El bienestar de la incultura

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¿Por qué el psicoanálisis sigue siendo, a un siglo de su nacimiento, objeto de controversia y debate?, ¿por qué sigue sin reconocérsele como una disciplina científica y su práctica levanta tantas ampollas?, ¿por qué su teoría ha salpicado algunos de los discursos filosóficos más radicales de nuestro tiempo? Parece lógico que las teorías políticas y económicas, como el marxismo, con el que se asoció al psicoanálisis durante un tiempo, provoquen enfrentamientos ideológicos, pero ya no es tan lógico que esto suceda con las ciencias —y el psicoanálisis lleva tiempo reclamando ese estatus; corpus doctrinal no le falta…—. La mayoría de los enfrentamientos, los debates y las trifulcas teóricas se producen sin argumentos, sin razones de peso, sin siquiera leer los textos. Parece que basta con las opiniones y algunas ideas generales y preconcebidas para sentirse autorizado a entrar en liza. Y no sólo hablamos de psicoanálisis, naturalmente. Así que lo que se debate y lo que está en juego en esos enfrentamientos es seguramente otra cosa.
     Cecilia Albarella, destacado miembro de la Sociedad Psicoanalítica Italiana, ha entrevistado a Remo Bodei, y han hablado sobre el asunto, ellos sí con argumentos, ellos sí con razones y con un profundo conocimiento de los textos. El resultado: un libro indispensable para todos aquellos, entre los que confieso me cuento, que hablamos muchas veces de psicoanálisis sin saber de lo que hablamos. Y no hace falta insistir en que la superficialidad de los debates está directamente relacionada con la superficialidad de nuestra cultura. Un círculo vicioso sin duda difícil de romper, pues aunque sepamos por dónde hay que empezar a romperlo, nos faltan paciencia, voluntad e incluso ganas de hacerlo. Claro que la superficialidad de nuestra cultura tiene un precio: la superficialidad de nuestras vidas, que a su vez se traduce en una cierta indefensión frente a la realidad: un elevado precio por tanto. Este es el contenido, más o menos, de la primera entrevista: psicoanálisis y sociedad.
     Remo Bodei, un filósofo a quien la corrección política le importa un rábano, cosa muy de agradecer, plantea en este libro algunas cuestiones esenciales sin importarle su impopularidad, como la responsabilidad de ejercer la autoridad por parte de quien la detenta, o sus dudas respecto a los supuestos beneficios de una superación de la concepción religiosa. Para Bodei, como para Freud por lo demás, el concepto de normalidad no es más que un concepto instrumental que nos sirve para pensar cómo unos individuos sortean, o resuelven si se prefiere, los conflictos mientras que otros se quedan anclados en ellos. Los datos del psicoanálisis o de la psiquiatría le sirven a la filosofía para acercarse a algunos aspectos de la experiencia humana, la racionalidad y la afectividad, dicho a la manera clásica, y alcanzar algo así como una “comprensión emotiva” de las razones por las que actúa el hombre. Una comprensión que requiere al mismo tiempo un cierto grado de sospecha o superación de las clásicas dicotomías de razón/sinrazón, principio del placer/principio de la realidad, pulsión de muerte/pulsión erótica, etcétera. Bodei lleva a cabo una especie de diagnóstico del psicoanálisis, analiza las causas de lo que él considera su estancamiento y propone algunas curas de urgencia, como por ejemplo la revitalización de su universo conceptual. Hay un pequeño pero insondable abismo, viene a decirnos, entre la práctica clínica y rutinaria del psicoanálisis y su enorme aportación antropológica todavía sin explotar.
     Si en lo que parece estar todo el mundo de acuerdo es en la emergencia de sospechosos espiritualismos, de la intolerancia, del racismo y de algunas formas de incivilidad que envenenan la convivencia, habrá que ponerse de acuerdo también en detectar el origen y las causas de todo eso si queremos de verdad combatirlo. Seguramente el psicoanálisis, como la razón, no nos va a ayudar mucho a combatirlo, pero sí, tanto uno como otra, a descubrir sus causas reales, lo que si bien no es mucho, es al menos un principio. Y es un principio porque el psicoanálisis, como la filosofía, es una teoría de valores que implica, dice Bodei, una actividad de reflexión, de interrogación, sobre nosotros mismos y el mundo que construimos y destruimos.
     Tal vez la mejor defensa que pueda hacer el psicoanálisis hoy en día sea olvidarse de su defensa y aplicarse, como en este inteligente libro se sugiere y se practica, a los problemas tanto del individuo como de la sociedad, en un mundo que ya no es ni el de Freud ni el de Marx. Y lo mismo podría decirse por cierto de la filosofía. –

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