Bob Dylan & Billy “the Kid”

¿Qué ocurrió durante el rodaje de Pat Garrett and Billy the Kid, la colaboración entre Sam Peckinpah y Bob Dylan?
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El 20 de enero de 1973 Bob Dylan pisó un estudio de grabación en la ciudad de México por única vez. El novelista Rudy Wurlitzer había escrito un guión para Sam Peckinpah y, al ser amigo de Dylan, logró involucrarlo en el proyecto. Dejó Nueva York para mudarse, con su mujer y cinco hijos, a Durango, para componer la banda sonora de la película y participar también como actor. Una árida experiencia para todos los involucrados.

La carrera de Peckinpah se disparó a partir del éxito de The Wild Bunch en 1969. La década siguiente lo vio evolucionar y desaparecer junto con el género al que le dedicó su vida: el western, que tiene en Sam Peckinpah a su último profeta, un hombre que no salía de su casa sin una botella de whisky y una pistola. El guión de Pat Garrett & Billy the Kid está basado en dos figuras históricas del viejo oeste, dos amigos que se ven forzados a pelear entre sí como consecuencia del fin de una era. A Pat Garrett lo contratan como alguacil bajo la orden de correr a William Bonney del estado de Nuevo México en 1880. Billy tiene cinco días para correr antes de que Garrett se haga cargo de su nuevo puesto. La pesquisa deja muertos por todas partes, y obliga a uno de ellos a sacrificarse para detener una masacre generalizada. Una trama sencilla con personajes poco complejos, como lo dictan las reglas del género.

Varias leyendas se desprenden del rodaje: el director alcohólico que se mea en la pantalla al ver que lo que filmó hace apenas unos días está fuera de foco; el recluso icono del rock cuya familia se desmorona junto con la película; la riña entre el estudio hollywoodense y Peckinpah, quien lucha por mantener el control creativo mientras se pasa de presupuesto y atrasa el rodaje; la rivalidad entre el cineasta y el músico; la victoria de MGM sobre el director que resulta en una versión fallida, restituida quince años más tarde con un corte que Peckinpah no llega a ver (muere de un ataque al corazón en 1984). En realidad, cuando a Peckinpah le sugieren incluir a Dylan en el proyecto tiene una idea vaga de ese nombre. Lo recuerda porque sus hijos solían escucharlo. No conoce su música y no tiene idea de su popularidad. Dylan lo conquista cuando interpreta para él lo que compuso luego de leer el guión, y accede a incluirlo como Alias, uno de los forajidos que cabalga con Billy. Su personaje, como él, habla poco, y es el único que no trae pistola. En el set, el magnetismo que implica la figura de Dylan pone a Peckinpah en guardia. Cuando el músico vuela al Distrito Federal para grabar parte de la banda sonora, lo acompañan Kris Kristofferson —Billy the Kid—, James Coburn —Pat Garrett— y Rudy Wurlitzer, así que ese mismo día el cineasta ofrece una función de The Getaway, su última cinta, con la esperanza de retenerlos en Durango, y agenda una reunión general para el día siguiente que los obligaría a regresar antes de lo planeado, pero no dan su brazo a torcer. Estar presentes en la grabación es más importante que la presentación de una película, un hecho desagradable para un director acostumbrado a ser el centro de atención.

En el reparto están también Jason Robards y Harry Dean Stanton, así como Katy Jurado y Emilio "el indio" Fernández, quien un año después aparecería también en una suerte de lado B cinematográfico: Bring Me the Head of Alfredo García, rodada meses después en la misma zona pero con mucho menos presupuesto y un equipo de producción mexicano, con Isela Vega, de nuevo Kris Kristofferson y Alex Phillips Jr. como fotógrafo. Una obra de culto que bien puede ser vista como la madre de prácticamente toda la filmografía de Robert Rodríguez.

No es difícil imaginar lo que sería Pat Garrett & Billy the Kid sin esa música para levantarla. Basta con revisar la obra de Peckinpah, en la que los balazos, el trago y los diálogos duros acaparan la acción y las mujeres sólo sirven como prostitutas, y compararla con esta, quizá su mejor film junto con The Wild Bunch. La violencia y el alto nivel de testosterona se dulcifican con los acordes que se funden con los innumerables asesinatos, además de ser un constante recordatorio de la amistad que une a los protagonistas. Garrett hace lo posible por aplazar el encuentro con su viejo amigo. Billy huye pero no soporta la matanza de sus allegados por culpa suya, y regresa. Comparten la pantalla al principio y al final. La música funciona entonces como vínculo, es un puente emocional entre dos hombres separados por las circunstancias.

Ni la película ni el disco fueron bien recibidos en su tiempo, la primera debido a la reedición por parte del estudio, el segundo porque la crítica esperaba algo más. Pensaba en un nuevo disco de Bob Dylan y no en una banda sonora de acompañamiento. El disco, en su mayoría instrumental, fue editado con versiones distintas a las usadas en la cinta. El estudio lanzó una versión de la película que decepcionó a críticos, al elenco y al equipo de producción en general, incluido Dylan, que había compuesto piezas para secuencias específicas que no fueron respetadas. MGM hizo de Pat Garrett & Billy the Kid un desastre. El elemento más trascendente de aquella empresa fue y sigue siendo "Knockin' On Heaven's Door", un punto clave en la obra de su autor, a la postre tan popular como algunas de sus composiciones de principios de los sesentas.

Hoy hay tres versiones de la película: la de 106 minutos de MGM, la de 122 minutos (la restauración de 1988) y la de 111 minutos para la edición especial en DVD de 2005. La primera, al parecer, es mejor olvidarla. La segunda es la más cercana en duración a la de Peckinpah, y está disponible también en la edición especial en DVD. La tercera es la más común en la red y dice respetar los deseos originales del director, un hecho dudoso puesto que la versión que él editó era de 124 minutos.

En 1992 Kristofferson fue el conductor del concierto de aniversario por los treinta años de carrera de Dylan, un extraño reencuentro entre Billy the Kid y Alias. En I'm Not There, la película de Todd Haynes sobre la vida y obra de Dylan, Richard Gere interpreta a un Billy envejecido, como si hubiera burlado a la muerte. Desde la versión restaurada, Pat Garrett & Billy the Kid ha recuperado su lugar en la historia, y aunque aún hay opiniones encontradas, su valor cinematográfico no está en duda. Y lo mismo sucede con la banda sonora, un raro paraje entre los discos de Dylan, sutil y melancólico. Está dedicado a Sam Pekinpah.

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