Entrevista con Miguel Ángel Muñoz: “El sistema literario está lleno de medias verdades”

AÑADIR A FAVORITOS

Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970) es narrador y ensayista. Ha publicado libros de relatos como Entre malvados, El síndrome Chéjov y Quédate donde estás, todos ellos en Páginas de Espuma. En esta editorial publicó también un libro de referencia sobre el relato en España La familia del aire. Ha escrito las novelas La canción de Brenda Lee (Menoscuarto, 2012) y El corazón de los caballos (Alcalá Editorial, 2009). Su libro más reciente es Aposento (La navaja suiza), una reflexión sugerente y profunda sobre la escritura a partir de la trayectoria de la novelista Mercedes Soriano. La publicación de Aposento coincide con la recuperación de uno de los libros de la autora, Contra vosotros (La navaja suiza).

¿Qué te atrajo de Mercedes Soriano?

Lo que generó el proyecto, hace muchos años, fue la noticia de su muerte, en 2002. Una escritora que había publicado en Alfaguara, la editorial más potente del momento, y en El País, se había alejado de su mundo para retirarse a vivir al cabo de Gata. Allí había muerto muy joven, cuando llevaba casi una década sin publicar. Al poco había sido olvidada por completo. ¿En qué medida una escritora como ella, incómoda para su generación, había sido olvidada y hasta qué punto ella había procurado su olvido? ¿Qué fuerza siguen teniendo los libros cuando es preciso que el escritor se comprometa con ellos, trabaje por su legado, ya que un pequeño silencio conlleva un olvido casi definitivo?

Era una idea motora para la novela, que cristalizó en 2017, cuando comencé a escribirla. Quince años después de su muerte parecía que Mercedes Soriano no había pasado por el mundo ni por la literatura española. En Aposento quería establecer un diálogo literario con ella a través de sus libros, en el que la biografía no tuviera un peso destacado, sino más bien sus ideas, sus propuestas, sus enigmas, que podrían ser los de muchos otros escritores.

Un caso como el suyo desvela también el funcionamiento de la memoria cultural en España.

¿Por qué merece la pena recuperar la obra de Mercedes Soriano? ¿Qué es lo que más te interesa?

La sorpresa es que su obra, muy anclada a la España del pelotazo socialista de finales de los ochenta y la corrupción de comienzos de los noventa, es plenamente actual. Mercedes Soriano trabajó una estética literaria centroeuropea, muy influida por Bernhard, proyectando sus afilados monólogos, como en Contra vosotros, sobre sus contemporáneos. Al igual que Rafael Chirbes, de su misma generación, hizo un análisis inmisericorde sobre los vicios sociales que acompañan a la toma del poder, tanto económico como cultural. Su visión fue muy lúcida, y ya en su primera novela, Historia de no, intuye que los compañeros de viaje buscaban rápidas coartadas para su camuflajes ideológicos. En Contra vosotros eso está muy claro. No tardó en denunciar las corruptelas que en aquellos años se habían hecho sistémicas y que otros muchos escritores parecían no ver.

Esa crítica mordaz y preclara que Soriano hace de la izquierda –desde la izquierda, esto es incuestionable– la convierten hoy, como entonces, en una figura incómoda. Me parece atinado que, al tiempo que se publica mi novela, La Navaja Suiza haya reeditado Contra vosotros. Se echan en falta estos escritores que diseccionan el poder y sus vicios más allá de su ideología personal. De hecho, algo que demuestra el tipo de marcianada en el que vivimos hoy con naturalidad es que supongo que, si Mercedes Soriano aún viviera, con este tipo de novelas habría sido rápidamente catalogada como una peligrosa derechosa, una facha.

En otros aspectos, su última novela, Una prudente distancia, del 94, escrita y ambientada en el Cabo de Gata, es una avanzadilla de la literatura neorrural, tan activa estos últimos años.

