Borges hecho y deshecho

Lucas Adur ha escrito una biografía de Borges monumental que quedará como un volumen de referencia.
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El autor de esta nueva biografía de Borges, el profesor Lucas Adur, dedicó su tesis doctoral a este escritor argentino y es coordinador de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. Ha escrito un libro monumental que para quienes no conocíamos en detalle la vida de Borges resulta de gran entretenimiento, y que para los más entendidos quedará como un volumen de referencia, gracias a la riqueza de sus fuentes y las múltiples informaciones que aporta. A mí, lo digo ya, me ha gustado mucho, y servirá a muchos otros lectores para tomar una postura más informada sobre algunos de los aspectos y polémicas que rodearon la vida de este escritor. No han de faltar los detractores, que encontrarán en estas páginas munición de sobra contra Borges, aunque en mi lectura he de decir que esta figura, con sus luces y sus sombras, se ha engrandecido respecto a la imagen que tenía. En todo caso, hay que explicar que esta biografía trata tanto sobre la vida de Borges como sobre su producción literaria, hasta culminar en el triunfo internacional con que concluyeron sus días. Esta, diría yo, es la principal característica del volumen, ese ir explicando en el contexto de una vida cómo aparece cada uno de los libros que Borges publicó, sin quedarse con ello en lo bibliográfico o literario, ni tampoco en lo exclusivamente biográfico. Es un equilibrio bien logrado donde Adur va describiendo el “fenómeno Borges”, desde sus ancestros británicos y su genealogía militar hasta llegar a sus últimos días en Ginebra, acompañado de María Kodama, pasando por sus años vividos en España, por su papel de impulsor de la vanguardia ultraísta, por la sucesión de amores no correspondidos o por su relación juvenil con el sexo y los burdeles.

Lucas Adur mantiene en todo momento cierto tono distante en este relato, por más que no evite los asuntos que resultan más íntimos o comprometidos. Solo en algún pasaje se permite hacer valoraciones explícitas. Así, por ejemplo, cuando en un acto universitario, siendo Borges ya célebre, reacciona de mala manera ante los insultos de algunos estudiantes, Adur se detiene a tratar sobre la torpeza del escritor al abordar determinadas cuestiones. Dice: “Sus declaraciones racistas, por ejemplo, no solo eran deplorables en sí mismas, sino que además evidenciaban una incapacidad de leer el contexto. En repetidas ocasiones, Borges manifestó su escasa comprensión o su desinterés por la política e invitó a restarle valor a sus opiniones personales, pero eso no fue óbice para que las profiriera con frecuencia.”

El libro va mostrando así los cambios de opinión de Borges y sus contradicciones: comenzó siendo un difusor de las vanguardias y terminó por orientarse hacia el soneto y el clasicismo en la expresión; mostró simpatías juveniles por la revolución socialista y se volvió luego un escritor abiertamente anticomunista, a diferencia de lo que sucedía entre los autores del boom latinoamericano; se dio a conocer con textos de expresión criollista y arrabalera y se convirtió más tarde en el representante por antonomasia de la literatura cosmopolita. Pero, por volver a aquello de que algunos le acusaban de racista, basta leer un poco para descubrir en esto también contradicciones muy reveladoras. Invitado en un congreso de escritores, Borges defendió su habitual universalismo y desarrolló la idea de que las diferencias raciales no eran relevantes. Y cuenta entonces Adur: “Su intervención generó cierta polémica, en particular con los poetas africanos que –justamente– reivindicaban su identidad negra, después de siglos de sometimiento y estigmatización; uno de ellos intervino para rechazar las aseveraciones del argentino y fue aplaudido por la concurrencia. En general, el clima fue tenso por la distancia entre las posiciones de Borges y la de la mayoría de los intelectuales latinoamericanos.” Se va viendo la paradoja de que muchos de quienes le criticaban por ser antidemócrata estaban lejos de aspirar ellos mismos a la democracia, y defendían regímenes como el cubano, o lo mismo con quienes le señalaban por racista, como se acaba de ver.

El libro, tras el recorrido largo por las fases formativas de Borges, aborda en el último tramo el periodo en que por fin alcanza el reconocimiento internacional, que empieza en Francia, se traslada a Italia y al resto de Europa, y culmina en Estados Unidos, donde llega a convertirse en un personaje popular. Esto es así hasta el punto de que, tras el regreso del peronismo a Argentina, piensa en mudarse a aquel país norteamericano. El éxito mundial de Borges fue de una rotundidad poco común. Como en algún momento se dice, el escritor pasó a llevar una vida de premio nobel, sin Premio Nobel. Es invitado a dar conferencias por todo el mundo, incluidas estancias en Japón y Oriente, recibe doctorados honoris causa de las principales universidades, también de su venerada Oxford, viaja tanto que ya casi deja de residir en Buenos Aires y se convierte, literalmente, en una especie de ciudadano universal. A Adur el libro se le va entonces un poco de las manos, porque, como quiere registrar todos los viajes y homenajes que Borges recibió, en la pretensión que tiene el libro de ser minucioso, resulta que las páginas se vuelven una enumeración interminable de eventos, de estancias y de reconocimientos. Pero, después de todo, bien está así, en cuanto que ese desbordamiento refleja la realidad que vivió el propio Borges. Yo mismo, embriagado de toda esta aceleración, me he puesto a ver en internet las entrevistas que le hizo por entonces Soler Serrano en España, que, como yo, cualquier lector podrá entender más cabalmente a partir de este gran esfuerzo que ha hecho Lucas Adur. ~


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