“Pluribus” y el enjambre extraterreste

La serie creada por Vince Gilligan toma la vieja premisa de los usurpadores de cuerpos y le da un giro distópico acorde con los tiempos de la inteligencia artificial.
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“Lo que no beneficia el enjambre, tampoco beneficia a la abeja”, escribió hace más de 1,800 años el emperador filósofo Marco Aurelio en sus muy citadas y expoliadas Meditaciones (c. 180). Ignoro si el exitosísimo guionista, director y productor televisivo Vince Gilligan (multipremiado creador de Breaking bad, 2008-2013, y Better call Saul, 2015-2022) es un lector del célebre gobernante y pensador estoico pero, en todo caso, los extraterrestres que han invadido nuestro planeta en el primer episodio de su serie televisiva Pluribus (E.U., 2025) podrían haber firmado aquel apotegma radicalmente comunitario y anti individualista.

De hecho, en el tercer episodio de la serie, cuyos capítulos se están estrenando semanalmente cada viernes en Apple TV, la misántropa protagonista, la escritora de bestsellers “romántico-especulativos” Carol Sturka (Rhea Seehorn, perpetuamente exasperada), se dirige a uno de los siempre amables extraterrestres preguntándole cuánto tiempo le falta a ella para transformarse en una “abeja obrera”. En efecto, para la siempre molesta y nunca satisfecha escritora de la muy rentable saga corsaria Wycaro (que ella misma califica como “puras tonterías sin sentido”) el mundo, ese caótico enjambre del que forma parte, se ha transformado en un auténtico infierno.

Y es que de algún lugar a 600 años luz de distancia ha llegado a nuestro planeta un virus mucho más contagioso que el covid-19 que, después de provocar unos breves ataques epilépticos a cada individuo expuesto, lo transforma en una persona completamente distinta. O, para ser precisos, los contagiados dejan de ser personas individuales para convertirse en “abejas obreras” de un idílico enjambre global en el que cada una de ella colabora con la otra, cada una de ellas sabe lo que saben las demás y cada una es incapaz de dañar a la otra. Por si fuera poco, en este nuevo planeta-colmena no hay desacuerdos, no hay crímenes, no hay peligros de ninguna especie y, por lo mismo, se pueden ahorrar grandes cantidades de energía pues, ¿para qué se necesitan las luces encendidas de toda una ciudad cuando no hay posibilidad de que se comentan delitos por la noche?

¿No es esto el paraíso sobre la tierra? Para Carol, es todo lo contrario. Desde el punto de vista de la escritora siempre amargada, no puede haber algo peor a que todo funcione perfectamente, que no haya discusiones de ningún tipo y que todo mundo quiera complacerla. A medio camino entre el neurótico citadino Woody Allen de Dos extraños amantes (1977) y el insoportable narcisista Bill Murray de Hechizo del tiempo (Ramis, 1993), Carol Sturka es uno de los personajes más exasperantes que hayan aparecido en los últimos años. Incapaz de disfrutar ni siquiera de sus propios triunfos, alternando siempre entre la anhedonia y la soberbia, Carol resultará, por esto mismo, la heroína perfecta para enfrentarse a la mayor amenaza que ha tenido la humanidad desde su aparición: la felicidad absoluta y la ausencia de todo conflicto.

Escrita por el propio creador Vince Gillian –quien dirige además los dos primeros episodios–, Pluribus parte de una premisa similar a la de la seminal novela de ciencia ficción paranoica Los ladrones de cuerpos (1955), adaptada cinematográficamente en cuatro ocasiones, la más memorable por Philip Kaufman en Los usurpadores de cuerpos (1978). La novela original, escrita por el prolífico autor Jack Finney (1911-1995), sirvió inicialmente como una aguda representación de la amenaza exterior comunista en plena Guerra Fría, tal como se presenta en la primera versión cinematográfica, Muertos vivientes (1956), de Don Siegel. Sin embargo, en las subsecuentes reinterpretaciones la idea de Finney fue reimaginada a partir de distintas perspectivas. Así, en la ya mencionada versión de Kaufman, en los convulsos años setenta, el remplazo de los seres humanos no viene de fuera, como alegoría de la temida invasión comunista, sino como una suerte de reflexión crítica sobre una sociedad neutralizada y adormecida por el consumismo, los medios de comunicación y la complacencia social. En el siguiente remake, Secuestradores de cuerpos (1993), de Abel Ferrara, la invasión es más difícil de detectar, pues no inicia en un pequeño pueblito de California, sino en una base militar en Alabama: ¿cómo detectar si alguien ha perdido su humanidad y su conciencia si, de antemano, pertenece a un cuerpo tan disciplinado como el ejército de los Estados Unidos?

En este sentido, esta nueva versión no oficial de la historia original de Finney, repensada por Vince Gillian, no tiene tanto un significado político sino uno existencial. En tiempos en los que la tecnología ha invadido todos nuestros espacios de convivencia, incluso los más privados, con el único fin de complacernos, y cuando nosotros mismos le hemos brindado una inexpugnable potencia alétheica a esta misma tecnología a través de la cada vez más invasiva y amenazante inteligencia artificial, la idea de que todos podamos compartir la misma conciencia ya no es una especulativa pesadilla política orwelliana, sino una realidad distópica cada vez más cercana.

En este sentido, el “enjambre” alienígena que nos quiere convertir a todos en laboriosas abejas obreras salidas de las milenarias reflexiones estoicas de Marco Aurelio no puede tener un enemigo más feroz y determinado que Carol Sturka quien, en el más reciente episodio estrenado de Pluribus, el quinto, parece estar más cerca de descubrir de qué manera se alimenta ese virus… ¿Un guiño a otro filme de ciencia ficción amenazante, el clásico Cuando el destino nos alcance (1973), de Richard Fleischer? Ya veremos. Por lo pronto, al lado de Carol levanto el puño para gritar: ¡amargados del mundo, uníos!  ~


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