Bernardino de Sahagún y la memoria náhuatl

Un nuevo ensayo biográfico sobre el franciscano reivindica su labor “como puente entre dos mundos”.
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La colección biografías de Historia Fundamental, de la Fundación Banco Santander, acaba de lanzar Bernardino de Sahagún. Guardián de la memoria náhuatl, de Juan Miguel Zunzunegui. La obra, presentada en rueda de prensa, se explica como “un viaje a las raíces de México tras el legado del misionero que unió dos mundos”.

El franciscano (1499-1590) fue “un puente” entre esos dos mundos y también “entre un imperio que nace y uno que desaparece”. Sin Bernardino de Sahagún, sostuvo el historiador Juan Miguel Zunzunegui, “no habría sobrevivido nada de la cosmovisión náhuatl: impulsó un proyecto colectivo impresionante que permitió conocer la forma de pensar”. Tuvo importancia en la educación y sobre todo fue un “pionero de la etnografía y la antropología en América, alguien que codificó algo que no se había codificado hasta entonces”.

Zunzunegui señaló que Bernardino de Sahagún era un personaje menos conocido de lo que debería en España y que el libro no tenía muchos acontecimientos, porque lo esencial de la vida del franciscano fue su tarea: “Llegó en la veintena a lo que todavía no era Nueva España y murió allí a los noventa, se pasó sesenta años prácticamente encerrado en conventos.” Viajó con el segundo grupo de franciscanos que recogió fray Antonio de Ciudad Rodrigo tras su regreso a España.

Entre los hitos que el historiador destacó del legado de Bernardino de Sahagún fue el colegio de Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, donde dio clase. Fundado en 1536 por orden del arzobispo, fue la primera institución de educación superior de América, preparatoria para la universidad, destinada a los indígenas. En parte la institución tomaba elementos de la Universidad de Salamanca, donde había estudiado Bernardino de Sahagún, y, según Zunzunegui, fue “el primer gran experimento mestizo”.

Pero lo principal fue su labor de documentación y registro. “Bernardino entendió que se trataba de un ejercicio de ida y vuelta. Yo te enseño el trivium y el quadrivium y tú me enseñas tu lengua”. El dominio del náhuatl era imprescindible para la evangelización. Sahagún se había familiarizado un poco con la lengua durante la travesía hacia México, porque viajó con algunos de los tlaxcaltecas que había llevado Hernán Cortés a la Península. Los franciscanos debían aprender un idioma totalmente distinto al castellano y encontrar una forma de transcribirlo.

De entre sus obras, Zunzunegui destacó la decisiva Historia general de las cosas de Nueva España. Señaló también algunos problemas del franciscano con la Iglesia, como la excomunión irregular y no válida por parte de su superior, o con el Estado, como que Felipe II decidiera requisar y guardar el Códice Matritense. Y subrayó experiencias de aprendizaje como el conocimiento del herbolario. Víctima de una epidemia, atendido en el herbolario según la forma tradicional, Bernardino habría comprendido que debía “indagar primero, aprender” aquellos conocimientos.

Para ello tuvo que improvisar un método: contactar con las personas más sabias de distintas edades, desarrollar cuestionarios cuyas respuestas recogen buena parte de lo que sabemos de la cosmovisión náhuatl. En esa lengua estaba escrito originalmente, con la traducción castellana al lado, “pero pensó que debía incluir también los pictogramas, los códices”. Zunzunegui sostiene que la obra está escrita en última instancia para ellos, para que pudieran guardar la memoria, porque una cultura oral “está condenada a desaparecer”.

Lo importante, sostiene Zunzunegui, es que el impulso de Bernardino no fue una excepción, sino una regla, muestra de un fenómeno complejo y lleno de claroscuros. Aunque la labor de Bernardino de Sahagún tuvo continuadores, en una línea que cierra fray Junípero Serra, durante un tiempo este hombre que tanto se había preocupado por la memoria náhuatl cayó en el olvido. Zunzunegui también recordó las figuras de Ángel María Garibay y Miguel León-Portilla en la recuperación del legado del franciscano y en el desarrollo de la historiografía y de la antropología del mundo náhuatl.


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