El libro no es una reconstrucción de su vida. Hablas de ella, la buscas, hablas de sus libros. Pero es sobre todo una reflexión sobre la escritura, sobre la relación con la literatura. Dices: El motivo último para escribir es reconstruir de algún modo la alegría en el proceso mismo de la búsqueda.

Desde luego, siempre supe que no quería investigar en su vida ni saquear su intimidad. Esto no me interesaba, aunque sea interesante. Quería partir de mi propia relación con la literatura, con la cultura, en un momento en que su influencia se ha degradado, hasta el punto de que muchos escritores jóvenes, alentados por el sistema editorial, no consideran que sea necesario haber leído demasiado antes de escribir y publicar novelas que incluso pueden llegar a tener éxito.

Me interesaba que la novela se fuese armando ante los ojos del lector: darle la oportunidad de que viera los entresijos de su escritura, los motivos de todo tipo que pueden empantanar a un escritor mientras intenta escribir un libro, cómo la vida se filtra, influye y modifica incluso textualmente la novela, y mostrar con fidelidad, sin modificaciones autoficcionales, los azares que durante ese proceso aparecen delante de ti, que tienen relación con tu búsqueda y que, si estás atento, se incorporan al proyecto y lo enriquecen. Todo eso desde una dialéctica con el otro, para entender sus motivos. Ese otro es la escritora, en apariencia, pero en realidad es el lector. Por eso la primera parte de la novela está en segunda persona, que es la más arriesgada: desde el comienzo, quería establecer los términos de esa conversación, y que el diálogo se fuera ampliando a través de la narrativa, hasta que al final la novela queda montada y las relaciones de todas las piezas son evidentes.

En todas mis novelas me ha atraído la estructura, cómo hacer variaciones en la forma de contar las historias, porque cuando todo parece dicho, esos procesos, esas investigaciones, esos pequeños cambios en el modo de contar te hacen sentir esa plenitud, la alegría que aparece durante la búsqueda. Ahí, en ese espacio de la escritura, se sigue despertando una confianza plena en la literatura.

Escribes: El proceso de un libro es la crónica de una rectificación. ¿Puedes explicar un poco más?

Un libro nace de la idea –en mi caso, con la noticia de la muerte de la escritora, hace casi veinte años–, pero la idea sirve de poco porque en realidad la pelea es con la palabra y con la construcción de esa obra viva, modificada por mil circunstancias. Cuando pensamos en los grandes libros y en los inconvenientes en medio de los cuales nacieron, parece un milagro que se escribieran. Me apetecía que el recorrido de la novela expusiera ese proceso cambiante, sin cortapisas, intentando que el caos azaroso finalmente adquiriera un sentido en la obra completa. Que un libro acabe por ser un texto fijo, con una apariencia editorial determinada, llama al engaño, porque le da una apariencia de obra acabada que en realidad nunca tendrá. Los libros de Mercedes Soriano son hoy distintos de aquellos que ella publicó, los podemos leer de distinto modo, encontrando otras perspectivas que en su momento no eran las más destacadas. Por eso me sorprende que en su caso, por ejemplo, los comentarios sobre su obra sean fijos, limitándose a mencionar que era una novelista social, algo muy reductor. No es posible que sigamos leyendo la literatura de las últimas décadas del mismo modo, porque esas décadas nos han cambiado, no solo a nosotros, sino también a esos libros. Mi novela defiende la hibridez, el diálogo interno y la contradicción, elementos que me parecen lógicos con la forma en que los libros se idean y, tras todos los avatares, terminan por crearse.

Hay muchos libros y autores que están presentes en Aposento. Me han llamado la atención las menciones a Bernhard, Handke y lo que cuentas del Libro del desasosiego y la importancia que tuvo en tu vida. ¿Por qué tienen relevancia en Aposento?

