que Nadine Labaki no desea esconder ni responder —como el título lo sugiere—de una manera categórica. Su película defiende abiertamente la idea de que pese a las disputas religiosas hay un elemento de unión —el amor filial— que sobrepasa cualquier diferencia.  

Como solución política, las estrategias de estas mujeres nos pueden parecer —o no— absurdas e inocentes. Cinematográficamente hablando, los milagros fingidos, los bocadillos con hachís y somníferos o la contratación de unas strippers ucranianas, entre otras artimañas que Amale y sus amigas ponen en marcha para lograr la paz en su comunidad, funcionan porque abordan la gravedad del problema desde el humor blanco y la complicidad jocosa, fantasiosa y parlanchina de una tropa de mujeres que se niegan a seguir enterrando a sus muertos en un cementerio dividido, pero unido por la calamidad.