Un gigante ensimismado

Pocas lecciones chinas para el resto del mundo
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Hace unos días, en un congreso en la provincia de Guangxi, en el sur de China, conversé con el editor de la empresa china que ha publicado las traducciones de dos de mis libros. Estaba muy contento con los resultados de mi Desigualdad mundial en China (lo que, siendo realistas, probablemente significa unos pocos miles de ejemplares vendidos) porque, según dijo, “al público chino solo le interesa China. No quiere leer libros sobre otros países y el resto del mundo”. Y, en efecto, añadió, los autores chinos escriben casi exclusivamente sobre China.

Como muchos comentarios que hace alguien que sabe más del tema que nosotros –pero que expresan exactamente lo que quizá llevábamos mucho tiempo pensando–, me impresionó: es algo que yo, y estoy seguro de que muchas otras personas, había notado.

Repasemos la cosecha más reciente de libros sobre China, de diversas orientaciones ideológicas, que se han hecho muy populares en Estados Unidos: Chen Jian (con Odd Arne Westad), The Great Transformation: From Revolution to Reform*; Yasheng Huang, The Rise and Fall of the EAST*; Tongdong Bai, Against Political Equality*; Lin Chun, Revolution and Counterrevolution in China*; Yuen Yuen Ang, China’s Gilded Age*; Ho-fung Hung, The China Boom: Why China Will Not Rule the World*; Dan Wang, Breakneck: China’s Quest to Engineer the Future; Chen Jian, Zhou Enlai: A Life. He incluido algunos libros que he reseñado en mi Substack (señalados con asterisco) y unos cuantos más. Lo que se observa fácilmente es que en todos los casos los autores son chinos o de origen chino. Hay, al mismo tiempo, cientos de libros sobre China escritos por autores estadounidenses (sin ascendencia china). Pero lo que parece faltar –y era en el fondo lo que implicaba el comentario de mi editor– son libros de autores chinos sobre Estados Unidos, Occidente, África o cualquier otra parte del mundo. No conozco lo bastante bien el mundo editorial chino: es obvio que esos libros deben de existir, pero sí conozco el panorama editorial en lengua inglesa, y ahí no los veo. ¿Se debe a que los editores estadounidenses no quieren publicarlos o a que ningún historiador chino se ha molestado en escribir una biografía de (digamos) Ronald Reagan o Bill Clinton como Ezra Vogel publicó una biografía de Deng Xiaoping o Joseph Torigian una de Xi Zhongxun (el padre de Xi Jinping)? ¿Por qué Jiang Zemin no escribió un libro On America como Kissinger escribió On China? (El único libro de ese tipo que parece mencionarse en los círculos estadounidenses es el del actual miembro del Politburó Wang Huning, escrito tras su estancia de un año en Estados Unidos en los años ochenta, America Against America.)

No creo que las razones principales de esto sean políticas, sino culturales. En el mundo académico todos hemos sido testigos de un aumento espectacular del número de artículos sobre la economía, la política y las relaciones internacionales de China en muchas revistas. Yo debo de haber evaluado al menos cinco en los últimos doce meses. Los escriben personas de procedencias diversas, incluidos por supuesto muchos chinos, pero lo que de nuevo llama la atención cuando uno lee el currículum de esos autores chinos es que –con pocas excepciones– solo escriben artículos sobre China. No creo que una investigación empírica sobre esa concentración en el propio país desmintiera mi impresión anecdótica.

Entonces, como antes, la pregunta es: ¿por qué? En principio hay, creo, dos posibilidades. A los autores chinos (como decía mi editor) no les importa mucho el resto del mundo. Puede ser un vestigio de un par de milenios de historia en los que la interacción de China con el resto del mundo se limitó a la recepción de tributos formales y a algo de comercio. No se mostraba mucho interés por los demás (el ejemplo más famoso: ni siquiera en el gran viaje emprendido a mediados del siglo XV). O podría deberse también a la falta de confianza para hablar de los otros por un conocimiento insuficiente (que a su vez puede deberse a un interés insuficiente). Pero esa segunda hipótesis no se sostiene en el caso de los numerosos autores de origen chino que llevan décadas viviendo en Estados Unidos y otros lugares y que probablemente conocen esos países mejor que la mayoría de los ciudadanos “nativos”.

Y con esto llego a lo esencial: ese ensimismamiento limita la influencia ideológica de China en el resto del mundo y su poder blando. Este ha aumentado sin duda con el éxito económico chino, pero en ese terreno el país sigue “muy por debajo de lo que correspondería a su peso (económico)”. Compárese el ascenso explosivo de los vehículos eléctricos fabricados en China con el aumento del poder blando chino: ¿vemos ahí una tendencia parecida? Sí, hay algunas mejoras, reflejadas en las nuevas políticas de exención de visados para países europeos y, por tanto, más turistas; un mayor número de estudiantes extranjeros en China; el llamado Chinamaxxing entre algunos grupos de jóvenes en Estados Unidos; el éxito de películas chinas (por ejemplo, las de Jia Zhangke; mi favorita es la última escena de Caught by the Tides) y de telenovelas. Pero todo eso es muy modesto para un país que produce casi una cuarta parte de la producción mundial. Desde luego no “produce” una cuarta parte de la cultura o de la actividad intelectual del mundo (si esta última se define como libros influyentes, de ficción y no ficción, política, historia; cine, artes plásticas, música, teatro, etcétera).

Paradójicamente, es posible que China tuviera más poder blando cuando seguía las políticas autodestructivas de la Revolución Cultural maoísta. Aunque el maoísmo nunca estuvo bien definido ni fue una ideología global, tuvo seguidores en todo el mundo, desde los jemeres rojos en Camboya y los naxalitas en la India hasta Sendero Luminoso en Perú y la Nueva Izquierda en Europa. La cuestión no es que esos seguidores fueran “buena gente”; la cuestión es que el poder ideológico de China (aunque no se ejerciera para el bien) quizá fuera mayor entonces que ahora.

He escrito sobre el mismo problema a propósito de la influencia de China en las políticas económicas de otros países y de la transmisión de las “recetas del crecimiento”. El enorme éxito de China no se ha traducido en un modelo que pudiera seguirse de Afganistán a Zambia sobre cómo hacerse rico en cuatro décadas. La falta de interés por el resto del mundo y la incapacidad (o quizá la imposibilidad) de resumir o traducir las lecciones del éxito chino en políticas necesarias para el crecimiento económico en general, y por tanto en otros lugares, seguirán, creo, obstaculizando y limitando gravemente el poder blando de China en los próximos años.

Apéndice: Olvidé mencionar que una parte del problema la causa un sistema educativo disparatadamente competitivo. Si eres un posdoctorando chino en economía y necesitas puntos académicos y un empleo, gravitarás de forma natural hacia las áreas en las que tienes ventaja absoluta y comparativa, de modo que tus artículos se publiquen en las cinco o diez mejores revistas. Elegirás, por tanto, temas centrados en China. Muchos investigadores chinos lo hacen, y es evidente que la estrategia funciona, porque publican en las mejores revistas. Sin embargo, eso a su vez hace que los estudiantes e investigadores chinos se interesen menos por el resto del mundo (donde no gozan de ventaja comparativa) y, en última instancia y paradójicamente, socava el poder blando global de China.

Publicado originalmente en el Substack del autor.


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