Battleship

La más reciente entrega de Peter Berg es, entre otras cosas, el testimonio de un idilio con la Marina
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En su libro Operación Hollywood, el periodista David L. Robb da cuenta de la larga relación –que va de la colaboración a la complicidad– que ha existido en Estados Unidos  entre productores cinematográficos y fuerzas armadas. El Pentágono tiene una oficina cuya labor consiste en revisar los guiones que se le presentan y autorizar o negar el material de archivo o equipo bélico que se le solicita. El autor consigna numerosos casos en los que se ha condicionado –o negado– la ayuda, principalmente porque la imagen de los militares que los textos presentan no se ajusta a la que El Pentágono busca difundir. En la lista figuran blockbusters como Top Gun (1986),Armageddon (1998) yPearl Harbor(2001), por sólo mencionar algunos proyectos de Jerry Bruckheimer. Esta censura explica, parcialmente al menos, la postura acrítica de una buena parte de las películas que involucran a la milicia y sus labores, y que a menudo el cine bélico norteamericano termine por ser un vehículo propagandístico. Battleship (2012), la más reciente entrega de Peter Berg, no es la excepción, y presenta un idilio de película con la Marina.

Como Transformers (2007), el origen de Battleship está en la juguetería (en mercancías de la misma marca, además), en un juego de mesa en el que cada adversario ubica sus naves en un tablero y busca adivinar las coordenadas donde están las del rival para “hundirlas”. Como aquélla, el asunto pasa por una invasión extraterrestre, con la diferencia de que aquí la humanidad no recibe la ayuda de alienígenas tropas amigas. Todo inicia cuando la NASA encuentra un planeta de condiciones similares a la Tierra. Envía entonces un mensaje, y la respuesta llega bajo la forma de una flota de naves hostiles. Mientras tanto, la Marina norteamericana realiza maniobras con naves de otros países. Una de ellas es comandada por Alex Hopper (Taylor Kitsch), un tipo indisciplinado cuyo mal comportamiento está a punto de costarle la expulsión. Pero la invasión de marras le da la oportunidad de poner en acción su potencial, encabezar la resistencia y conquistar a la chica bella.

Berg había tenido un desempeño éticamente cuestionable en el thriller bélico The Kingdom (2007), en la que a partir de eventos reales realiza una estrafalaria fantasía al estilo Rambo (1982) que anunciaba que fuerzas especiales –aquí del FBI– eran capaces de resolver un atentado terrorista con presteza y solvencia (acciones que hacen pensar en las que luego realizaría el comando que asesinó a Osama Bin Laden). Ahora concibe un homenaje a la Marina, y es posible atestiguar la veneración con la que el cineasta registra cada uno de los barcos que intervienen, a los que presenta con nombre y apellido y mediante sobrevuelos que dan cuenta de su poder. Tan portentosas máquinas de guerra son tripuladas por hombres valientes que visten de blanco y obedecen ciegamente la jerarquía así como los códigos de conducta que tan bien conocemos por las tantísimas películas bélicas que hemos visto. El mensaje, como en Transformers, es claro: llegado el momento, no faltará el sujeto de inteligencia media que será capaz de asumir el liderazgo que es necesario para enfrentar la adversidad, para organizar a las tropas y dar las indicaciones justas en el momento justo. En Battleship hay un pasaje penoso pero elocuente en el que un marino paralizado por el miedo solicita al “esperanzador” Hopper: “Deme una orden, señor, no sé qué hacer”.

Battleship es la clásica película veraniega que apuesta por el espectáculo más que por la sustancia (y por ello cabe tan bien en el formato 4DX, que ofrece un excelente dispositivo distractor y ha llevado la feria al cine: ha convertido la sala en un parque de diversiones). Los efectos visuales y sonoros son, al lado de la Marina, los protagonistas principales de la cinta. No cabe esperar, así, comentario alguno alrededor de las implicaciones que se pueden esbozar en caso de que haya vida en otros parajes del universo, o sobre la constante idea de dar a los alienígenas formas humanoides y bélicas intenciones; de hecho en algún momento el líder comenta sobre los invasores: “Les diré algo chicos: esto es un misterio”. Tampoco hay que esperar apuntes sobre la obligatoriedad de seguir rígidos modelos institucionales, como los de la milicia, para alcanzar un lugar o éxito en este mundo. Al final el desarrollo de la trama es predecible y la acción es filmada de forma rutinaria, por lo que el espectáculo es más bien insulso. Berg entrega otra acrítica cinta propagandística que es pertinente lo mismo para recaudar millones en taquilla… que candidatos al alistamiento.