En todos mis libros hay una fuerte presencia de los libros y de la cultura en general como elementos narrativos. Forma parte de mi concepción de la vida. Mi generación vivió su niñez en la transición y uno de los aspectos que menos se destaca de esa época, que ahora se denosta políticamente, fue que hubo un cierto proyecto nacional de acercar la cultura a clases medias y bajas. La cultura de quiosco fue algo fundamental. Comprar en colecciones baratas los grandes clásicos de la literatura, en colecciones para jóvenes, acceder con naturalidad a través de la televisión a la alta cultura cinematográfica, de un modo popular, sin alharacas, en condiciones mucho más precarias que las actuales, fue algo heroico. Gracias a ello los hijos de una generación obrera, sin estudios, llegamos a la cultura, en el marco de un proyecto claramente ilustrado que hoy se ha transformado en algo completamente distinto.

Para muchos, el quiosco fue nuestra iglesia y los ciclos de TVE nuestras misas diarias.

Así, por mi experiencia de niño de barrio en esas condiciones, los libros fueron teniendo una importancia salvífica, más allá del entretenimiento o el placer. Muchos nos creímos que adquirir cultura nos llevaba a un lugar mejor, no mediatizado por el dinero, y esa educación acaba por filtrarse en mis libros. Tengo la sensación de que en ellos intento mostrar un agradecimiento permanente por aquella posibilidad que las circunstancias me dieron.

La parte inquietante de esa experiencia es que la literatura conserva una capacidad de conmoverte seguramente excesiva. En Aposento se muestran algunas de esas conmociones, en los autores que mencionas, pero en algunos más, como Pascal Quignard o George Perec, en cuyas obras, como en las de Pessoa o Handke, hay un hilo común sobre el afán por desaparecer, por constatar que nuestra presencia en el mundo siempre es frágil. Que Perec, en La disparition, una novela escrita sin la vocal e, filtrara, más allá del juego verbal, la propia experiencia familiar de la desaparición de toda su familia, asesinada en Auschwitz, es una metáfora genial de la trascendencia traumática de la literatura, bajo su flamante apariencia de juegos verbales.

Todo eso me interesa mucho.

Otro de los temas es la transformación del ecosistema literario: la nueva narrativa española, la pérdida de relevancia de la crítica, la transformación económica del país, con sus avances y algunos espejismos…

Es un tema fundamental, que tal vez en algún momento tendremos que plantearnos en voz alta. El sistema literario está lleno de medias verdades, de cosas que no se dicen para no molestar o no ser etiquetado de mosca cojonera, aunque todo el mundo las conozca. Las grandes editoriales siguen teniendo catálogos excelentes, por supuesto, pero también hay un miedo absoluto a un tipo de literatura arriesgada, comprometida o vanguardista que en los años en que Soriano publicaba era habitual. Las editoriales menos potentes, a las que se las llama independientes pero que en realidad son absolutamente dependientes de su precariedad y limitaciones económicas, están haciendo esa labor valiente de apuesta por una literatura menos comercial, y poco a poco creo que están cambiando tendencias de lectura. Me alegra que La Navaja Suiza haya apostado por Aposento, y que haya reeditado a Mercedes Soriano, lo que ha sido una tarea ardua. Casualmente, tanto ella como otros autores de su catálogo, William Gass o Nicholson Baker, fueron parte del catálogo de la Alfaguara de los noventa.

Este año hace treinta que se publicó Contra vosotros, y hasta ahora Soriano había caído en un olvido tremendo. En estas tres décadas no se ha reevaluado y releído aquel tiempo, en el que hay otros nombres que merecen nuevas lecturas, desde nuevas perspectivas.

Otra cuestión es la posteridad de los escritores. Por supuesto, el olvido es el destino de casi todos. Pero llama la atención que una escritora reciente, en un momento de cierta reivindicación de autoras, no haya sido muy reivindicada hasta ahora. ¿A qué se debe?

Es algo muy extraño. Durante estos cuatro años, mientras escribía el libro, comprobaba periódicamente si se hablaba de ella, si había referencias sobre su obra, y eran prácticamente inexistentes, salvo de algunas personas que la habían tratado en Cabo de Gata. Era una situación algo incómoda: creía que era injusto que su obra no estuviese al alcance de nuevas generaciones, que tanto podían encontrar en sus libros, y a la vez sabía que su publicación afectaría a mi proyecto, quizás fatalmente, puesto que cuestionaba el planteamiento mismo del libro. Esa tensión ha permanecido hasta ahora. Los editores de La Navaja Suiza, una vez decidieron publicar Aposento, tuvieron la idea feliz de intentar recuperar alguno de sus libros. Me pidieron consejo y yo les propuse Contra vosotros, que con otros protagonistas podría haberse escrito hoy.

Pero para mí es sorprendente este extraño olvido. Creo que todo se debe a que, tanto entonces como ahora, Mercedes Soriano era una escritora incómoda, contaba cosas que no apetece escuchar, planteaba miserias generacionales recurrentes. Su estilo, admonitorio, nada amable, sigue picando hoy en día. Pero creo que esa es la función de la literatura. En la novela escribo que siempre habría que escribir contra nosotros. Estar atentos, alejarnos de cualquier tipo de complacencia.

Estoy seguro de que descubrir hoy su obra será una gran sorpresa para la generación que ahora está en la treintena.

Varias veces dices que quieres que el libro sea un libro sobre el paisaje. “Le extraña el acostumbramiento a aquella belleza, en la que uno puede desaparecer fácilmente.” ¿En qué medida determina tu escritura?

La investigación literaria sobre Mercedes Soriano y la significación de su retirada del mundo es solo uno de los temas del libro. La última parte de las cuatro de las que consta el libro, llamada precisamente “La novela”, es la más narrativa y busca una especie de síntesis de todos los caminos transitados durante el resto del libro, con tramos muy ensayísticos. En esa síntesis el paisaje almeriense ocupa un lugar fundamental. Almería es uno de esos lugares en que, si te dedicas a la cultura, echas muchas cosas de menos. Para mí era sorprendente que alguien como Mercedes Soriano buscara precisamente ese aposento, ese lugar de retirada. Ese camino inverso al lógico me llevaba a la importancia del paisaje, que en Almería es duro, pero dominado por una luz agresiva y esencial. Si se recorre este paisaje con interés y sin prejuicios se encuentran recovecos místicos, lugares opresivos de tan puros como son. Entender este paisaje es fundamental para vivir aquí con cierta armonía, sin angustia.

Pero, como en las páginas finales se recuerda, esta naturaleza preservada y radical ha sobrevivido gracias a la penitencia de pobreza y miseria que esta tierra vivió durante mucho tiempo, y de la que no logró salir gracias a la paralización de la naciente industrialización del sureste español, que cercenó su futuro para beneficiar a otros territorios del país.

Un elemento curioso del libro es que tiene algo de búsqueda, de rectificación y de resituación. Te atrae su historia porque tiene algoenigmático. Pero también te lleva a hablar de una relación con la literatura que tiene mucho de descubrimiento y afán, y luego también de frustración. Al final diría que una especie de visión más experimentada y en cierto modo apacible. No sé si concuerdas o no, si es algo buscado o accidental.

Estoy muy de acuerdo con esa visión. Desde su título, la novela defiende, de un modo optimista, la capacidad de la pasión por la literatura para superar todos los inconvenientes que tiene este mundo tan cicatero y frustrante. En la literatura cabe el diálogo con uno mismo, con escritoras muertas hace años, y con tus alrededores vitales. De esa reflexión surge un reacomodo personal y como escritor. El aposento no es solo la habitación propia desde la que trabajamos con libertad, sino también el paisaje en el que, al fin, como seguramente le ocurrió a Mercedes Soriano, no te sientes un extraño.